domingo, 18 de enero de 2009

El Tártaro. Traduciendo a...


Al mundo subterráneo gobernado por Hades pertenece el Tártaro.

Sobre la etimología del término Chantraine nos dice que permanece inexplicada y que podría tratarse de un préstamo oriental.
De la misma raíz son los adjetivos ταρτάριος,α,ον y ταρτάρειος, α,ον con el significado de “del Tártaro”; y los verbos ταρταρόω “precipitar en el Tártaro” y ταρταρίζω: temblar de frío.

El Tártaro es citado por primera vez en Teogonía en el verso 119, y tanto este verso como el 118 han sido objeto de no poca polémica entre los estudiosos de crítica textual.
Ya desde la Antigüedad existió divergencia en su interpretación. Fueron ignorados por Platón, Aristóteles y algunos otros autores posteriores que siguieron a éstos. Sin embargo, aparecen en todos los manuscritos, y fueron conocidos y aceptados por autores como Plutarco o Pausanias.

Si se admite su autenticidad, la siguiente cuestión es resolver si Τάρταρα τ᾿ ἠερόεντα, forma neutra plural, funciona como sujeto u objeto.
Siguiendo a West [1], pudo ser que Hesíodo presentara en el comienzo de su obra únicamente tres elementos primigenios del mundo, Caos, Gea y Eros, pero después añadió un cuarto, el Tártaro (sujeto, pues), al darse cuenta en la Titanomaquia de la omisisón de un espacio importante en la cosmogonía.

Otros autores, en cambio, interpretan Τάρταρα τ᾿ ἠερόεντα como forma en acusativo igual que κάρη (por tanto, sería un espacio más habitado por los dioses inmortales) pero, según West, no tendría mucho sentido que Gea fuera asiento seguro de algo que está en su propio fondo, debajo de ella, en su interior más profundo, su prolongación.

en otro orden de cosas, salvo en dos versos, donde aparece la forma neutra plural, Hesíodo recurre a la forma masculina Tártaros.


Antes de describir el Tártaro en el verso 721 y siguientes, Hesíodo alude a un lugar en lo más remoto de las profundidades de la Tierra, oscuro, donde han estado encadenados los Cíclopes y los Hecatonquiros por obra de Urano, su padre, padeciendo sufrimientos, hasta ser liberados y traídos nuevamente a la luz por Zeus.

Allí igualmente estuvieron los Titanes, aunque por menos tiempo, pues salieron de allí después de sublevarse contra su padre, con el consejo de Gea.

Si leemos la descripción del Tártaro que nos proporciona Hesíodo, concluímos que, desde luego, da miedo: se halla en lo más alejado del interior de la tierra; carece de luz: es oscuro, tenebroso, sombrío; es húmedo, pues de allí mismo arrancan las fuentes y términos de todo, y por doquier arrecian terribles tempestades; es profundo: parece no tener suelo. Es un gran abismo.
Está delimitado por un muro de bronce, obra de Poseidón, con puertas cubiertas por una profunda oscuridad. (No fue éste el único muro que levantó este dios).

Además, sus primeros moradores no lo han pasado nada bien, encadenados y sufriendo.


Vayamos de viaje:
Penetramos en el interior de la tierra y bajando, bajando, bajando, al cabo de nueves días bajando, en el décimo nos encontraríamos con un muro de bronce inexpugnable, pero que tiene unas puertas también de bronce por las que únicamente se puede acceder al otro lado del muro. Detrás de esas puertas se halla el Tártaro, que no tiene fondo y en el que por todos lados arrecian terribles tempestades.

Bueno, mejor lo pensamos dos veces!!

Notas:
[1] M.L.West, Hesiod. Theogony. Oxford University Press, 1966

Imagen: web