viernes, 26 de enero de 2007

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 11-12. La actitud religiosa del hombre griego I

En el diálogo platónico Eutifrón, Sócrates se encuentra en el pórtico del arconte rey con un ciudadano que lleva por nombre el del diálogo .

El arconte rey se encargaba de los asuntos religiosos y de culto, por tanto de los delitos de sangre, y Eutifrón había acudido allí a denunciar a su padre de haber causado la muerte ,aunque involuntariamente, de un jornalero, considerando que su proceder era un acto completamente pío y de acuerdo con la ley.

Sócrates, asombrado por la sabiduría respecto a lo sagrado de su amigo que actúa de tal manera, quiere hacerse discípulo suyo y le pide que le explique qué es la piedad.

Siguiendo una serie de razonamientos encadenados, mediante preguntas y respuestas, Eutifrón infiere que la piedad y lo pío es: “lo que agrada a todos los dioses”, “la parte de lo justo referente al cuidado (therapeía) de los dioses”,”una especie de servicio a los dioses”, “una ciencia de sacrificar y de orar”,”la ciencia de las peticiones y ofrendas a los dioses”, “una especie de arte comercial de los unos para con los otros”, las ofrendas serían “muestras de veneración, de homenaje, deseos de complacerles”, y otra vez “lo querido para los dioses”. Llegados a este punto Sócrates advierte a Eutifrón que su razonamiento ha dado la vuelta y están nuevamente en el principio de la conversación, y éste, a pesar de las insistencias de Sócrates para que le explique qué es la piedad, pretextando que tiene prisa se va.

Lo que la religión griega no es:

Mario Vegetti en su capítulo en El hombre griego, de Jean-Pierre Vernant y otros,Alianza Editorial, dice de la religión griega que es “un sistema de ausencias” y aclara lo que no fue:

-no se basa en ninguna revelación concedida por los dioses a los hombres, de ahí que no exista un profeta fundador, ni ningún libro sagrado que constituya el principio de un sistema teológico.

-no tiene una casta sacerdotal permanente y profesional que interprete y monopolice lo sagrado, y menos una iglesia, entendida como un cuerpo jerárquico separado dentro del estado.

-no tiene dogmas de fe cuya observancia fuera impuesta y vigilada.

-en el conjunto de creencias y relatos en torno a lo sagrado, no tienen especial protagonismo los que se refieren a la creación del mundo y de los hombres.

-no existe el concepto de pecado original, del cual los hombres tengan que ser purificados y salvados.

-no hay una preocupación por el tema de la supervivencia del alma y de su salvación ultraterrena (salvo de forma minoritaria en las sectas mistéricas).

-incluso no hay una palabra cuyo campo semántico equivalga propiamente al término religión, entendida etimológicamente como una unión con la divinidad. Lo más próximo es eusébeia y ya hemos visto cómo Eutifrón la explica como el cuidado de los dioses, entendido este cuidado como la práctica de peticiones y ofrendas a las divinidades.

-tampoco existe una palabra que se corresponda con el término fe, entendida como la aceptación de algo por la autoridad de quien emana. Lo más próximo es nomízein toús theoús, y hay que entender la expresión en la lengua común como respetar, honrar a la divinidad en las prácticas de culto, cuidar a la divinidad dedicándole las oportunas atenciones rituales, más que creer en su existencia tal y como se planteará en el lenguaje filosófico posterior.

Y dice Mario Vegetti: “El núcleo de la relación entre hombres y divinidad..…parece consistir en la observancia de los cultos y de los ritos prescritos por la tradición.” , y ello sin caer en un comportamiento obsesivo pero sintiendo “un profundo y radical temor a la divinidad y a su capacidad de castigar las culpas de los hombres golpeándoles a lo largo de su existencia e incluso de su descendencia.”