Mostrando entradas con la etiqueta Fiestas áticas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fiestas áticas. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de abril de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 20. Las fiestas atenienses 3. (αἱ ἑορταί)

Por otra parte, si la mayoría de ceremonias tenían carácter popular, se celebraban al aire libre y eran accesibles para cualquier ciudadano, hay algunas excepciones a esta generalización para las que sirven los siguientes ejemplos:

-algunos ritos fueron exclusivos para uno u otro sexo: por ejemplo, en las Haloa y en las Thesmophoria no se permitía la participación de los hombres; de igual modo, las mujeres eran excluidas del culto a Heracles.

-los rituales mistéricos de Eleusis requerían una fase de iniciación (ἡ τελετή) y el compromiso de sus iniciados de no revelar sus ceremonias, por tanto no eran accesibles para todos.

-además, en una misma fiesta, las diversas ceremonias eran protagonizadas y vividas con especial interés por un sexo u otro: por ejemplo, en las Skira un grupo de mujeres se reunían en el Thesmophorion y llevaban a cabo el ritual del lanzamiento de los cerdos en unas cavernas; una solemne procesión desde la Acrópolis hasta las afueras de la ciudad era llevada a cabo por sacerdotes; y, por su parte, muchachos con ramas de vid hacían carreras desde el santuario de Dioniso hasta el puerto de Falero.

No está claro hasta qué punto las fiestas suponían el cese del trabajo. Sí que se suspendían las reuniones públicas en la Asamblea, así como las sesiones de los tribunales, pero no había una ley que obligara a los ciudadanos a cerrar sus negocios aunque, probablemente, la opinión pública basada en la tradición ejercería cierta presión social sobre aquellos que no siguieran la costumbre.(ἀσεβεῖς : impíos)
La explicación más lógica al cese de las actividades deriva del hecho de que los ciudadanos no podían hacer las dos cosas, trabajar y disfrutar de la fiesta, al mismo tiempo.

Para terminar, podemos concluir que:

Las fiestas atenienses constituyen un mosaico enormemente variado y rico de ritos y celebraciones en honor de sus dioses.

Su diversidad se explica por el propio politeísmo de la religión, que no vio incongruencias en honrar a los diferentes dioses con ritos diversos , e incluso no impidió que en época clásica se incorporaran y veneraran algunos dioses de origen extranjero, como es el caso de la diosa tracia Bendis, o Asclepio, venerado en Epidauro.

Su riqueza deriva de los diversos orígenes de los que proceden las ceremonias: cultos de la realeza micénica, de las familias aristocráticas, cultos agrarios de la fertilidad, cultos locales áticos, cultos jonios, incluso antiguos cultos a dioses extranjeros que con el tiempo fueron aceptados como atenienses….

Además, el conservadurismo de la religión hizo que se preservaran ceremonias ancestrales y coexistieran con las actuales.

Las fiestas atenienses eran la expresión colectiva de los sentimientos de la comunidad hacia sus divinidades.
El término
ἑορτή(fiesta) suponía alegría, disfrute, goce y muchas de las fiestas desarrollaban este aspecto.

Con el declive de la ciudad-estado la religión ligada a ella se hizo cada vez más estereotipada. Pero las fiestas siguieron, se mantuvieron oficialmente, como parte de la esencia de la ciudad de Atenas.


Bibliografía:

-H.W.Parke, Festivals of the Athenians. London: Thames and Hudson, 1986

Imágenes:

*Detalle del Erecteion. La Acrópolis. Atenas.
**
Mármol 400-375 aC con la diosa tracia Bendis y sus oferentes.Atenas.




Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 20.Las fiestas atenienses 2. (αἱ ἑορταί)

El coste de muchas fiestas religiosas, más que asumido por el tesoro público, recaía sobre ciudadanos particulares con importantes recursos económicos, como una forma de impuesto anual. Era entendido como un servicio para el pueblo, (ἡ λειτουργία), , una carga económica, pero al mismo tiempo una fuente de crédito y prestigio sociales.
Aparte de su titularida
d, asumían a veces la función directora durante la festividad.

Para algunas divinidades actuaban, en calidad de encargados, sacerdotes (ὁ ἱερεύς) reconocidos por la ciudad; normalmente, eran miembros de familias aristocráticas que, con carácter vitalicio, asumieron esta función por considerarse descendientes de nobles familias o clanes con quienes entroncaba el culto en cuestión en una época muy anterior. De igual modo, esta supuesta vinculación sanguínea les proporcionó ciertos privilegios y prerrogativas para sus mujeres e hijas, que ejercieron como sacerdotisas (ἡ ἱέρεια)o protagonistas de algunos rituales.

La titularidad de un sacerdocio hereditario, a pesar de ser una función honorable, no imponía un particular estilo de vida religioso que lo distinguiera del de cualquier otro ciudadano. La única excepción en este sentido podría ser el Hierofante de los Misterios de Eleusis, quien parece que llevaba un tipo de vida especial.

El cargo del arconte rey, (ὁ ἄρχων βασιλεύς), elegido anualmente por el gobierno democrático de la ciudad, y cuyas funciones se centraban en todo lo relacionado con el culto y la religión, fue una reminiscencia del liderazgo en los asuntos sagrados que ejerció el rey en la época monárquica, muy anterior a la creación de la ciudad-estado.



Aunque las ceremonias fueran dirigidas a diferentes dioses, se pueden señalar unos elementos comunes en todas ellas.

1-la ofrenda (τὸ ἀνάθημα), especialmente el sacrificio de un animal: (ἡ θυσία)).

La víctima (τὸ ἱερεῖον), su edad y género variaban según la divinidad a quien fuera dirigida. Lo más habitual era que, tras la matanza, fuera troceada y asada. Algunos huesos y las vísceras eran quemados, pero las partes comestibles eran repartidas entre los asistentes.

Que el dios recibiera las partes menos apetecibles tiene su explicación en el mito de Prometeo.

Nada más lejos de la realidad que interpretar este festín de carne como un acto de comunión con la divinidad; más bien era la oportunidad ideal para comer carne, pues una familia estándar no se lo podía permitir con mucha frecuencia.

Aunque la carne de una víctima era la ofrenda más usual, diferentes cultos muestran otros tipos de ofrecimientos: frutos, vegetales, cereales, pasteles…; bebidas, especialmente vino y leche que, excepto la parte ofrecida a la divinidad (ἡ σπονδή : libación), también eran repartidas entre los asistentes.

De igual modo, los atenienses deleitaron a sus dioses con aromas: quemaban incienso (ὁ λίβανος) y hacían emanar diversas esencias y perfumes, entre otros motivos para combatir el fuerte olor a carne asada y huesos quemados.

También sonaba la música que, aparte del placer en sí misma, puede que tuviera otras funciones secundarias.

2-el altar (ὁ βωμός), elemento primordial de un recinto sagrado (τό τέμενος): se ubicaba fuera del templo, al aire libre, delante de la puerta principal. El templo (τὸ ἱερὸν) solo servía para albergar las imágenes de los dioses (τὰ ἀγάλματα) en un emplazamiento noble.

Lógicamente, durante el sacrificio las puertas estarían abiertas para que el ritual se conectara con la divinidad a quien iba dirigido. Parece ser que, exceptuando los días de sus respectivas ceremonias, durante el resto del año los templos permanecían cerrados.

3-las plegarias: (αἱ εὐχαί): no hay ningún libro que recoja las oraciones de súplica o de agradecimiento que emplearan los atenienses en las ceremonias. La recitación parece que iba a cargo del que sacrificaba el animal, que podía ser también el titular de la λειτουργία.
En todo caso, parece que fueron fórmulas generales, esquemas formales, transmitidos oralmente de padres a hijos.

4-particularmente importante fue la procesión (ἡ πομπή: envío), entendida como el envío de una ofrenda a la divinidad.
Seguía una ruta marcada por la tradición, a menudo con representaciones y paradas durante el trayecto. El lugar que ocupaban en ella los diferentes componentes estaba estrictamente reglamentado.
El coste de la preparación y puesta a punto de una procesión era sufragado también por una
λειτουργία, pues era ocasión para nuevos y caros vestidos y elaborado equipamiento.
La importancia de las procesiones en Atenas explica que se construyera a principios del siglo IV aC un edificio específico para las necesidades que requirieran. Era el
Πομπεῖον, ubicado entre la Puerta Sagrada y la Puerta de Dipilón, punto de partida para las procesiones de las Panateneas dirigidas puertas adentro hacia la Acrópolis, y para las de los Misterios, puertas afuera hacia Eleusis.

5-las competiciones y los concursos atléticos (τὰ ἆθλα): especialmente cautivadoras eran las diversas modalidades de carreras, en las que los atenienses disfrutaban enormemente y creían que así lo hacían también sus dioses.
Una competición exclusiva de Atenas fue la carrera de antorchas
(ἡ λαμπαδηδρομία ) en sus diversas modalidades: de relevos a pie, a caballo…


Bibliografía:

-H.W.Parke, Festivals of the Athenians. London: Thames and Hudson, 1986

Imágenes:

*Templo de la Concordia en Agrigento, sV. Sicilia.
**Templo dórico de Segesta, sV. Sicilia.




miércoles, 12 de marzo de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 20Las fiestas atenienses 1



“…καὶ ὡς Θεσμοφορίοις ἐμοῦ ἐν ἀγρῷ ὄντος ᾤχετο εἰς τὸ ἱερὸν μετὰ τὴς μητρὸς τῆς ἐκείνου…”

“…y que en las Tesmoforias, mientras estaba yo en el campo, fue al templo con la madre de aquél…”


Caray con la mujer de Eufileto! Qué atrevida al acudir a un sitio público con la madre de su amante, aunque fuera un lugar al que acudieran solo mujeres!

¿Es verosímil que hiciera eso, o por otro lado es una exageración o mentira de la esclava por la presión de las circunstancias?

Aceptar el hecho supone:

-que la mujer de Eufileto confiaba en que no iba a trascender su audacia, por tanto tendríamos que dar por hecho la existencia de un corporativismo sólido entre el sector femenino de la población frente al mundo de los hombres, de manera que su relación extramatrimonial sería como un secreto a voces entre sus colegas, pero del que nada sabría su marido.

-que tuvo al menos una ocasión previa para conocer y entablar ciertos lazos de amistad y complicidad con la madre de Eratóstenes, de manera que acordaran ir juntas a las Tesmoforias. ¿y qué necesidad tenía de ello?

Por otro lado, tanto si se trata de una mentira o una verdad a medias, podemos pensar que tal vez simplemente coincidieran en las ceremonias de esta fiesta, a la que era normal que acudieran, como esposas legítimas que eran, junto con el resto de mujeres de su misma condición.

Para conocer los detalles de las fiestas de las Tesmoforias debéis leer el post de Elena.

Resumiré aquí algunos rasgos generales de las fiestas áticas.

Del mundo griego, por la prominencia y el papel destacado que desempeñó a lo largo de la época clásica, y no por casualidad, Atenas ha sido tratada privilegiadamente en el sentido de que es la ciudad de la que las fuentes nos han proporcionado más información en todos los ámbitos y, concretamente en el de las fiestas de la ciudad, se cumple también esta afirmación. Pero no olvidemos que las otras ciudades griegas también veneraron a los dioses con fiestas, algunas de esquemas rituales similares a las áticas si coincidían en los dioses venerados, y otras con las particularidades que la historia de la ciudad y las divinidades patronales exigieran.

Ya dije que las fiestas estaban indisolublemente unidas a los cultos religiosos, y no se pueden entender sin tener presentes los dioses a quienes se dedicaban.

Su frecuencia y posición en el calendario ático se puede apreciar en este cuadro:

Hecatombaion

Kronia (12),Synoikia (16),Panathenaia (28),

Metageitnion

Metageitnia(7), Herakleia (¿?)

Boedromion

Genesia (5),Artemis Agrotera(6),Boedromia(7), Mysteries(15-21)

Pyanepsion

Proerosia(5),Pyanepsia,Oschophoria(7),Theseia(8),
Stenia(9),ThesmophoriaHalimus(10),Thesmophoria(11-13), Chalkeia(29),Apaturia(30)

Maimakterion

Maimakteria(30),Pompaia(¿?)

Poseideon

Poseidea(8),Haloa(26),Dionysia rurales(30)

Gamelion

Lenaia(12), Gamelia(¿?)

Anthesterion

Anthesteria(12-14), Diasia(23)

Elaphebolion

Elaphebolia((6),Asclepeia Proagon(9), Dionysia urbanas (10-¿?)Pandia(¿?)

Munichion

Fiesta de Eros(4), Procesión al Delphinion(6), Munichia(16),
Olympieia(19)

Thargelion

Thargelia(6-¿?),Bendidia(19),Plynteria(25), Kallynteria(¿?)

Skirophorion

Skira(12), Dipolieia(14), Diisoteria(14)

El año griego constaba de 12 meses lunares de 30 y 29 días alternados. Ello suponía un año de 354 días y, para hacerlo coincidir con el año solar, insertaron un mes extra repitiendo el duodécimo mes cada cierto tiempo.

De todos modos, este año lunar no se remonta a un tiempo muy antiguo, y los eruditos coinciden en datar su incorporación en la primera mitad del siglo VII aC.

La relación entre calendario y fiestas se aprecia en que casi todos los meses reciben su nombre a partir de alguna fiesta que tenía lugar en ese mes.

Curioso es que ninguno reciba el nombre de alguna fiesta dedicada a Atenea, la diosa patrona de la ciudad, ni tampoco es ella la divinidad a quien se le tributan más fiestas; además, algunos reciben el nombre de fiestas no especialmente importantes en época clásica. (Dejo el profundizar en esto para otra ocasión)

Todo ello se puede explicar si tenemos en cuenta factores como el origen agrario de muchos cultos, en los que los ritos para propiciar la fertilidad y fecundidad eran primordiales, y no es Atenea originariamente una diosa de la fertilidad,la antigüedad de algunas fiestas, que se retrotraen a la época monárquica, y la procedencia foránea de algunas, bien de Jonia o de poblaciones locales del Ática .

Así se explica que, mucho tiempo después, en la Atenas clásica, en la que la agricultura ya no era la principal fuente de riqueza y se había convertido en la más importante potencia marítima bajo la protección de Atenea, algunos de estos nombres y ritos estén faltos de sentido, pero siguieron vigentes simplemente por el peso de la tradición.



Bibliografía:
-H.W.Parke, Festivals of the Athenians.
London: Thames and Hudson, 1986
Imagen:
*Detalle de la reproducción en maqueta de la parte central del frontón oeste del Partenón. Museo de la Acrópolis. Atenas.

sábado, 8 de marzo de 2008

Fuentes para el estudio de las fiestas áticas

Dijo Pericles en su oración fúnebre, tal como nos ha transmitido Tucídides:

“Y además nos hemos procurado muchos recreos del espíritu, pues tenemos juegos y sacrificios anuales …”

Ciertamente los griegos disfrutaron de muchas fiestas repartidas por todo el calendario anual, y todas ellas estaban relacionadas con la veneración a sus dioses: todos los ritos y ceremonias que en ellas tuvieron lugar como las procesiones, ofrendas, competiciones y carreras, representaciones…tuvieron siempre una dimensión religiosa, un carácter sagrado, reforzado por el peso de la tradición y de las leyes no escritas, que contribuyó a fosilizar las ceremonias incluso cuando el desvanecimiento del sentimiento y la devoción las hizo incomprensibles.

No es extraño que existiera una regulación escrita sobre ceremonias y fiestas pues tenían muchas.

Ya el corpus legal de Solón en el s VI reservó un apartado para lo relacionado con las fiestas, del cual nos ha llegado muy poco.

En el siglo V un ateniense llamado Nicómaco preparó un nuevo código relativo a las ceremonias religiosas de la ciudad. A partir de las excavaciones del Ágora nos hacemos una idea del formato y contenido de dicho código: escrito en ambas caras de dos muros, en columnas y con dirección bustrofedóntica, incluía los días y nombres de los festivales, datos de los funcionarios responsables, sus honorarios, rasgos específicos de las víctimas ofrecidas y su coste…Por desgracia solo pequeños fragmentos del llamado Código de Nicómaco nos han llegado, con lo cual nos hacemos una idea de todo lo que se ha perdido.


En cuanto a las fuentes literarias, no ha sobrevivido ningún libro de la Antigüedad que versara exclusivamente sobre las fiestas, sin embargo, aunque se trate de más o menos breves alusiones, algunos géneros literarios resultan útiles para conocer aspectos de la religión ática: la historia, tragedia y comedia, la oratoria.

Durante la centuria 370-270 aC un grupo de escritores conocidos como los atidógrafos escribieron historias sobre Atenas, y dedicaron muchas páginas a los orígenes legendarios de las instituciones religiosas. Sin embargo, sus escritos eran tan técnicos y especializados que no interesaron para elaborar antologías y colecciones, de manera que sus obras se perdieron, salvo las citas y comentarios que nos han llegado a través de los redactores de diccionarios y enciclopedias de época tardo-romana y bizantina.

Estos lexicógrafos daban explicaciones de los términos oscuros de los rituales para los lectores que los encontraran en textos literarios. Para ello consultaban directa o indirectamente los escritores de los siglos IV y III, y se limitaban a explicar las palabras en cuestión. Su interés era puramente léxico y no profundizaron en el significado de las ceremonias que aquellos registraron, ni trataron de contextualizar sus entradas lexicográficas mediante explicaciones generales de una religión extinta.

Los eruditos modernos han recopilado y ordenado los fragmentos de los atidógrafos y han formado un corpus con los principales escritos antiguos sobre los orígenes de las fiestas áticas.


Por otra parte, durante la democracia, Atenas tuvo la costumbre de publicar las principales actividades de la ciudad inscribiendo los documentos oficiales en piezas de mármol. Las actividades de la religión de la ciudad fueron de las más importantes, y por ello inscripciones sobre ellas de ese período hay muchas, bien se trate de copias de legislación referente a los cultos, o bien registros de gastos en sacrificios y fiestas.


De entre las fuentes iconográficas, la cerámica ofrece un amplio repertorio de imágenes, sin embargo lo difícil en muchas ocasiones es asociarlas con los ritos concretos. Y no olvidemos la aportación de los frisos y otros elementos arquitectónicos de los templos, especialmente del Partenón, con representaciones figuradas de rituales sagrados .


Bibliografía:
-H.W.Parke, Festivals of the Athenians. London: Thames and Hudson, 1986.

Imágenes:
*Fragmento friso sur del Partenón. British Museum.
**Fragmento friso norte del Partenón. British Museum.



domingo, 27 de enero de 2008

El culto a los muertos: Las Antesterias. Dioniso y los muertos.


La gran fiesta de la ciudad en honor de todos los muertos era las Antesterias (τό ἄνθος,ους : flor), que se celebraban el 11, 12 y 13 del mes Antesterion, (Febrero) en honor del dios Dioniso.

-La fiesta comenzaba el primer día con “la apertura de las jarras”, los Pithoigía (ὁ πίθος, ου: gran tinaja de barro metida en tierra). Con el ritual de la apertura de grandes jarras de vino, se evocaba la salida colectiva de los muertos del mundo subterráneo, precisamente a través del vino, elemento líquido asociado a Dioniso como ningún otro, que servía de canal o paso directo entre los muertos y el mundo de los vivos.

-Una segunda materialización de la llegada de los difuntos la representaba la apertura del templo más antiguo dedicado a Dioniso, el del Pantano de Atenas (Limnai), que tenía lugar el segundo día de la fiesta, y que permanecía cerrado durante el resto del año.

Ese era el día de las “libaciones a los muertos”, khoaí (ἡ χοή,ῆς: libación en honor a los muertos), mediante las cuales se provocaba la venida del dios, su epifanía. Para ello se derramaba abundante vino, en señal de ofrenda a los muertos y a su representante, Dioniso.

En Atenas, la llegada del dios tenía lugar en dos sitios a la vez: en la orilla del Pantano, junto a su templo, y a orillas del mar; y se festejaba su entrada en la ciudad mediante una procesión en la que el dios, venido del mar, se paseaba por la ciudad sobre un barco con ruedas.

Acompañado por sátiros enmascarados, Dioniso atraviesa las calles con su cortejo infernal: se percibe un terrible escándalo entre el sonar de las flautas, salpinges, chirimías y tamboriles, además de los gritos que jóvenes subidos en carros lanzaban a la asistencia. También desfilaban jóvenes vestidos en disfraces, y todos iban avanzando al son de la música con pasos de baile.

La procesión es vista como un auténtico advenimiento de los espíritus, y causaba al mismo tiempo terror y fascinación.

Asimismo, en este día se ofrece por primera vez a los niños de más de tres años vino, en “cuencos de barro cocido”, los khoés (ὁ χόος , χοῦς ), que dan nombre al día, como símbolo de integración cívica, según la ley dionisíaca.( la del misterio, ambigüedad, contradicción, subversión, frenesí…)

El vino es librado generosamente también a los jóvenes, que se emborrachan sin miramientos, al igual que los hombres adultos, que participan en concursos de a ver quién bebe más.

Las jóvenes, a su vez, protagonizan el ritual de los columpios, las aiórai, (ἡ αἰώρα,ας: columpio), ligado también, como los demás, a la muerte: el juego del balancín de las jóvenes atenienses que, mientras se columpian, entonan canciones obscenas, simboliza la peculiar forma de integración de las niñas en el mundo de la sexualidad, según Dioniso, pues recuerda el ahorcamiento que protagonizaron algunas mujeres en el mito, desesperadas de amor.

La fiesta de este día culminaba en la unión sagrada del dios con la βασσίλινα, la reina, la mujer del arconte rey, que tenía lugar en el ágora, en particular en el Bucolion, antigua residencia del arconte rey, cerca del Pritaneo.

Previamente tenía lugar la ceremonia de la mezcla de vinos que realizaban las catorce mujeres asistentes de la reina, ante la presencia en forma de máscara del dios, evocando con ello nuevamente su epifanía.

La reina, la mujer del arconte rey, que en época clásica no es más que un magistrado designado a suertes para desempeñar el cargo durante un año, representa a todas las mujeres y, en general, a toda la ciudad, que se rinde ante el dios y se deja invadir por los poderes que representa: la muerte, la sexualidad, la libre unión, el delirio, el salvajismo, la involución de las normas, la plenitud de la juventud, la locura…

Durante todo el día, la ciudad está bajo el dominio de Dioniso y su cohorte infernal: salvo el del Pantano, los templos están cerrados y ya no protegen la ciudad, más bien se protegen ellos mismos, cercados con un cordón, de las fuerzas subterráneas; se embadurnan las puertas de las casas con pez para evitar que los muertos traspasen los umbrales; los hombres se emborrachan; las vírgenes se columpian; las asistentes de la reina realizan sacrificios en los altares del Pantano (civilizado recuerdo del descuartizamiento que realizaban las ménades en el mito); allí cerca se derrama agua en abundancia para que las almas la beban, o trepen por ella para salir a la superficie de la tierra; allí mismo también se rinde culto a la diosa Tierra.

-El tercer día, el de “las marmitas”, khýtroi (ὁ χύτρος, ου), dedicado a Hermes, por ser el guía de las almas, todos participan de un banquete en el que se comía un puré hecho a partir de diversos cereales, el mismo que ofrecían a los muertos en las vasijas de barro que dan nombre al día; también se les daba de beber, derramando agua en las grietas del suelo próximas al Pantano.
Y, tras alimentarlos, se les despedía, con amenazas y a bastonazos: ¡Fuera de aquí, o Keres, las Antesterias han terminado!


La complejidad y multiplicidad de rituales de las Antesterias responden al hecho de que desde antiguo eran fiestas primaverales de las flores, a la vez que dedicadas al culto de los muertos y de Dioniso, que vienen como éstas de abajo, de la tierra, y en ellas las mujeres ocupaban el primer plano, tal como el cortejo femenino del que siempre se hizo acompañar el dios.

A lo largo de los tres días los rituales se suceden, se yuxtaponen, repitiendo una y otra vez el tema central: la representación de la llegada de Dioniso y del mundo subterráneo al mundo de los vivos.


Bibliografía:

-Walter F.Otto, Dioniso. Mito y culto.Trad.de Cristina García. Madrid: Ediciones Siruela, 2001

-Maria Daraki, Dioniso y la Diosa Tierra. Trad. de Belén Gala. Madrid: Abada Editores, 2005


Imágenes:

*Detalle ánfora con Dioniso procedente del Museo Arqueológico de Madrid
**Relieve romano de mármol de una ménade y dos sátiros en una procesión dionisíaca, 100 aD. British Museum
***Hermes y Dioniso sentados en el centro del friso este del Partenón. British Museum
(ahora ya entiendo por qué están sentados juntos)

El culto a los muertos: Fiestas funerarias.


Además de las fiestas y ceremonias que tenían lugar inmediatamente después del entierro (el mismo día, el tercero, el noveno y el trigésimo), los parientes del difunto seguían obligados de por vida a velar por su tumba y por su alma según la costumbre

Era un deber sagrado que respondía a la creencia, de época clásica, según la cual las almas de los muertos ejercían una influencia sobre los vivos, se sentía su presencia, se temía su poder desde el más allá y, al mismo tiempo, se propiciaba su bendición.

Considerados poderes invisibles, se les honra en interés de quien les rinde culto y, además, por conveniencia de los propios muertos, según la creencia de que el bienestar que encuentran los muertos en la otra vida no depende de sus propios méritos, sino de la actitud y relación que los parientes mantengan con ellos.

Para ello existía un calendario de fiestas funerarias en las que los muertos eran honrados con especial devoción:

1-el día 30 de cada mes todas las familias lo dedicaban a honrar a sus parientes muertos. A esta fiesta se le llamaba “Necisia” ( ὁ νέκυς, υος : muerto ), y resultaba ser el tercero de los tres últimos días del mes, que los atenienses dedicaban a los dioses subterráneos, días nefastos, en los que se abstenían de trabajar.

2-se seguía celebrando el natalicio de la persona muerta; a esta fiesta se la llamaba la “Genesia”(τὰ γενέσια: natalicio), que cada familia celebraba en su intimidad cuando tocaba.

3-además, de manera colectiva y de carácter público, el día 5 del mes de Boedromión, (Septiembre) la ciudad celebraba la “Genesia” de todos los muertos. En esta fiesta anual se hacían sacrificios en honor de los muertos, y también se honraba a la diosa Gea.

4-pero la gran fiesta de la ciudad en honor de todos los muertos era las Antesterias (τό ἄνθος,ους: flor), que se celebraban el 11, 12 y 13 del mes Antesterion, (Febrero) en honor del dios Dioniso; fiestas dionisíacas de primavera , y días nefastos también.

La variedad de rituales de enorme carga simbólica que se sucedían en las Antesterias tenían como objetivo último celebrar la llegada anual del dios, provocar el acercamiento y la comunicación entre el mundo subterráneo de los muertos y el mundo de los vivos, el paso fluido entre ambos, del que Dioniso era garante: era un fiesta triste y al mismo tiempo alegre; se invita a los muertos a que suban del mundo subterráneo, pero se les teme; una fiesta de la ciudad, pero subvirtiendo todas sus normas.

5-también, las Agrionias, en primavera, en el mes Elafebolión, (Marzo) de las que tenemos detalles de su celebración en Beocia y en Argos principalmente, eran fiestas en que se aunaba el festejo de los muertos y el dios Dioniso, y las mujeres protagonizaban un ritual de persecución que recordaba a las mujeres presas de la locura dionisíaca del mito .


Bibliografia:

-Erwin Rodhe, “El culto del alma”, en Psique. Trad. de Wenceslao Roges. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1994
-Walter F.Otto, Dioniso. Mito y culto.Trad.de Cristina García. Madrid: Ediciones Siruela, 2001


Imagen:
*Cratera de cáliz de Apulia.370aC. Joven conduciendo una víctima al altar. Museo Arqueológico de Madrid

domingo, 1 de abril de 2007

Dioses y fiestas atenienses: Las Panateneas y las Grandes dionisias II


Hacia la misma época en que se construía el Partenón, Pericles ordenó la construcción de otros cuatro templos. En Atenas se construyó el templo de Ares, dios de la guerra, y el templo de Hefesto, dios del fuego, del taller y de la fragua del herrero, el Hefestión, aún bien conservado que , aunque no sobresaliese particularmente comparado con otros templos, su colocación sobre el ágora, lo situaba en el centro de la vida ateniense.

En el culto de los artesanos Hefesto está asociado frecuentemente con Atenea, pero su esposa es Afrodita, quien no hace mucho caso de este vínculo matrimonial y prefiere la fuerza primordial y guerrera de Ares. (Imagen:El templo de Hefesto en el Agora)


Los otros dos templos se hallan fuera de Atenas: en el promontorio de Sunio se elevaba el templo del dios del mar, Poseidón, visible a todos los barcos que volvían a Atenas por el este, siendo lo primero que se veía de la patria; y en la costa norte del Ática, en un acantilado se elevó un templo a Némesis, quien como personificación del destino no podía ser dejada de lado por un pueblo como el ateniense.

Dioniso era el dios del vino, y estaba ligado a la experiencia de la embriaguez, del delirio, de la locura y de la fiesta orgiástica. Su culto, que prefiere la montaña y el bosque y atrae hacia él a mujeres y bárbaros, es con frecuencia visto como subversor del orden constituido por la polis. En su santuario en Delfos era venerado junto a Apolo, y en la religión de la ciudad se integró reservándole su papel específico en la fiesta, en los momentos carnavalescos donde domina el vino, y sobre todo en los festivales teatrales.


En su honor se celebraban en Atenas importantes fiestas: las Dionisias Agrarias, de carácter alegre y ruidoso, con procesiones campestres y grupos de jóvenes cantando y lanzando bromas picantes y obscenas a quienes encontraban en el camino; las Leneas, en las que mujeres poseídas por el delirio báquico danzaban en el Lenaion sus danzas de éxtasis y desenfreno, y tenían lugar también representaciones líricas y dramáticas; las Antesterias fiestas que, durante dos días mediante diversas ceremonias en la ciudad y el Limneo, antiguo santuario de Dioniso próximo a Atenas, celebraban las bondades del vino, la llegada de Dioniso a la ciudad y sus efectos de prosperidad y fecundidad, y al tercer día concluían con unas ceremonias dedicadas a Hermes y a los muertos.


Pero sobre todo Dioniso está relacionado con las Grandes Dionisias, fiestas que duraban cinco días (en Elafebolion, Marzo) y que atraían a muchos extranjeros a la ciudad para asistir a las representaciones teatrales en el teatro de Dioniso al pie de la Acrópolis; también tenían lugar diversas ceremonias, procesiones y sacrificios en honor del dios.


Los festivales dramáticos estaban organizados por el estado, que encomendaba sus gastos a algún ciudadano solvente. Al final de los concursos tenía lugar la distribución de premios, según un jurado nombrado al efecto: en cada categoría, trágica y cómica, se entregaban tres premios: al poeta, al corego (el rico que ha sufragado los gastos del coro) y al protagonista.


En el mes Pianopsion(octubre) durante tres días se celebraban las Tesmoforias, en honor de Deméter , que vela tanto por la siembra en los campos como por la fecundidad de las mujeres; sólo participaban en ella las atenienses casadas; los hombres estaban excluidos totalmente. En el mes Posideon (diciembre) la fiesta de los Haloa tenía por objeto proteger el grano que estaba germinando en la tierra y se hacían sacrificios a Deméter y su hija Perséfone.


Los Grandes Misterios de Eleusis se celebraban en Boedromión(septiembre) en honor de Deméter y Perséfone,y en ellos las ceremonias rememoraban el rapto de Perséfone y su vuelta a la tierra, simbolizando el ciclo natural de la naturaleza.


Para acabar, simplemente mencionar que en los últimos decenios del sV se produjo la gran difusión del culto de Asclepio; su fama como dios médico sobrepasó los límites de la polis, y en el 420 fue introducido en Atenas, donde en la pendiente sur de la Acrópolis se le dedicó un santuario.

Dioses y fiestas atenienses: Las Panateneas y las Grandes Dionisias I


Junto a la existencia de momentos de religiosidad panhelénica, como las ligas religiosas(las anfictionías), los juegos olímpicos, la autoridad délfica…, regulados por las ciudades, en las que la aceptación de la religión olímpica, de su panteón y de sus ritos significaba además de que uno era ciudadano de su polis, que era ,por encima de todo, griego, cada ciudad poseía sus mitos fundadores, héroes epónimos, dioses locales menores, cultos particulares y ritos propios dirigidos a los dioses olímpicos ;incluso los calendarios rituales variaban mucho de un lugar a otro.

Las ciudades consolidaron su identidad por medio del culto de divinidades que estimaban protectoras especiales. Un caso ejemplar lo ofrece Atenas con su divinidad políada (propia de la ciudad) que es además homónima, Atenea.

Después de la victoria sobre los persas en Salamina y Platea, los griegos creyeron que fueron los dioses quienes realmente habían ganado al enemigo, y la religión se vinculó a la polis más que nunca antes lo había estado. Durante los cincuenta años siguientes, el período de la hegemonía ateniense, los dioses , y en particular Atenea, extendieron su mano protectora sobre Atenas, y a cambio recibieron su recompensa: en la Acrópolis se alzó la obra maestra de Ictino, el Partenón, decorado con el arte inmortal de Fidias, en cuya cella se encontraba la estatua crisoelefantina de la diosa patrona Atenea. (Detalle del Partenón)


Nacida directamente de la cabeza de Zeus sin intervención femenina, es depositaria de la inteligencia práctica que preside tanto el trabajo de los artesanos como el típicamente femenino del tejido.

Representada por lo general con armadura hoplítica, Atenea es además la Prómachos (guía y protectora armada) . Con esta doble atribución, está asociada al papel de divinidad Políade de la polis ateniense, es decir, diosa específicamente ligada al destino de la ciudad y objeto de una particular veneración por ella, por su papel garante de prosperidad y de protectora armada. También era venerada como diosa virgen, Parthénos. (Detalle del Erecteion)


Sus símbolos , y consecuentemente los de la ciudad, son la lechuza (la de ojos de lechuza según el epíteto homérico), y la rama de olivo, árbol sagrado que hizo brotar en la Acrópolis para rivalizar con el manantial sagrado de Poseidón en la disputa que los dos dioses mantuvieron , según la leyenda, por la posesión de la ciudad. El enfrentamiento se zanjó con la victoria de Atenea , y en consecuencia la ciudad tomó de ella su nombre.


Los atenienses honraban todos los años a Atenea en una fiesta llamada las Panateneas al final del mes Hecatombeón (julio) que duraba dos días, pero cada cuatro años se celebraba con una solemnidad especial y duraba al menos cuatro días: incluía competiciones atléticas que contaban sobre todo con carreras de antorchas, carreras de caballos, competiciones musicales y de recitado; se celebraba la procesión (representada en mármol en el friso del Partenón) que atravesaba el centro de Atenas para llevar a la diosa en la Acrópolis el peplo que durante nueve meses habían tejido cuidadosamente doncellas atenienses especialmente elegidas.

El punto culminante de la ceremonia era la presentación del peplo a una antigua estatua de madera de Atenea , y el sacrificio de muchos animales en honor de la diosa.

El premio de los vencedores en las competiciones atléticas eran tinajas de aceite de oliva, procedente de los olivos consagrados a Atenea, los cuales se creía habían crecido de ramas arrancadas al primer olivo plantado por la diosa en la Acrópolis.


Después del Partenón se construyó en la acrópolis el Erecteon en honor de los héroes fundadores de la ciudad, y de Atenea y Poseidón.










sábado, 31 de marzo de 2007

Misterios y oráculos. Eleusis y Delfos II


Fue frecuente en Grecia la práctica del arte adivinatoria. El mantis ,adivino, gozaba de mayor consideración que el sacerdote y este oficio se transmitía de padres a hijos. Interpretaba la voluntad de los dioses a partir de signos o señales como los truenos, los relámpagos, los eclipses, los terremotos... y acontecimientos casuales como el vuelo de los pájaros, encuentros en la calle, palabras oídas por casualidad, los sueños, un estornudo que se oía a la izquierda o a la derecha, el análisis de las vísceras de los animales sacrificados...

Mayor importancia tenían otras formas de profecía organizadas y que se llamaban Oráculos, lugares de manifestación de la sabiduría y voluntad de algunas divinidades donde acudían particulares y gobernantes. Eran administrados por corporaciones sacerdotales, quienes conservaban en sus archivos copias, tanto de las preguntas como de las respuestas.

El oráculo más importante de la antigüedad, conocido ya por Homero, era el de Dodona, en el Épiro, donde Zeus manifestaba su voluntad a través del murmullo de las hojas de una encina. Pero el más famoso y el más venerado fue el de Delfos, consagrado a Apolo, que logró durante la época arcaica de Grecia su posición dominante en asuntos religiosos y profanos: Apolo era la autoridad divina a la que todos se dirigían para organizar el culto o reformarlo, y al que las ciudades se dirigían solicitando que sancionara las leyes que sus legisladores habían elaborado: Apolo, en virtud de su autoridad divina, daba su apoyo al derecho civil.

El templo de Apolo se hallaba a los pies del monte Parnaso, donde llegó Apolo y fundó uno de sus principales santuarios, después de vencer a la serpiente Pitó que moraba en el lugar, tras lo cual tuvo que someterse a una cuidadosa purificación. Estableció su oráculo, haciendo que una sacerdotisa, llamada Pitia o Pitonisa en memoria de la serpiente Pitó, en este templo, aislado del mundo, en un ámbito de impresionante silencio, y en medio de las fuerzas de la naturaleza transmitiera sus respuestas.

Los días en que se consultaba, la pitonisa, una vez que se purificaba con agua de la fuente Castalia próxima al santuario, sentada en un trípode en lo más profundo del templo, el ádyton, (lugar reservado sólo para ella) en estado de trance provocado por unas emanaciones de la tierra, o por otros procedimientos, lanzaba gritos inarticulados y frases inconexas, que los sacerdotes traducían a los fieles. Los mensajes se redactaban en frases con doble sentido y eran difíciles de interpretar.

En Delfos se adoraba a Apolo, dios de la danza, de la poesía y de la inspiración, pero sobre todas las cosas, de la Luz, el dios que ilumina al mundo, el gran testigo al cual nada escapa. Desde todas partes del mundo helénico acudían las gentes a su templo para pedirle consejo y protección. Preguntaban si la cosecha del año sería buena o mala, si debían comprar un esclavo, si casarse o no. Representaciones de pueblos y ciudades iban también a preguntar al oráculo sobre la voluntad de los dioses, cuando tenían negros presagios, cuando reinaba el hambre y la peste o antes de tomar una decisión importante.

Los consultantes tras el pago de un "pelanos" (“pastel”) o tasa por consulta, ofrecían el sacrificio preliminar de una cabra en el gran altar que estaba ante el santuario, y antes de entrar al templo de Apolo, se bañaban en el agua cristalina de la célebre fuente Castalia.

Coronaban la entrada leyendas escritas con letras de oro sobre los muros, que atraían la atención del visitante y lo invitaban a meditar. Estas leyendas se atribuían a los “Siete Sabios de Grecia”, y aconsejaban entre otras cosas el dominio de sí mismo y la moderación: “¡Conócete a ti mismo!”, “¡Nada en exceso!”, y “sé prudente!”.

Lo que la doctrina apolínea trataba de inculcar es que el hombre no debe ni vanagloriarse ni presumir de su piedad, ha de tener conciencia de sus propias limitaciones, de la omnipotencia divina y que ha de someterse a los dioses; cualquiera que sea el camino que el hombre tome para evitarlo, los vaticinios del oráculo siempre se cumplen, e insiste en la humildad del hombre en comparación con los dioses. Su mensaje forma parte de una corriente político-social y religiosa del último siglo de la edad arcaica ,el legalismo, que buscaba orden frente al desasosiego e intranquilidad de este período, provocados por los cambios políticos y económicos y las luchas sociales.

Delfos fue el centro religioso de Grecia, era considerado el centro del mundo y se simbolizaba esa idea con una piedra sagrada en forma de medio huevo, colocada en el templo, el “onfalos” (ombligo), el “ombligo del mundo”.

De todas partes se recibían presentes para el dios Apolo, y en tan gran cantidad que su templo era insuficiente para guardarlos a todos. Por eso los Estados griegos más ricos mandaron construir en Delfos pequeños edificios (“tesoros”) donde se conservaban los obsequios de la divinidad.

Si la influencia religiosa, moral y política que ejercieron los oráculos de la Pitia, sobre todo en el siglo VI, fue enorme en todo el ámbito griego, con la aparición de los sofistas y el pensamiento crítico del siglo V se produjo un debilitamiento de la confianza en los oráculos. No obstante, en pleno siglo IV Platón, al esbozar su ciudad ideal, manifiesta que todos los asuntos relativos al culto y a la moral los resuelve el oráculo de Delfos, al que atribuía una influencia benéfica sobre el desarrollo de la civilización griega.

(El post “La sacerdotisa de Delfos” puede ayudar a la comprensión del tema)

Misterios y oráculos. Eleusis y Delfos. I

La experiencia griega de lo sacro nació con la apreciación de la presencia de potencias sobrenaturales en lugares arcanos, en fenómenos de la naturaleza y en momentos cruciales de la existencia humana. Estas potencias presentan tanto un lado benévolo (principio de orden y de armonía natural y social), como perturbador (violento y destructivo), de ahí que la actitud del hombre griego frente a estas potencias esté orientada a propiciar continuamente su carácter benévolo.

Sobre el fondo de relatos míticos tradicionales relacionados con las divinidades y las potencias sobrenaturales que habitan el mundo y lo dominan, la poesía épica (fundamentalmente Homero), y después Hesíodo, ejercieron una operación de selección y ordenación ,e imprimieron a la esfera de lo divino una marca tan indeleble que desde ese momento quedará fijada con rasgos propios hasta el final de la Antigüedad: los griegos creyeron en la existencia de muchas divinidades ,ya no abstracciones conceptuales, sino figuras individuales antropomórficas, relacionadas entre sí por un ordenamiento genealógico y por un reparto de atribuciones y poderes a menudo solapados; de estas divinidades dependía la felicidad o desgracia de los mortales sobre la tierra. También creyeron, después de la muerte, en el más allá del reino del Hades.

Con el tiempo las divinidades del Olimpo homérico fueron integradas en el marco de la polis, convirtiéndose en representantes de una religión cívica y politizada.

La polis reestructuró la experiencia colectiva y las modalidades de vida pública y privada del hombre griego, y de igual modo intervino en la relación entre hombres y dioses y en el papel de éstos respecto a la existencia humana.

Las divinidades homéricas serán integradas en los espacios sociales de la vida pública y su función consistirá ante todo en asegurar la protección y la prosperidad para la polis, a cambio serán recompensadas con prácticas cultuales que estarán reguladas, legisladas y financiadas por la comunidad política. No habrá acto de convivencia ente ciudadanos ( desde la fiesta a las decisiones de la asamblea) que no esté consagrado a la divinidad de la que se espera benevolencia ,cuya atención es reclamada con los oportunos gestos de culto y las necesarias prácticas sacrificiales.

Sin embargo, los cultos de la ciudad y los de carácter panhelénico no bastaron para colmar las inquietudes religiosas del pueblo griego: los cultos públicos en las ceremonias eran fríos e impersonales, se dirigían a los dioses en aras de la prosperidad colectiva de las ciudades e incluso de toda Grecia , pero no se interesaban lo suficiente por la felicidad individual del ser humano en esta vida y en la otra; incluso el culto de los muertos se preocupaba por el alimento de las “sombras” , aunque no garantizaba en absoluto la felicidad en el más allá. En este aspecto -el difícil terreno del destino individual y de la angustia asociada a su precariedad- se revelan los límites de una religiosidad ligada por entero a la proyección de una dimensión pública, social, comunitaria.

Ello explica la aparición de otras formas distintas de relación con lo sagrado que constituyen un aspecto no menos importante de la religiosidad del hombre griego:la religiosidad mistérica. El término mystéria deriva de mystés, iniciado, y expresa el secreto que rodea estos cultos, la obligación que se exige de sus participantes de guardar silencio sobre lo que se hace y se ve en ellos.

Las religiones mistéricas prometían una inmortalidad dichosa, al margen de todo concepto de conducta meritoria o pecaminosa, y su finalidad era la salvación individual de los hombres.

A pesar del carácter iniciático y secreto, los cultos mistéricos no están reservados a una minoría exclusiva y sectaria: más bien al contrario, van dirigidos al hombre en tanto que individuo más que al polítes, y eran admitidos sujetos que estaban excluidos en los cultos olímpicos de la polis como los extranjeros , los esclavos, y por supuesto las mujeres.


Entre otros importantes cultos mistéricos griegos,destacan los Misterios de Eleusis, reconocidos y protegidos por Atenas, y que gozaron de un prestigio panhelénico.

Los Misterios de Eleusis se celebraban en el mes Boedromion (septiembre) en honor de la diosa Deméter y Coré (su hija, Perséfone), con claras referencias a la muerte (los muertos , como el grano, están enterrados en la tierra), el renacimiento propio del ciclo vegetal, la generación sexual y la esperanza de una salvación.

El himno Homérico a Deméter cuenta el mito del rapto de Coré por Hades, y la búsqueda de la madre afligida que finalmente encontró acogida en el palacio del rey de Eleusis. (Imagen: Santuario de Eleusis)

En venganza por el rapto de su hija, Deméter hizo que muriese toda vegetación sobre la tierra, amenazando a la humanidad con su extinción, y consecuentemente a los dioses, que no recibirían más sacrificios y oraciones de los mortales.

Finalmente, Zeus ordenó a Hades que devolviera Perséfone a su madre, pero durante un tercio del año permanecía en el Hades, tiempo en el que el invierno reinaba sobre la tierra , y cuando salía, en primavera, el mundo vegetal despertaba con flores y frutos nuevos.

Antes de volver al Olimpo Deméter ,en agradecimiento, fundó un templo y dio a los reyes de Eleusis, Celeo y Metanira, instrucciones para celebrar los ritos en su templo. Estos eran preceptos secretos, misterios para ser guardados, y profanarlos podía ser castigado con la muerte. A Triptolemo, el hijo de los reyes, el primer iniciado en Eleusis, le entregó una rama de trigo y le encomendó instruir a la humanidad en la agricultura.

El culto a Deméter y Perséfone en Eleusis, inicialmente de carácter local, pronto comenzó a ser importante en Atenas, y se convirtió en una institución panhelénica de carácter universal.

Una parte del rito se llevaba a cabo a la luz pública , con procesiones entre la ciudad y el santuario de Eleusis en ambos sentidos, pero la fase secreta se reservaba para el interior del templo, en el gran salón Telesterio.

El 14 del mes de Boedromión los objetos sagrados (hierá) eran llevados en una cesta desde Eleusis a Atenas, donde se depositaban en el Eleusinion; el 15 se reunían en el pórtico de las pinturas (Poecile) los candidatos a la iniciación; el 16 se dirigían a la ensenada de Falero para asistir a una ceremonia de purificación; el 19 una solemne procesión se dirigía desde Atenas a Eleusis con la cesta mística entonando cantos y gritos ; en Eleusis, por fin, tras un día de ayuno, tenían lugar, del 21 al 23, las dos noches de iniciación.

Lo que ocurría durante esas dos noches debía permanecer en secreto, y éste se guardó tan bien que sólo algunos textos tardíos nos permiten vislumbrar en qué consistía la iniciación.

La primera noche confería el grado inferior de la iniciación: los místas tomaban el kykeón, bebida ritual hecha con agua y cereales, y después veían y tocaban los objetos sagrados. En la segunda noche, en el salón Telesterio, , los mýstas se desplazaban en un ambiente de terror y angustia, creado por los cantos lúgubres y la completa oscuridad reinante; luego, de pronto, unas antorchas ( atributos propios de Deméter y Córe, y símbolo de la revelación) iluminaban el centro de la sala y permitían a los iniciados contemplar objetos y rituales sagrados.


El verdadero mensaje de Eleusis no se puede saber con detalle debido al secretismo en que se mantuvo toda la ceremonia, pero no se puede hablar de una nueva religión , ya que los iniciados al volver a sus casas tras los misterios, permanecían fieles a sus religiones locales. Más bien debieron recibir enseñanzas sobre la esencia de la existencia humana y el sentido de la vida y la muerte.