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domingo, 20 de abril de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 27-28.El hogar doméstico.



"οὕτως, ὦ ἄνδρες, ἐκεῖνος τούτων ἔτυχεν ὧνπερ οἱ νόμοι κελεύουσι τοὺς τὰ τοιαῦτα πράττοντας, οὐκ εἰσαρπασθεὶς ἐκ τῆς ὁδοῦ, οὐδ᾽ ἐπὶ τὴν ἑστίαν καταφυγών, ὥσπερ οὗτοι λέγουσι"

"De este modo , señores, aquél recibió lo que las leyes ordenan que reciban los que realizan tales actos, sin ser prendido en su camino ni haberse refugiado en el hogar, como esos dicen."


Finalizada la narración de los hechos, los párrafos 27 y 28 sirven de puente entre ésta y la argumentación.
En ellos Eufileto alude a la venganza que infligió a Eratóstenes, pero sin dar detalles ni describir el asesinato, pues existiendo otras alternativas legales ante tal situación, como hemos visto aquí, en nada le hubiera favorecido, por tanto resulta más sensato simplemente mencionar las primeras actuaciones en el momento fatal del encuentro y omitir los pormenores del homicidio.


Eufileto se defiende de la acusación de haber preparado el asesinato, pues en ese caso se trataría de un homicidio con premeditación y por tanto, de ser declarado culpable, sería condenado a muerte. Para ello, en la argumentación, aportará como prueba el testimonio de los amigos que estaban junto con él en el momento del descubrimiento.

También recalca el hecho de que la víctima no se había refugiado en el hogar doméstico, lugar en el que hubiera cometido un acto sacrílego de haber usado la violencia allí mismo, y para ello da los detalles del hallazgo de la pareja adúltera en la habitación.



¿Qué representa el hogar doméstico?

Desde la sociedad homérica el fuego del hogar, y junto a él el altar doméstico, eran el centro de la vida familiar, pues en torno a ellos ocurrían algunos de los acontecimientos importantes que jalonaban la vida de los miembros de una familia en forma de ritos sagrados. Así, por ejemplo:

-los novios, el día de la boda, se colocaban delante del hogar y ofrecían un sacrificio a los dioses para pedirles prosperidad en su futura vida en común

-con la llegada del primer hijo, en el quinto día del nacimiento, tenían lugar las Anfidromías, rito que consistía en la carrera del padre con el recién nacido en brazos alrededor del hogar, en señal de reconocimiento como vástago legítimo; seguidamente lo depositaba en el suelo, junto al hogar, y con ello el hijo quedaba integrado en la familia y en el cuerpo social de la ciudad.

-también los esclavos comprados, que entraban a formar parte de una familia, eran recibidos en ésta siguiendo un rito que consistía en sentarse junto al hogar, y la dueña de la casa colocaba sobre su cabeza higos, nueces y golosinas.


El hogar estaba revestido de un carácter sagrado, en torno a él se reunían los miembros de una familia y llevaban a cabo las ceremonias rituales presentando las ofrendas a sus dioses con ocasión de diversas celebraciones: el marido dirigía el sacrifico de las víctimas y la mujer se encargaba de los gestos rituales de las libaciones y las plegarias.

Precisamente por su carácter sagrado, el hogar familiar podía ser contaminado por todo tipo de actos considerados impuros que junto a él se realizaran: las relaciones sexuales, por ejemplo, debían tener lugar lejos de su emplazamiento.

Asimismo, era lugar de refugio o de protección sagrada para quienes se acogieran a él en acción suplicante, bajo amenaza de cometer un delito de impiedad quien osara usar de la fuerza en ese espacio tenido por inviolable.

En La Odisea VII, 733 y ss, una vez entrado en el palacio de Alcínoo, Odiseo se apostó a las rodillas de la reina Arete, como suplicante, y les imploró para que le ayudaran a volver a su patria. Seguidamente, se sentó junto a la lumbre del hogar, en la ceniza, hasta que el mismo Alcínoo lo levantó y le hizo sentar en una silla para rendirle los honores de hospitalidad:

“Arete, hija de Rexenor, que parecía un dios! Después de sufrir mucho vengo a tu esposo, a tus rodillas y a tus convidados, a quines permitan los dioses vivir felizmente y entregar su herencia a los hijos que dejen en sus palacios, así como también los honores que el pueblo les haya conferido. Mas aprestadme hombres que me conduzcan, para que muy pronto vuelva a la patria; pues hace mucho tiempo que ando lejos de los amigos, padeciendo infortunios.

Dicho esto, sentóse junto a la lumbre del hogar, en la ceniza; y todos enmudecieron y quedaron silenciosos.”


En Las Tesmoforiantes de Aristófanes, Mnesíloco, haciéndose pasar por una mujer, recuerda algunos de los defectos de las mujeres, y en especial la infidelidad, y explica al resto del grupo los ardides a los que recurrió en una ocasión para engañar a su marido. A continuación, menciona que después de estar con el amante se acostó en el altar y se apoyó en el laurel sagrado.
¡Probablemente para hacer creer la decencia
y honradez que no tenía!


Fuentes:

-Homero, La Odisea. Trad. de Luís Segalá Estalella. Barcelona: Ed. Bruguera, 1967
-Aristófanes, “Las Tesmoforiantes”, en Comedias Completas II. Trad. de Juan Bautista Xuriguera. Barcelona: Iberia, 1976.

Imagen:
Afrodita desnuda sorprendida en el baño. British Museum




lunes, 14 de abril de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 26.Las leyes sobre el adulterio.

“ἐγὼ δ᾽εἶπον ὅτι “οὐκ ἐγὼ σε ἀποκτενῶ, ἀλλ᾽ ὁ τῆς πόλεως νόμος, ὅν σύ παραβαίνων περὶ ἐλάττονος τῶν ἡδονῶν ἐποιήσω…”

-Y yo le dije: “yo no voy a matarte, sino la ley de la ciudad que tu, al trasgredirla, tuviste en menos que a tus placeres…”


Las leyes de la ciudad prescribían diferentes castigos para el adúltero según las circunstancias:


1-si el marido sorprendía al adúltero en flagrante, podía matarlo amparado por la ley en el mismo momento, sin ser inculpado de asesinato; podía también infligirle varias humillaciones corporales o aceptar una compensación económica ofrecida por el adúltero, quien permanecía arrestado en la cárcel hasta que presentara el dinero acordado o algún tipo de garantía o fianza.

El adúltero, de no morir en el acto, tenía derecho a rebatir la acusación de adulterio, y podía presentar una denuncia ante el tribunal de los Θεσμοθεται contra el marido, alegando ser encarcelado injustamente bajo la acusación de adúltero; si ganaba el juicio, la fianza que había depositado le era restituida, y no hay testimonios que expliciten si el marido debía pagar algún tipo de recargo o multa; pero si perdía, el marido podía infligirle cualquier daño en presencia del tribunal que no supusiera derramamiento de sangre.


2- si el marido no actuaba en el mismo momento o no había sorprendido al adúltero en flagrante, tenía tres posibilidades legales:


1-presentar una
γραφή[1] μοιχείας(denuncia por adulterio) : en la que debía demostrar que el adúltero había actuado mediante la seducción, y si ganaba el pleito, el adúltero era condenado a muerte.

2-presentar una γραφή ὕβρεως (denuncia por ultraje) o una δίκη[2] βιαίων (denuncia por acto de violencia): acciones en las que debía probar que se había producido una violación, y para tal caso la pena establecida era una suma de dinero estipulada por la ley o determinada en función de la tasación de la fortuna del encausado; en todo caso una pena inferior a la muerte.

3-en último término, podía también el marido agraviado simplemente llegar a un acuerdo privado con el adúltero.


De lo anterior se deduce que la ley amparaba al marido que sorprendía en flagrante a su esposa con otro hombre, en el sentido que si mataba al amante en el mismo momento, no era requerido por la justicia, pero en ningún caso la ley conminaba a cometer tal venganza.

Por otra parte, a nuestros ojos sorprende que se estableciera una pena mayor por seducción que por violación, y ya se encarga Eufileto en su discurso de defensa de explicar los motivos de ello.

La ley prohibía al marido que había sorprendido a su mujer cometiendo adulterio seguir viviendo con ella bajo pena de ἀτιμία (pérdida del derecho de ciudadanía).

El marido, por tanto, se divorciaba de su mujer; simplemente la echaba de su casa, la repudiaba, ἀποπέμπειν, ἐκπέμπειν, ἐκβάλειν, y ella volvía a la casa de su tutor legal, padre o pariente próximo.

En cualquier circunstancia el marido podía repudiar a su mujer siempre que quisiera, sin ninguna necesidad de justificar la razón, o dicho de otra manera, bajo cualquier pretexto. La única condición existente era que tenía que restituir al padre de su mujer o tutor legal la dote. Pero en caso de infidelidad manifiesta de la mujer, no se trataba de que el marido tuviera derecho a repudiar a su mujer, sino que la ley le obligaba a hacerlo.

A la mujer se le prohibía participar en cualquier ceremonia religiosa pública, y si lo hacía podía ser castigada a pena capital.

Es significativo que, al menos por los testimonios conocidos, la ley no proveía ninguna acción legal contra una mujer que supuestamente cometiera adulterio, sólo actuaba contra el varón.

Si una mujer era ultrajada por ser llamada adúltera podía probar su inocencia ante un tribunal a través de su tutor legal, presentando éste unaγραφή ὕβρεως.

Además, parece ser que una mujer víctima de una violación recibía el mismo trato que otra que hubiera participado activamente en el adulterio.


Bibliografía:
-A.R.W.Harrison, The Law of
Athens. Oxford: Clarendon Press, 1968

Imagen:
Instrumentos de escritura de época romana. Museu d'Hostòria de la Ciutat. Barcelona.


[1] El término γραφή alude a demandas relacionadas con delitos que afectaban a la ciudad en su conjunto, y cualquier ciudadano (ὁ βουλόμενος ) podía incoarlas.

[2] El término δίκη se aplicaba a los casos que afectaban únicamente a un individuo en particular, y sólo la persona afectada, o tutor legal podía iniciar el proceso.

viernes, 11 de abril de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 24. La sexualidad femenina II.


Sin embargo, aunque las mujeres atenienses asumieran y aceptaran esta situación como un estilo de vida impuesto, seguro que hubo oportunidades para quebrantar las normas y encontrar espacios y momentos de libertad lejos de la mirada de sus maridos o tutores.
Entre las mujeres atenienses también las hubo de infieles a sus maridos, y prueba de ello es que existieron leyes que dictaminaron castigos duros no sólo para los varones sino también para ellas.


La Comedia ática nos ofrece valiosísimos testimonios de muchos aspectos relacionados con la vida diaria de la Atenas del siglo V, y aunque haya que cogerlos con pinzas, pues no pretenden ser un fiel reflejo de la realidad, sino mostrarla a un nivel extremo de exageración y caricaturización para provocar la risa desatada, sirven para permitirnos imaginar que algunos detalles sí que serían reales.


Con relación a la infidelidad de las mujeres, nos sirve un pasaje de Las Tesmoforiantes de Aristófanes, cuando las mujeres celebran una reunión en el templo de Deméter y Perséfone para juzgar a Eurípides, a quien acusan de haberlas infamado y calumniado continuamente en sus tragedias.


Si no tiene sentido aceptar que las mujeres atenienses pudieran realizar tal asamblea y juicio en uno de los días de la fiesta dedicada a las diosas Tesmóforas, y por tanto, de entrada resultaría original como tema, e hilarante para la audiencia, no hay por qué descartar que la intervención de Mnesíloco, suegro de Eurípides, que se ha disfrazado haciéndose pasar por una mujer para defender a su yerno, tenga ciertos
visos de verdad:


“Por qué le acusamos de este modo, calentándonos la bilis, por haber divulgado dos o tres de nuestros defectos, cuando los tenemos por millares? Yo misma,…los tengo en gran número…Os voy a decir el mayor de todos: Llevaba tres días de casada y mi marido dormía a mi lado, pero yo tenía un amante, el cual había robado mi flor a la edad de siete años. Seguía enamorado de mí, y vino a arañar a mi puerta. Le oí en seguida, y sabiendo que era él, salté fuera de la cama. Mi marido me preguntaba “¿a dónde vas?” “¿yo? Tengo un fuerte dolor de vientre, un terrible cólico. Ya vuelvo”. “Ve pues.” Mientras él quedábase majando semillas de cedro, hinojo y salvia, yo eché agua a los goznes y corrí al encuentro de mi amante….”

“Eurípides nunca dijo esto, ni ha dicho que, a falta de algo mejor, nos entregamos a los esclavos o a los muleteros; ni tampoco que, después de pasar una noche libertina, mascamos ajo por la mañana para que el marido, a su regreso del puesto de vigilancia en las murallas, no sospeche de nosotras…”

“Cuántas cosas hay de las que nunca habló. Como por ejemplo esa mujer, que despliega su largo manto para que el marido lo admire a la luz, y durante ese tiempo el amante escondido puede escurrirse y escapar. ¿Ha dicho algo sobre eso? Conozco otra que durante diez días pretendió sentir los dolores del parto, hasta que alguien pudo comprarle un niño…”

En esta línea de comportamiento estaría la mujer de Eufileto, quien no parece precisamente una víctima de Eratóstenes, sino que más bien parece que ha participado activamente en la infidelidad, al menos según la declaración del propio Eufileto, aprovechando sus ausencias , e incluso atreviéndose también a estar con el amante el día en que Eufileto regresó de improviso del campo, dejándolo encerrado en la habitación. ¡Pobrecito!


Fuentes:
-Aristófanes, “Las Tesmoforiantes”, en Comedias Completas II. Trad. de Juan Bautista Xuriguera. Barcelona: Iberia, 1976.

Bibliografía:
-Sara B. Pomeroy; Diosas, Rameras, Esposas y Esclavas. Mujeres en la Antigüedad Clásica. Trad. Ricardo Lezcano.Madrid: AKAL Universitaria,1980
-Eva Cantarella, La calamidad ambigua. Trad. Andrés Pociña. Madrid: Ediciones Clásicas, 1996.
-
Mercedes Madrid, La Misoginia en Grecia. Madrid: Ediciones Cátedra, 1999.

Imagen:
*Venus púdica. British Museum


lunes, 7 de abril de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 24. La sexualidad femenina. I



“ὤσαντες δὲ τὴν θύραν τοῦ δωματίου οἱ μὲν πρῶτοι εἰσιόντες ἔτι εἴδομεναὐτόν κατακείμενον παρὰ τῇ γυναικί, οἱ δ᾽ ὕστερον ἐν τῇ κλίνῃ γυνμὸν ἑστηκότα.”

“Tras empujar la puerta de la habitación, los que entramos primero todavía pudimos ver a aquél acostado junto a mi mujer, y los que entraron detrás, sobre la cama, desnudo, de pie”.


A partir de la aparición de la polis, y para su estabilidad económica, social y política, la vida sexual de las mujeres de los ciudadanos atenienses estuvo regulada y controlada por leyes que aseguraran la legitimidad de los recién nacidos, futuros miembros de los grupos familiares y de las instituciones de la ciudad.

La única función de la mujer ateniense con respecto a la ciudad era la de la reproducción, la conservación y perpetuación de las familias, y, por ello, los primeros legisladores ya se ocuparon de la vida íntima de sus mujeres como una cuestión de estado.


Primero Dracón, y después Solón, promulgaron leyes relativas al matrimonio, algunas de las cuales atañían directamente a aspectos íntimos de la vida sexual de los ciudadanos, y en especial de las mujeres.

En la biografía de Solón que nos ofrece Plutarco en su obra Vidas Paralelas, nos percatamos de la extrañeza que causó ya en el historiador de Queronea del siglo I, las leyes relativas al matrimonio:

-se interfería en relaciones que suponían un “desorden natural”, como el caso de viejos que quisieran casarse con muchachas, o viejas ricas con jóvenes, pues no se veía en estas relaciones el fin de la procreación.

Sólon, 20, 7-8:

“Y en las ciudades no se debe permitir tamaño desorden ni mostrar indiferencia ante relaciones a destiempo y desgraciadas, que no comportan ningún acto ni fin conyugal. Por el contrario, a un viejo que quisiera casarse con una joven, cualquier magistrado atento o legislador podría decirle lo que a Filoctetes:

¡anda que estás en condiciones de casarte, desgraciado! Y si descubre a un joven en la alcoba de una vieja rica engordando como las perdices a su lado, debería cambiarlo a casa de una novia virgen que necesite marido”.

-para los casos de adulterio o relaciones extramatrimoniales existieron castigos severos para ambas partes, pues con ellos se veía amenazado el cuerpo de auténticos ciudadanos legítimos.

Solón, 23,1-2:

“En general parecen de lo más extraño las leyes de Solón sobre las mujeres. Pues al que sorprenda a un adúltero le autoriza a matarlo. Pero por raptar a una mujer libre y forzarla, impuso una multa de cien dracmas y, por prostituirla, de veinte dracmas, con excepción de las que se pasean exhibiéndose, o sea, las heteras; pues éstas frecuentan sin recato alguno a los que les pagan. Prohíbe además vender a las hijas y hermanas, salvo si advierte que, acostada con un hombre, no es virgen”

-para todos los casos de parejas estériles y especialmente para herederas casadas en cuyo matrimonio no nacían hijos, la ley estipulaba para la mujer la obligación de tener relaciones sexuales con un pariente próximo del marido, para que la descendencia fuera de la misma estirpe; pero, además, la ley establecía la obligación para el marido de mantener relaciones sexuales con la mujer, como mínimo tres veces al mes, como medida para mantener cierta unión y muestra de cariño entre ambos.

Solón, 20, 2-5:

“Extraña y ridícula parece la que otorga a la heredera, si el que tiene potestad y autoridad legal sobre ella es impotente, el derecho a entregarse a los parientes más próximos del marido…para que los hijos sean de la misma casa y participen de su estirpe…y que el marido mantenga relaciones con la heredera como mínimo tres veces al mes. Pues aunque no nazcan hijos, al menos es ésta una señal de respeto del marido hacia su prudente esposa…”


Si pensamos en los siguientes aspectos que acompañaban una relación matrimonial típica en la sociedad ateniense del siglo V, podemos hacernos una idea de la insatisfacción afectiva y sexual dentro de la relación matrimonial en que vivirían muchas mujeres de aquella sociedad:

-la concertación del matrimonio por parte del padre o tutor con el futuro marido, según intereses patrimoniales, más que atendiendo a cuestiones sentimentales: (ἡ ἐγγύη, ης ).

-la diferencia de edad entre los esposos: el marido podía casi doblar la edad de la mujer

-la inexistencia de un período de noviazgo en el que la pareja se conociera e hiciera converger sus respectivas ilusiones con relación a un futuro común

-la disposición arquitectónica de las casas, con habitaciones separadas para los hombres y las mujeres

-la reclusión de las mujeres en sus hogares, ocupadas exclusivamente de las tareas domésticas y excluidas de los espacios públicos, frente a los trabajos y obligaciones políticas de los maridos, que los retenían fuera de casa durante gran parte del día

-los períodos de ausencia de los maridos en campañas militares

-el tiempo de ocio de los maridos que ocupaban en compañía de sus amigos: incluso si una fiesta o banquete tenía lugar en la casa, la mujer no participaba, sino que permanecía aparte, en el gineceo, junto con el resto de mujeres de la familia

-la aceptación social de las concubinas, (ἡ παλλακή, ης): mujer introducida temporalmente en una casa mediante un acuerdo entre dos familias que no suponía ninguna obligación jurídica; pasaba a ser un miembro más de la familia que ayudaba en las tareas, y con ella el esposo podía mantener relaciones sexuales sin ningún reconocimiento jurídico en caso de nacer algún hijo)

-la visita de los maridos a las cortesanas y burdeles de prostitutas, que abundaban en la ciudad

-las relaciones sexuales de los maridos con las esclavas, siempre a disposición de sus amos o de los amigos de sus amos

-a todo ello hay que añadir el hecho de que, una vez la pareja había tenido un número moderado de hijos, o al menos un hijo heredero, que asumiría el cuidado de los padres ancianos y velaría por el patrimonio familiar, el sentido de las relaciones sexuales de la pareja casada parece que se desvanecía, y todos los factores anteriores contribuían a distanciar las ocasiones de las relaciones íntimas.


Fuentes:

-Plutarco, “Solón”, en Vidas Paralelas II. Trad. de Aurelio Pérez Jiménez. Madrid : Gredos, 1996

Bibliografía:

-Sara B. Pomeroy; Diosas, Rameras, Esposas y Esclavas. Mujeres en la Antigüedad Clásica. Trad. Ricardo Lezcano.Madrid: AKAL Universitaria,1980
-Eva Cantarella, La calamidad ambigua. Trad. Andrés Pociña. Madrid: Ediciones Clásicas, 1996.
-Mercedes
Madrid, La Misoginia en Grecia. Madrid: Ediciones Cátedra, 1999.

Imágenes:

*El beso, Rodin. Museo de Rodin, Paris.
**Eros y Psique, Canova. Museo del Louvre. Paris.


domingo, 2 de diciembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes.9 bis (El nacimiento)


“ἐπειδὴ δὲ τὸ παιδίον ἐγένετο ἡμῖν,…”
“Pero cuando nos nació el niño…”

Eran varias las divinidades relacionadas con el nacimiento: Ilítia, diosa de los alumbramientos, cuya sombra protectora ayudaba a la madre en su dolor; Hera, diosa del matrimonio legítimo y , por tanto, aliada de las mujeres casadas, cuya misión es tener hijos; Ártemis, que por haber ayudado a su madre a traer al mundo a su hermano gemelo Apolo, fue la protectora de los recién nacidos; e Ifigenia, a quien en un templo en Braurón (cerca de Atenas), como sacerdotisa de Ártemis, se le consagraban los ropajes de las mujeres muertas en los alumbramientos.

El nacimiento de un hijo tenía lugar en la propia casa, y la parturienta, acompañada por las otras mujeres de la familia, era atendida por una comadrona, no por un médico.

Ésta, era una mujer entrada en edad y, por tanto, ya no apta para concebir, pero que lo hizo tiempo atrás, de manera que, tanto su propia experiencia como el saber adquirido con la práctica de los años, le proporcionaban una autoridad respetada en cuestiones femeninas.
Se pensaba que, a diferencia de la diosa Ártemis, una mujer no era capaz de ser experta en algo que no había vivido personalmente, por tanto no podía ejercer de comadrona una mujer estéril; pero por otra parte, por el hecho de ser aqu
ella una diosa sin hijos, en su honor, las comadronas no podían ser mujeres en edad de concebir.

Su saber les permitía averiguar con prontitud si una mujer estaba embarazada o no, y por medio de drogas podían provocar las contracciones o mitigarlas; también practicaban abortos, si era conveniente.
Su habilidad se ponía a prueba en el momento del corte
del cordón umbilical y al atar el cordón al niño, evitando que muriera por hemorragia.
Además, eran unas habilidosas casamenteras, pues hacían gala de tener “ojo clínico” para recomendar las parejas que tendrían los mejores hijos.

A ellas acud
ían también las mujeres cuando tenían algún problema o enfermedad de carácter “íntimo”.


Pasado todo el peligro, y con una criatura más en el mundo, la mujer era evitada por el marido, pues se pensaba que, por el contacto con la sangre, permanecía en estado impuro, y por ello se sometía a un ritual de purificación, acompañado de un sacrificio y ofrendas textiles dedicadas a Ártemis, probablemente el mismo día en que el padre reconocía y aceptaba a la criatura como hijo legítimo (al quinto o séptimo día, pues a partir de ese día aumentaban las posibilidades de que el recién nac
ido sobreviviera).

El ritual del reconocimiento por parte del padre recibe el nombre de fiesta de las Anfidromías, y consistía en una carrera del padre alrededor del hogar con el bebé en brazos; luego lo depositaba en el suelo, todo ello en presencia de los miembros de la familia.
Con este ritual, el niño era incorporado al hogar familiar y al grupo social de la polis.

De decidir el padre abandonar a la criatura, exposición, por el motivo que fuera (por ser ilegítimo, por exceso de hijos, por falta de recursos para criarlo, por ser hembra…) lo debía hacer en los días anteriores a las Anfidromías, cuando el niño, a ojos de todo el mundo, todavía no tenía existencia real.

Igualmente legítima era la práctica del aborto, que se producía en la mayor parte de los casos entre el séptimo y los cuarenta primeros días, siempre con el consentimiento del marido.

Para evitar el embarazo se utilizaban métodos anticonceptivos como los que cita Aristóteles en el libro VII,20 de su Historia de los animales: “Esta es la razón por la cual, en ciertos casos , se practica, en la parte de la matriz en donde cae el esperma, una unción con aceite de cedro o con albayalde o con incienso diluido antes en aceite”.

Fuentes:
-Platón, Teeteto, 149ª. The Perseus Digital Library.
-Aristóteles, Investigación sobre los Animales. Libro VII. Trad. de Julio Pallí Bonet. Madrid: Gredos, 1992

Bibliografía:
-
Louise Bruit Zaidman, “Las hijas de Pandora”, en Historia de las mujeres. I- La Antigüedad. Trad. de Marco Aurelio Galmarini. Madrid: Taurus, 1993

Imágenes:
*Fuente de Diana, en Ortigia. Sicilia
**Detalle Mosaico de la Villa del Casale , en Piazza Armerina. Sicilia

lunes, 26 de noviembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes.9(Arquitectura de la casa griega)


“…οἰκίδιον ἔστι μοι διπλοῦν, ἴσα ἔχον τὰ ἄνω τοῖς κάτω κατὰ τὴν γυναικωνῖτιν καὶ κατὰ τὴν ἀνδρωνῖτιν.”

“…tengo una casa pequeña de dos plantas, que tiene la parte de arriba igual a la de abajo en cuanto al gineceo y la sala para los hombres”.

La casa fue el espacio de la ciudad reservado para la vida de las mujeres, por naturaleza y por ley, y fueron ellas las que la habitaban constantemente, ocupadas en sus múltiples tareas domésticas, a diferencia de los hombres, que pasaban la mayor parte de su tiempo fuera de ella.

Las casas eran modestas, de planta irregular y, desde luego, variaban en tamaño y decoración según las posibilidades económicas de cada familia.

Las más completas constaban normalmente de dos pisos con diversos cuartos distribuidos en torno a un patio abierto, central, αὐλή, de donde recibían luz y aire.

De haber ventanas al exterior, eran pequeñas y estaban en el segundo piso, con lo que el aspecto externo de la casa resultaba desnudo y poco atractivo.

La puerta de entrada, que tenía un llamador o ῥόπτρον, ocupaba un espacio lateral de la fachada, y de allí arrancaba un estrecho corredor que conducía, no siempre de forma directa, al patio central.

Más adentro, se hallaban la sala reservada para los hombres, ἀνδρών , o sala espaciosa que servía para que el marido recibiera las visitas, donde se colocaban en círculo bien asientos o camas para reclinarse, el dormitorio, alguna alcoba para los esclavos varones y alguna sala destinada a despensa .

Las mujeres (esposa, hijas, esclavas) podían estar en el patio interior, en el que podían tomar el aire protegidas de miradas indiscretas, pero pasaban gran parte del tiempo en el gineceo, γυναικών, recinto separado del resto de dependencias y lo más alejado posible de la entrada o, en las casas de doble piso, ubicado en la planta superior. Allí trabajaban en el hilado y tejido, y se ocupaban de los niños pequeños.

Los muros eran de adobe, y por dentro solían estar cubiertos con estuco y pintados.

Los techos eran horizontales, ya de barro apretado y endurecido, o ya de tejas.

En época helenística, se percibe una mejora en los materiales de construcción y en la confortabilidad interior: plantas más regulares, patio interior agrandado y adornado con peristilo, paredes decoradas simulando incrustaciones de mármol y suelos con bellos mosaicos.

Los muebles eran sencillos y modestos: camas, divanes, sillas, sillones, arcones, escabeles y mesas no muy grandes de tres pies.

De gran variedad y belleza eran los diferentes vasos de cerámica que utilizaban para las libaciones, el aseo personal, el almacenaje de sólidos y líquidos, para beber y para la comida.

En el Económico de Jenofonte, Iscómaco es el propietario de una casa a la que acaba de introducir la mujer con quien se ha casado. Para él, no hay nada más útil y hermoso que el orden en una casa, y explica a Sócrates de qué modo enseñó a su mujer a ordenar y distribuir los enseres domésticos:
IX, 2-5:

“Lo primero que decidí fue enseñarle las posibilidades de la casa. Porque, desde luego, tiene pocos elementos decorativos, Sócrates, pero las habitaciones están construidas con el objeto de ser los receptáculos lo más adecuados posible para lo que van a contener, hasta el punto que ellos mismos invitan a poner lo que conviene en cada uno. En efecto, el dormitorio, por lo seguro de su situación acoge las colchas y enseres de más valor; los cuartos secos de la casa, el trigo; los frescos, el vino; los luminosos, los trabajos y vajillas que necesitan luz. A continuación, le fui enseñando los cuartos de estar para la familia, muy decorados, que son frescos en verano y cálidos en invierno…Le mostré también el alojamiento de las mujeres, separado con una puerta con cerrojo del de los hombres, para evitar que se saque algo de dentro que no convenga ni puedan procrear hijos los esclavos sin nuestro consentimiento”.

Luego, tras separar todos los enseres por grupos, llevaron cada uno al lugar conveniente, donde eran almacenados en grandes arcones.

Y este es el inventario de lo que tenían:
IX, 6-7:

Para los rituales

“Empezamos reuniendo lo que necesitábamos en los sacrificios”

Vestuario y ropa del hogar

“las galas festivas de las mujeres”

“las ropas de los hombres para las fiestas y la guerra”

“las colchas del aposento femenino, las del masculino”

“los calzados femeninos y los calzados masculinos”

Para la guerra

“un grupo con las armas”

Para el telar

“otro con los útiles de tejer”

Para la cocina

“otro con los de hacer el pan”

“otro con los de cocinar”

“otro con los de amasar”

“otro con los utensilios para la mesa”

“y también pusimos por separado lo que se usa a diario y lo que se reserva para las galas”

Para la higiene

“otro con los de aseo”

En El Vellocino de Oro tenéis tres posts estupendísimos sobre la recreación de una casa griega de la isla de Delos del s II aC.

Fuentes:
Jenofonte, Económico. Trad. de Juan Zaragoza. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1993

Bibliografía:
-Susan Woodford, “La arquitectura y el urbanismo”, en Introducción a la historia del Arte. Trad. de Luís Urpinell. Barcelona: GG, 1990
-A. Petrie, “La vida privada en Grecia”, en Introducción al estudio de Grecia. Trad. de Alfonso Reyes. Méjico: Fondo de Cultura Económica, 1978

Imágenes:
*Yacimiento arqueológico de la ciudad de la antigua Tera (Santorini)
**Planta de dos casas griegas de Atenas del s.V (sacado del libro de S. Woodford)
***Planta de una casa griega de Priene del s IV (sacado del libro de S. Woodford)


jueves, 15 de noviembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes, 1-3(bis)

¿Por qué en Atenas el adulterio era considerado un delito tan grave, hasta el punto de que quien lo cometiera no quedaba sometido al castigo decidido por un jurado de la ciudad, como en todos los otros casos de actuación ilícita, sino que podía actuar sobre él la justicia particular del ciudadano ofendido, causándole incluso la muerte al amparo de las leyes?

La explicación se halla en la importancia del núcleo familiar que, desde la aparición de la polis, va a ser determinante para la organización y consolidación de ésta.

En el contexto de la polis griega, la finalidad de la familia es transmitir la propiedad y los roles sociales de sus miembros, de manera que el orden político y social perviva cuando mueran los ciudadanos.

La mujer, dentro de la familia, tiene asignado exclusivamente el rol de la reproducción: su tarea es producir hijos varones que heredarán y conservarán la propiedad familiar, ciudadanos para la polis que ocuparán cargos en las instituciones que la rigen.

De ahí la preocupación de los hombres, y de la ciudad, por la actividad sexual de sus mujeres: está en juego la legitimidad de quien hereda un patrimonio familiar, el οἶκος , y de quien forma parte de los organismos institucionales que deciden sobre todas las cuestiones de la ciudad, y por tanto, sobre su futuro.

Consecuentemente, el delito de adulterio no era una cuestión de carácter privado que debiera resolverse de puertas adentro en el entorno familiar; todo lo contrario, afectaba a los mismos pilares sobre los que se asentaba la propia democracia. De ahí que un μοίχος , de no ser sorprendido en flagrante, se exponía a una acción pública, una γραφή μοιχεία, que podía ser incoada contra él no sólo por el tutor de la mujer implicada (el marido, padre o varón representante legal bajo cuya protección vive), sino por cualquier otro ciudadano que , como miembro de la comunidad, tenía derecho a denunciar cualquier acto que, más allá de las leyes, repercutiera negativamente en la ciudad.

Por otra parte, si las leyes consentían matar a un hombre sorprendido en flagrante delito, con respecto a la mujer no se pronunciaban de igual modo: era castigada con sanciones como el repudio (de estar casada), y la prohibición de participar en las ceremonias religiosas.

¿Por qué esta diferencia en la sanción?
En términos políticos, a la ciudad sólo le interesa la actuación del varón, de ahí que se regule el delito de adulterio cometido por hombres; en cambio, las cuestiones de las mujeres quedan relegadas al espacio familiar, y el castigo por adulterio que debe afrontar una mujer se circunscribe al ámbito privado.

Además, a todos los efectos, la mujer en la sociedad griega es siempre tratada como una menor, por lo que incluso en una circunstancia como ésta, aunque haya consentido y participado activamente en la infidelidad, es vista como la parte pasiva, la seducida, la corrompida.

Ello lo corroboran los verbos μοιχάω y μοιχεύω , que se usan en voz activa y media para referirse al acto en que un hombre seduce , corrompe y obtiene los favores de una mujer casada, ( complemento de persona que aparece en acusativo); en cambio, se usan en voz pasiva cuando se refieren a una mujer que se ha dejado seducir por un hombre.

Bibliografia:
Eva Cantarella, La calamidad ambigua,Ediciones Clásicas, Madrid

Imagen:
Lecito de mármol, 350 aC. British Museum

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes, 1-3


Aristóteles dice en el capítulo 14 del libro III de la Retórica que “el preámbulo es una muestra del discurso, para que se sepa de antemano de qué trata ..., pues lo indefinido provoca desconcierto”."Su función es “indicar cuál es el fin al que se encamina el discurso”.

En el presente discurso, a nuestro amigo Eufileto, que se va a defender de una acusación de asesinato, le interesa desde el principio disipar la inculpación: utilizará el preámbulo para poner en alerta a los miembros del jurado en el sentido de hacerles oír que la inculpación no procede.

1-Comienza el discurso con una frase altamente efectiva para romper el hielo, en cuanto que insta “Περὶ πολλοῦ ἂν ποιησαίμην, ὦ ἂνδρες…” a los miembros del tribunal que juzguen pensando en ellos mismos, como si ellos estuvieran en el lugar del acusado, con lo cual consigue implicar emocionalmente más a los jueces, atraer su atención y ganarse su benevolencia.

Tiene ante sí cincuenta y un efetas, que constituyen uno de los tribunales de sangre, el Delfinion. Este tribunal intervenía en las causas de homicidio en las que el arconte rey consideraba que había atenuantes o que el homicidio era legítimo.

Eufileto sabe que los oyentes le prestarán más atención si presenta su caso como un asunto de máxima importancia y que les concierne a todos.
Para ello habla con rotundidad y se muestra seguro de que si hacen el esfuerzo de ponerse en su lugar, todos sin excepción llegarán a la conclusión de que habrían actuado igual:

“εὖ γὰρ οἶδ᾽ὅτι …”
“οὐκ ἂν εἴη ὅστις…”
“ἀλλὰ πάντες…”

2- “Estos hechos no solo se resolverían así entre vosotros, sino en toda la Hélade…”. Más categórico no se puede ser: Eufileto generaliza y exagera afirmando que en todas las ciudades de la Hélade, sea cual sea su régimen político, democrático u oligárquico, se actúa de igual modo con relación al caso que les ocupa. El asesinato de un μοίχος.

Parece que no fue así.

En Atenas estaba vigente una ley, que se remontaba al código de Dracón , del s VII, según la cual cualquier individuo que hubiera matado a un hombre sería castigado severamente por un tribunal de la ciudad, a excepción de quien hubiera matado al μοίχος, pues se trataría de un homicidio legítimo .

¿Pero qué es un μοίχος ? Para la sociedad ateniense es un hombre que ha sido sorprendido manteniendo relaciones sexuales ilícitas.

¿Cuáles son estas relaciones ilícitas? Las que se practican con la esposa, madre, hija, hermana e incluso concubina de otro ciudadano, y encima en la casa de éste.

Por tanto, es un término con una significación más amplia que la palabra adúltero, aunque ésta se usa habitualmente en las traducciones. La misma relación existe entre μοιχεία y adulterio.

Según el derecho ático, un ciudadano que sorprendiera en su casa a un μοίχος manteniendo relaciones sexuales con su esposa, por ejemplo, pues es el caso de Eufileto, podía en ese momento tomarse la justicia por su mano y ,en un arrebato de cólera, matarlo quedando impune, pues la ley lo consideraría un acto legítimo.

En el momento del descubrimiento, el adúltero podía, para salvar el pellejo, ofrecer un dinero, ποινή, al marido agraviado, y éste podía aceptarlo y no pasar a más o ,por el contrario, desecharlo y hacer uso de la violencia allí mismo.

En cambio, si este mismo adúltero fuera descubierto, pero no en flagrante, el marido ofendido tendría derecho a denunciarlo, pero ya no podría matarlo impunemente; la pena sería sancionada por un tribunal y quedaría reducida a una sanción económica o de tipo infamante.
La diferencia está, pues, en el hecho de sorprender al μοίχος en flagrante, con lo cual se deduce que no ha habido premeditación por parte del marido, y en ese caso queda eximido de toda culpa.


No en todas las ciudades de Grecia regían los mismos códigos legales, y para el delito de adulterio tampoco hubo normas comunes, pero sí coinciden todas en ser muy severas por considerar el delito gravísimo: en Locros, en la Magna Grecia, se disponía que el adúltero fuera cegado; en Lépreo, al sur de Élide, era expuesto al escarnio público durante tres días y perdía el derecho de ciudadanía.
En Gortina, ciudad de Creta, en cambio, parece que las leyes relativas a este delito fueron más leves y se limitaban a imponer una pena pecuniaria.

Las expresiones empleadas insisten en el carácter general de la cuestión:

“οὔκ ἄν εἴη μόνον παρ᾽ ὑμῖν οὕτως ἐγνωσμένα , ἀλλ᾽ ἐν ἁπάσῃ τῇ Ἑλλάδι.”
“…
μόνου τοῦ ἀδικήματος καὶ ἐν δημοκρατίᾳ καὶ ὀλιγαρχίᾳ ἡ αὐτὴ τιμωρία… ἀποδέδοται
ὥστε τὸν χείριστον τῶν αὐτῶν τυγχάνειν τῷ βελτίστῳ.”


3-En consecuencia, el castigo ζημία ha de ser proporcional al delito, y quien comete tal delito “ταύτην τὴν ὕβριν… δεινοτάτην” no merece ningún perdón ni un castigo leve, a no ser que el que juzga sea “ὀλίγωρoς” , una persona negligente, sin interés, despreocupado, dejado, o sea, un campante.

Y sigue utilizando afirmaciones generales:
“ἅπαντας ὑμὰς νομίζω τὴν αὐτὴν διὰνοιαν ἔχειν…”
“καὶ οὐδένα οὕτως ὀλιγώρως διακεῖσθαι…”


Fuentes: Aristóteles, Retórica. Alianza Editorial
Bibliografía: Eva Cantarella, La calamidad ambigua, Ediciones Clásicas, Madrid

Imágen: detalle mosaico de La Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia.