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martes, 27 de febrero de 2007

PLATÓN Y LOS SOFISTAS


La maestría de Platón para escenificar el lugar en el que se produce el encuentro entre Sócrates y sus distintos interlocutores, recreando el lugar y haciendo aparecer personajes que pertenecen no al primer plano de la escena , que sería la conversación propiamente, sino al fondo, al marco que ambienta tal encuentro, está más que demostrada por la multiplicidad de ejemplos que encontramos: la prisión en Critón y Fedón; los gimnasios en Lisis, Cármides y Laques; las casas de amigos en El Banquete, Protágoras, Gorgias, República; a la sombra de un plátano acariciado por una ligera brisa fuera de la muralla de la ciudad en Fedro.


En el diálogo Protágoras asistimos a una de estas recreaciones con extraordinaria brillantez, para darnos una idea de cómo los sofistas se relacionaban con una élite de la sociedad ateniense, y su presencia era requerida, para honra del anfitrión, en las casas de familias acomodadas.

Así , cuando entran Sócrates y su amigo Hipócrates en casa de Calias ven paseando en el vestíbulo a Protágoras, acompañado en su paseo, a su derecha, por el propio Calias, Páralo el hijo de Pericles y Cármides el de Glaucón, y a su izquierda por el otro hijo de Pericles, Jántipo, Filípides el de Filomelo y Antímero el de Mendes. Detrás de éstos les seguían atentos a lo que se hablaba extranjeros “de los que Protágoras trae de todas las ciudades” y otros de la ciudad. Y todos como si de un coro del teatro se tratara caminaban en armonía, y pendientes los de atrás de abrir paso desde el centro hacia los lados cuando los primeros mostraban intención de dar la vuelta.

En la parte opuesta del pórtico estaba sentado en un alto asiento Hipias, y en bancos a su alrededor sentados estaban “Erixímaco,el hijo de Ecúmeno, Fedro de Mirrinunte y Andrón, el hijo de Androción, y extranjeros, entre ellos algunos de sus conciudadanos , y otros”, que le hacían preguntas sobre astronomía.


Y en una habitación contigua , antes cuarto de despensa pero ahora dispuesta para la ocasión, estaba Pródico, echado en una cama cubierto de pieles y mantas, y junto a él, también echados sobre camas estaban Pausanias, Agatón , Adimanto, el hijo de Cepis y Adimanto, el de Leucolófides, y algunos más.

Y si no había poca gente en la casa, aún entraron después otros dos, Alcibíades y Critias.

Así que vemos cómo el rico Calias ofrece su casa entera para que tres maestros-conferenciantes que trabajan para beneficio propio, impartan sus clases y conversen con amigos que acuden a verlos. Sin duda Calias creería beneficiosa su amistad con ellos, y es prueba de la atracción que los sofistas ejercieron sobre las familias de buena posición.

Estos profesionales de la enseñanza itinerantes no tienen ningún reparo en hablar de su profesión , y se jactan de ello como privilegiados.

En varias ocasiones leemos que aclaran, a petición de Sócrates, qué son, y en qué consiste su arte, por lo que podemos pensar que para algunos no estaba del todo claro lo que hacían estos extranjeros que daban clases a los hijos de las familias acomodadas de la ciudad:

En Gorgias dice Sócrates: “dinos tu mismo, Gorgias, qué calificativo hay que darte y qué arte profesas”.

En Protágoras (312c) Sócrates pregunta a su amigo: “…vas a ofrecer tu alma, para que la cuide, a un hombre que es, según afirmas, un sofista. Pero qué es un sofista, me sorprendería que lo sepas…”

En el mismo diálogo el propio Protágoras del arte de la sofística dice que es antiguo , y quienes antes lo ejercitaban encubrían su actividad para evitar envidias y rencores con la práctica de otros oficios (unos con la poesía, otros con la música…) pero él , a diferencia de aquellos, reconoce abiertamente que es un sofista y que educa a los hombres.

En Protágoras ,328a, dice el sofista a Sócrates: “de estos creo ser yo uno y aventajar a los demás en ser provechoso a cualquiera en su desarrollo para ser un hombre de bien, de modo digno del salario que pretendo…”

Y leemos en Gorgias: “entonces, ¿hay que llamarte retórico?. Y buen retórico”-contesta Gorgias-“si quieres llamarme lo que me glorifico de ser…”


Por su parte, Sócrates siempre los elogia y ensalza sus cualidades, pero cuando los interroga y los hace entrar en su método inductivo para aclarar conceptos o ideas, los vemos enfrentados oralmente sin llegar a la aclaración de lo que se planteaba, de manera que el que queda peor parado es quien al comienzo se jactaba enormemente de sus excepcionales cualidades, o sea, el sofista.


Dice Sócrates al final del Hipias Menor, 376c,: “Y no es nada extraño que ande vacilante yo y cualquier otro hombre inexperto. Pero el que también vosotros , los sabios, vaciléis, esto es ya tremendo para nosotros…”


En Hipias Mayor queda en entredicho la autoridad del sofista ya que no ha sido capaz de aclarar a Sócrates qué es realmente lo bello, aún cuando defienda que lo bello es pronunciar un discurso y convencer con él a todos los que le escuchan. Algo similar le ocurre a Gorgias en el diálogo que lleva su nombre.


Y en el final del Protágoras, 361e, el sofista queda rendido ante Sócrates, pues el hilo de sus razonamientos los ha llevado a posiciones contrarias a las defendidas por ambos en el principio: “desde luego , he dicho acerca de ti, a muchos, que te admiro de manera muy extraordinaria …y digo que no me extrañaría que llegaras a ser uno de los hombres ilustres por su saber..”.

(Las citas están sacadas de la edición de Los Diálogos de Platón de la Bilioteca Cásica Gredos, salvo las de Gorgias , de Espasa-Calpe)



lunes, 26 de febrero de 2007

SOCRATES Y LOS SOFISTAS

A través de los Diálogos de Platón, vemos a Sócrates conversando en diversas ocasiones con los sofistas, con quienes coincidía en reuniones organizadas en las casas de ciudadanos ricos de Atenas, como la de Calias o Calicles, invitado también él a participar de la reunión . Y de seguro que, en los lugares públicos donde aquellos pronunciaron charlas diversas de “autopromoción”, o discursos en calidad de representantes de otras ciudades, les escuchó ,atento seguidor de los asuntos de su ciudad, por lo que conocía muy bien a estos profesionales de la enseñanza contemporáneos suyos.

De ahí que con un aire de confianza hable con ellos , les persuada para que le aclaren dudas , y les presente amigos que quieren seguirles como discípulos, si ellos aceptan , como el caso del joven Hipócrates en el diálogo Protágoras.

En este diálogo Sócrates recuerda a su amigo Hipócrates, ansioso por ser discípulo del sofista , pero de quien apenas sabe nada, que es necesario en primer lugar averiguar en qué es experto y qué va a aprender del hombre a quien quiere confiarse, pues va a exponer a un grave peligro su alma. De ahí que Sócrates, ante la ignorancia del amigo, le explique que el sofista “viene a ser un traficante o un tendero de las mercancías de que se nutre el alma”, y el alma “se alimenta de enseñanzas, de modo que, amigo, cuidemos que no nos engañe el sofista con sus elogios de lo que vende, como el traficante y el tendero con respecto al alimento del cuerpo. Pues también ellos saben, de las mercancías que traen ellos mismos , lo que es bueno o nocivo para el cuerpo, pero las alaban al venderlas…Así, también, los que introducen sus enseñanzas por las ciudades para venderlas al por mayor o al por menor a quien lo desee, elogian todo lo que venden; y seguramente algunos también desconocerán, de lo que venden, lo que es bueno o nocivo para el alma…;si tú eres conocedor de lo que es bueno o nocivo de esas mercancías, puedes comprar sin riesgo las enseñanzas de Protágoras y las de cualquier otro. Pero si no, ten cuidado…”

En fin, siendo tan importante como es para él la educación de los hombres, Sócrates pone en alerta a su amigo para que sea precavido y no entregue su alma para ser formada a cualquiera , por muy conocido que sea.

En diversos diálogos observamos un sentimiento de admiración por parte de Sócrates hacia los sofistas, por su sapiencia, su celebridad y su actividad pública, pero no sin un tono irónico, de manera que contrasta la humildad de éste con la vanidad de aquellos:

En Hipias Menor ,364a y sig., leemos: “Es natural, Sócrates, que tenga esta confianza. En efecto, desde que he empezado a concurrir a Olímpia, nunca he encontrado a nadie superior a mi en nada.” Y replica Sócrates: “ Dices bien Hipias. Tu fama es una ofrenda de sabiduría para la ciudad de los eleos y para tus padres… ¡Vaya Hipias! ¿Podrías, por favor, no reírte de mí, si comprendo con dificultad lo que dices y te pregunto repetidamente?”

En Hipias Mayor, 281c, leemos: “Esto es ser de verdad un hombres sabio y perfecto, Hipias. Lo digo porque tú eres capaz de recibir privadamente mucho dinero de los jóvenes y de hacerles un beneficio mayor del que tu recibes, y también porque eres capaz, públicamente, de prestar servicios a tu ciudad, como debe hacer un hombre que está dispuesto a no ser tenido en menos, sino a alcanzar buena opinión entre la mayoría”.

En 286d dice Sócrates: “…y me prometí que, tan pronto como encontrara a alguno de vosotros, los que sois sabios, le escucharía, aprendería y me ejercitaría, e iría de nuevo al que me había hecho la pregunta para volver a empezar la discusión”.

Y en 291a Hipias dice: “…yo no dialogaría con un hombre que hace ese tipo de preguntas”, a lo que responde Sócrates: “Haces bien, amigo. No sería adecuado para ti contaminarte con tales palabras, un hombre como tú tan bien vestido, que usa un calzado tan bello y que tiene buena reputación entre los griegos por su sabiduría. En cambio para mí no existe dificultad en mezclarme con este hombre. Así pues, instrúyeme previamente…”

En Gorgias, dice Calicles respecto del sofista que tiene hospedado en su casa: “lo mejor será interrogarle, porque este tema es uno de los que acaba de tratar con nosotros. Decía hace un momento a todos los allí presentes que le interrogaran acerca de la materia que les placiera, alardeando de poder contestar a todas….” Y dice el propio Gorgias: “…si Querefón; así lo he declarado hace un momento, y añado que desde hace muchos años nadie me ha hecho una pregunta que me fuera desconocida”.


(Las citas están sacadas de la edición de Los Diálogos de Platón de la Bilioteca Cásica Gredos, salvo la de Gorgias , de Espasa-Calpe)

domingo, 25 de febrero de 2007

LOS SOFISTAS


El diccionario refiere como definición para el término “sofista” en primer lugar toda persona que sobresale en un arte, hábil en alguna cosa (en Heródoto, Píndaro, Eurípides); seguidamente da como sinónimos filósofo, sabio (en Heródoto, Isócrates). Luego matiza: en Atenas, a partir de la mitad del siglo V se utiliza el término para señalar a un maestro de filosofía y de retórica, o sea, un sofista (Tucídides, Isócrates, Jenofonte, Platón); y de ahí, tomado en mal sentido, con connotaciones negativas, charlatán, impostor (Aristófanes, Jenofonte, Platón, Demóstenes).

Dice Wilhelm Nestle en su libro Historia del Espíritu Griego que la sofística fue un movimiento espiritual que a partir de mediados del s V se extendió por todo el mundo griego como continuación y complemento de la filosofía jónica, en la medida en que a diferencia de ésta, “la consideración de la naturaleza pasa a segundo término, y el hombre como individuo y como ser social, en todas sus formas de actuación…se coloca en el centro de la reflexión”.

Lástima que muy poco ha llegado hasta nosotros de sus representantes, quienes no sólo ejercieron gran influencia en su época mediante su actividad de ejecución oral, sino que también sabemos que difundieron sus doctrinas por escrito.

Personajes tan famosos como polémicos, se granjearon muchos admiradores y seguidores, pero también no pocos enemigos, principalmente todos los conservadores que veían en ellos una amenazadora modernidad frente a los esquemas de pensamiento , creencias religiosas, normas de comportamiento y organización social arraigados en la tradición en la que se sustentaba la ciudad.

Siguiendo algunos de los diálogos de Platón podemos sacar algunas conclusiones sobre la imagen de algunos sofistas tan famosos como Protágoras, Hipias, Pródico y Gorgias.

1-Realmente eran hombres con una amplia formación en diversos saberes , auténticos profesionales en distintas disciplinas, de entre las que destaca la oratoria, con vocación práctica: todos coinciden en que su tarea esencial es la educación y la formación de los hombres; su actividad primordial es la educación de los jóvenes:

Protágoras ,de Abdera, (apr.,485-415) dice en el diálogo homónimo de Platón ,317b: “reconozco que soy un sofista y que educo a los hombres”. Y en 319a,:“mi enseñanza es la buena administración de los bienes familiares, de modo que pueda él dirigir óptimamente su casa, y acerca de los asuntos políticos, para que pueda ser él el más capaz de la ciudad, tanto en el obrar como en el decir.

¿Entonces ,dije yo, te sigo en tu exposición? Me parece, pues, que hablas de la ciencia política y te ofreces a hacer a los hombres buenos ciudadanos?

Ese mismo es, Sócrates, el programa que yo profeso.”

En el diálogo Hipias Mayor , Sócrates hablando con Hipias de Elis nos revela algunas de las materias por las que este sofista tenía gran renombre: astronomía, geometría, cálculo, filología, poesía, música, historia, arqueología, y mitología, además del dominio de la mnemotecnia.

En el dialogo Cármides ,163d, y en el Protágoras ,341ª, hace referencia Sócrates a la sabiduría de Pródico de Ceos, en especial a su erudición en sinonimia y otros problemas del lenguaje.

En el diálogo Gorgias, a la pregunta de Sócrates sobre su especialidad el sofista Gorgias de Leontinos (apr.,483-375) le contesta que su profesión es enseñar la retórica cuyo objeto son los discursos.

2-Pero no se limitó su actividad a la educación de la juventud, sino que se dirigieron también a los adultos con charlas de temática de lo más variada, conferencias públicas exhaustivamente preparadas, o discursos improvisados a petición de cualquier oyente. Y además , su fama y su elocuencia hicieron que en muchas ocasiones fueran requeridos sus servicios por parte de los gobiernos de las ciudades a modo de embajadores para mediar en asuntos políticos:

En Hipias Mayor ,282b, y siguientes Sócrates le dice al sofista: “en realidad, vuestro arte ha progresado en lo que se refiere a ser capaces de realizar la actividad pública junto con la privada. En efecto, Gorgias, el sofista de Leontinos, llegó aquí desde su patria en misión pública, elegido embajador en la idea de que era el más idóneo de los leontinos para negociar los asuntos públicos; ante el pueblo dio la impresión de que hablaba muy bien, y en privado, en sesiones de exhibición y dando lecciones a los jóvenes, consiguió llevarse mucho dinero de esta ciudad. Y si quieres otro caso, ahí está el amigo Pródico,…”.

En Hipias Menor ,363c, se alude al hecho de que el sofista era requerido cuando se celebraban las Olimpíadas para pronunciar algún discurso en el santuario de Olimpia .

Leemos en otra parte que Pericles encomendó a Protágoras la elaboración de una constitución para la colonia de Turios en el sur de Italia.

3-Tanto pos su profesión privada de educadores, como por sus actividades de carácter público, todos los sofistas cobraban honorarios , y por los testimonios, parece que ganaron mucho dinero.

4-Su educación iba dirigida a una élite social. Sus discípulos eran siempre hijos de casas ricas, familias pudientes con destacada intervención en los asuntos públicos que querían que sus jóvenes hijos adquirieran la formación necesaria para ocupar un puesto importante en el gobierno de la ciudad.

En Protágoras ,316c, Sócrates presenta al sofista a su amigo Hipócrates que quiere recibir lecciones de aquél: “ Este Hipócrates es uno de los naturales de aquí, hijo de Apolodoro, de una casa grande y próspera …Desea, me parece, llegar a ser ilustre en la ciudad, y cree que lo lograría mejor si tratara contigo”.

Y allí , junto a Protágoras, en casa del rico Calias estaban como alumnos entre otros los hijos de Pericles, Páralo y Jantipo.

5- Su particular estilo de vida: viajando de acá para allá, pasando largas temporadas fuera de su ciudad, alojándose en casa de ricos amigos, y acompañados en muchas ocasiones por sus discípulos que viajaban junto a ellos hasta completar su formación:

En Protágoras, en la brillante puesta escena de los sofistas invitados en casa del rico Calias que nos hace Platón, los tres , Protágoras, Hipias y Pródico están rodeados de discípulos atenienses, de extranjeros y de conciudadanos suyos.

(Las citas de los diálogos están sacadas de la edición de los Diálogos de Platón de la Bilbioteca Clásica Gredos.)