domingo, 28 de enero de 2007

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 11-12. La actitud religiosa del hombre griego III

Si el rito sacrificial garantiza la buena armonía entre el hombre y la divinidad, esta relación se rompe cuando el ser humano de alguna manera infringe las normas relativas a lo divino: se invade su espacio sagrado, se vulnera algo de aquello que le pertenece, se quebrantan los juramentos, se derrama sangre humana, o no se respetan las reglas del rito. En todos estos casos los griegos hablan de “contaminación” (míasma). La contaminación supone ineludiblemente venganza divina sobre el sacrílego, y se difunde tanto en el espacio, involucrando al grupo social que lo acoge,(la familia, la ciudad, el ejército griego en la Ilíada…) como en el tiempo, complicando la vida de los descendientes (la familia de los Labdácidas…)

La mancha del individuo contaminado requiere un acto de “purificación” (cátharsis) que consiste en una ablución efectuada con agua.

Aunque no se haya cometido ningún sacrilegio, el ritual purificador se realizará en todas las situaciones que potencialmente sean contaminantes como el nacimiento, la muerte, el sexo o la enfermedad, ; incluso antes de acercarse a un acto de culto.

Para los casos más graves de míasma ,se acudirá a los sacerdotes de Apolo en Delfos, el dios purificador por excelencia, quienes prescribirán unas pautas estrictas de actuación.

La especificidad de la religión griega.

Mario Vegetti dice que lo distintivo de la religión griega es “el producto de dos factores culturales peculiarmente griegos: la poesía épica y la figuración artística”, que constituye el suplemento iconográfico de ella.

“La épica nace del fondo de relatos míticos tradicionales sobre las divinidades y las potencias sobrenaturales que habitan el mundo y lo dominan”.

Los mitos son anónimos, difusos en el espacio y en el tiempo, y su origen se halla en el comienzo de los tiempos. Sobre ellos actúa la poesía épica (la Ilíada en primer lugar) llevando a cabo una operación de selección y ordenación, y estableciendo unas precisas relaciones funcionales y de poder en el politeísmo antropomórfico que emerge de la masa mítica primitiva.

Los dioses en la poesía épica son individualidades, son personajes que actúan, no conceptos ni abstracciones, y así los heredará Hesíodo y estructurará su Teogonía según los criterios del orden generacional y del sistema de interrelaciones.

Esta operación modeladora de la poesía épica sobre el universo divino en forma de relato antropomórfico es puesta en conexión con la sociedad aristocrática, que mediante la épica celebra sus héroes y sus divinidades. Unos y otros son representados en el límite máximo de su excelencia (areté), pero los separa la condición de inmortalidad de los segundos a modo de barrera en una relación especular entre ambos.

El umbral que los separa será franqueado por razones de parentesco, gracias a las continuas uniones entre dioses y diosas con mortales, o por vínculos de afecto reforzados en los actos rituales.

Este continuo entrelazamiento entre dioses y hombres que aparece en la Ilíada será característico de la religión griega posterior: resultan dioses próximos, familiares, con un comportamiento propio de humanos, pero sin dejar de ser temidos por la propia fuerza que representan.

El politeísmo antropomórfico de la religión griega comporta unas consecuencias importantes: no son dioses omnipotentes ni omniscientes, pero sí son poderosos y se distinguen entre ellos como individualidades por el dominio específico en el que se ejercita su poder. Son dioses plurifuncionales (de ahí la multiplicidad de apelativos que tienen) cuyos poderes y campos de actuación en ocasiones se solapan.

En el colectivo de los dioses griegos destacan en primer lugar las doce grandes divinidades del Olimpo: Zeus, Hera, Posidón, Atenea, Apolo, Dioniso, Ártemis, Afrodita, Deméter, Hermes, Hefesto y Ares.

Además, están otras divinidades también bastante antiguas: Hades, Hestia, Eros y Perséfone. En época clásica se integran dioses que proceden, a diferencia de los anteriores, de la abstracción y de la sublimación de valores : Díke, Eiréne, Týkhe. Y en época helenística se incorporan divinidades extranjeras asimiladas a algunas de las existentes: Amón se unirá a Zeus, Isis a Deméter y Osiris a Dioniso.

Sacado de Vegetti, Mario: "El hombre y los dioses". En: El Hombre Griego, Jean-Pierre Vernant y otros. Alianza Editorial