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martes, 27 de febrero de 2007

PLATÓN Y LOS SOFISTAS


La maestría de Platón para escenificar el lugar en el que se produce el encuentro entre Sócrates y sus distintos interlocutores, recreando el lugar y haciendo aparecer personajes que pertenecen no al primer plano de la escena , que sería la conversación propiamente, sino al fondo, al marco que ambienta tal encuentro, está más que demostrada por la multiplicidad de ejemplos que encontramos: la prisión en Critón y Fedón; los gimnasios en Lisis, Cármides y Laques; las casas de amigos en El Banquete, Protágoras, Gorgias, República; a la sombra de un plátano acariciado por una ligera brisa fuera de la muralla de la ciudad en Fedro.


En el diálogo Protágoras asistimos a una de estas recreaciones con extraordinaria brillantez, para darnos una idea de cómo los sofistas se relacionaban con una élite de la sociedad ateniense, y su presencia era requerida, para honra del anfitrión, en las casas de familias acomodadas.

Así , cuando entran Sócrates y su amigo Hipócrates en casa de Calias ven paseando en el vestíbulo a Protágoras, acompañado en su paseo, a su derecha, por el propio Calias, Páralo el hijo de Pericles y Cármides el de Glaucón, y a su izquierda por el otro hijo de Pericles, Jántipo, Filípides el de Filomelo y Antímero el de Mendes. Detrás de éstos les seguían atentos a lo que se hablaba extranjeros “de los que Protágoras trae de todas las ciudades” y otros de la ciudad. Y todos como si de un coro del teatro se tratara caminaban en armonía, y pendientes los de atrás de abrir paso desde el centro hacia los lados cuando los primeros mostraban intención de dar la vuelta.

En la parte opuesta del pórtico estaba sentado en un alto asiento Hipias, y en bancos a su alrededor sentados estaban “Erixímaco,el hijo de Ecúmeno, Fedro de Mirrinunte y Andrón, el hijo de Androción, y extranjeros, entre ellos algunos de sus conciudadanos , y otros”, que le hacían preguntas sobre astronomía.


Y en una habitación contigua , antes cuarto de despensa pero ahora dispuesta para la ocasión, estaba Pródico, echado en una cama cubierto de pieles y mantas, y junto a él, también echados sobre camas estaban Pausanias, Agatón , Adimanto, el hijo de Cepis y Adimanto, el de Leucolófides, y algunos más.

Y si no había poca gente en la casa, aún entraron después otros dos, Alcibíades y Critias.

Así que vemos cómo el rico Calias ofrece su casa entera para que tres maestros-conferenciantes que trabajan para beneficio propio, impartan sus clases y conversen con amigos que acuden a verlos. Sin duda Calias creería beneficiosa su amistad con ellos, y es prueba de la atracción que los sofistas ejercieron sobre las familias de buena posición.

Estos profesionales de la enseñanza itinerantes no tienen ningún reparo en hablar de su profesión , y se jactan de ello como privilegiados.

En varias ocasiones leemos que aclaran, a petición de Sócrates, qué son, y en qué consiste su arte, por lo que podemos pensar que para algunos no estaba del todo claro lo que hacían estos extranjeros que daban clases a los hijos de las familias acomodadas de la ciudad:

En Gorgias dice Sócrates: “dinos tu mismo, Gorgias, qué calificativo hay que darte y qué arte profesas”.

En Protágoras (312c) Sócrates pregunta a su amigo: “…vas a ofrecer tu alma, para que la cuide, a un hombre que es, según afirmas, un sofista. Pero qué es un sofista, me sorprendería que lo sepas…”

En el mismo diálogo el propio Protágoras del arte de la sofística dice que es antiguo , y quienes antes lo ejercitaban encubrían su actividad para evitar envidias y rencores con la práctica de otros oficios (unos con la poesía, otros con la música…) pero él , a diferencia de aquellos, reconoce abiertamente que es un sofista y que educa a los hombres.

En Protágoras ,328a, dice el sofista a Sócrates: “de estos creo ser yo uno y aventajar a los demás en ser provechoso a cualquiera en su desarrollo para ser un hombre de bien, de modo digno del salario que pretendo…”

Y leemos en Gorgias: “entonces, ¿hay que llamarte retórico?. Y buen retórico”-contesta Gorgias-“si quieres llamarme lo que me glorifico de ser…”


Por su parte, Sócrates siempre los elogia y ensalza sus cualidades, pero cuando los interroga y los hace entrar en su método inductivo para aclarar conceptos o ideas, los vemos enfrentados oralmente sin llegar a la aclaración de lo que se planteaba, de manera que el que queda peor parado es quien al comienzo se jactaba enormemente de sus excepcionales cualidades, o sea, el sofista.


Dice Sócrates al final del Hipias Menor, 376c,: “Y no es nada extraño que ande vacilante yo y cualquier otro hombre inexperto. Pero el que también vosotros , los sabios, vaciléis, esto es ya tremendo para nosotros…”


En Hipias Mayor queda en entredicho la autoridad del sofista ya que no ha sido capaz de aclarar a Sócrates qué es realmente lo bello, aún cuando defienda que lo bello es pronunciar un discurso y convencer con él a todos los que le escuchan. Algo similar le ocurre a Gorgias en el diálogo que lleva su nombre.


Y en el final del Protágoras, 361e, el sofista queda rendido ante Sócrates, pues el hilo de sus razonamientos los ha llevado a posiciones contrarias a las defendidas por ambos en el principio: “desde luego , he dicho acerca de ti, a muchos, que te admiro de manera muy extraordinaria …y digo que no me extrañaría que llegaras a ser uno de los hombres ilustres por su saber..”.

(Las citas están sacadas de la edición de Los Diálogos de Platón de la Bilioteca Cásica Gredos, salvo las de Gorgias , de Espasa-Calpe)



lunes, 26 de febrero de 2007

SOCRATES Y LOS SOFISTAS

A través de los Diálogos de Platón, vemos a Sócrates conversando en diversas ocasiones con los sofistas, con quienes coincidía en reuniones organizadas en las casas de ciudadanos ricos de Atenas, como la de Calias o Calicles, invitado también él a participar de la reunión . Y de seguro que, en los lugares públicos donde aquellos pronunciaron charlas diversas de “autopromoción”, o discursos en calidad de representantes de otras ciudades, les escuchó ,atento seguidor de los asuntos de su ciudad, por lo que conocía muy bien a estos profesionales de la enseñanza contemporáneos suyos.

De ahí que con un aire de confianza hable con ellos , les persuada para que le aclaren dudas , y les presente amigos que quieren seguirles como discípulos, si ellos aceptan , como el caso del joven Hipócrates en el diálogo Protágoras.

En este diálogo Sócrates recuerda a su amigo Hipócrates, ansioso por ser discípulo del sofista , pero de quien apenas sabe nada, que es necesario en primer lugar averiguar en qué es experto y qué va a aprender del hombre a quien quiere confiarse, pues va a exponer a un grave peligro su alma. De ahí que Sócrates, ante la ignorancia del amigo, le explique que el sofista “viene a ser un traficante o un tendero de las mercancías de que se nutre el alma”, y el alma “se alimenta de enseñanzas, de modo que, amigo, cuidemos que no nos engañe el sofista con sus elogios de lo que vende, como el traficante y el tendero con respecto al alimento del cuerpo. Pues también ellos saben, de las mercancías que traen ellos mismos , lo que es bueno o nocivo para el cuerpo, pero las alaban al venderlas…Así, también, los que introducen sus enseñanzas por las ciudades para venderlas al por mayor o al por menor a quien lo desee, elogian todo lo que venden; y seguramente algunos también desconocerán, de lo que venden, lo que es bueno o nocivo para el alma…;si tú eres conocedor de lo que es bueno o nocivo de esas mercancías, puedes comprar sin riesgo las enseñanzas de Protágoras y las de cualquier otro. Pero si no, ten cuidado…”

En fin, siendo tan importante como es para él la educación de los hombres, Sócrates pone en alerta a su amigo para que sea precavido y no entregue su alma para ser formada a cualquiera , por muy conocido que sea.

En diversos diálogos observamos un sentimiento de admiración por parte de Sócrates hacia los sofistas, por su sapiencia, su celebridad y su actividad pública, pero no sin un tono irónico, de manera que contrasta la humildad de éste con la vanidad de aquellos:

En Hipias Menor ,364a y sig., leemos: “Es natural, Sócrates, que tenga esta confianza. En efecto, desde que he empezado a concurrir a Olímpia, nunca he encontrado a nadie superior a mi en nada.” Y replica Sócrates: “ Dices bien Hipias. Tu fama es una ofrenda de sabiduría para la ciudad de los eleos y para tus padres… ¡Vaya Hipias! ¿Podrías, por favor, no reírte de mí, si comprendo con dificultad lo que dices y te pregunto repetidamente?”

En Hipias Mayor, 281c, leemos: “Esto es ser de verdad un hombres sabio y perfecto, Hipias. Lo digo porque tú eres capaz de recibir privadamente mucho dinero de los jóvenes y de hacerles un beneficio mayor del que tu recibes, y también porque eres capaz, públicamente, de prestar servicios a tu ciudad, como debe hacer un hombre que está dispuesto a no ser tenido en menos, sino a alcanzar buena opinión entre la mayoría”.

En 286d dice Sócrates: “…y me prometí que, tan pronto como encontrara a alguno de vosotros, los que sois sabios, le escucharía, aprendería y me ejercitaría, e iría de nuevo al que me había hecho la pregunta para volver a empezar la discusión”.

Y en 291a Hipias dice: “…yo no dialogaría con un hombre que hace ese tipo de preguntas”, a lo que responde Sócrates: “Haces bien, amigo. No sería adecuado para ti contaminarte con tales palabras, un hombre como tú tan bien vestido, que usa un calzado tan bello y que tiene buena reputación entre los griegos por su sabiduría. En cambio para mí no existe dificultad en mezclarme con este hombre. Así pues, instrúyeme previamente…”

En Gorgias, dice Calicles respecto del sofista que tiene hospedado en su casa: “lo mejor será interrogarle, porque este tema es uno de los que acaba de tratar con nosotros. Decía hace un momento a todos los allí presentes que le interrogaran acerca de la materia que les placiera, alardeando de poder contestar a todas….” Y dice el propio Gorgias: “…si Querefón; así lo he declarado hace un momento, y añado que desde hace muchos años nadie me ha hecho una pregunta que me fuera desconocida”.


(Las citas están sacadas de la edición de Los Diálogos de Platón de la Bilioteca Cásica Gredos, salvo la de Gorgias , de Espasa-Calpe)

domingo, 25 de febrero de 2007

LOS SOFISTAS


El diccionario refiere como definición para el término “sofista” en primer lugar toda persona que sobresale en un arte, hábil en alguna cosa (en Heródoto, Píndaro, Eurípides); seguidamente da como sinónimos filósofo, sabio (en Heródoto, Isócrates). Luego matiza: en Atenas, a partir de la mitad del siglo V se utiliza el término para señalar a un maestro de filosofía y de retórica, o sea, un sofista (Tucídides, Isócrates, Jenofonte, Platón); y de ahí, tomado en mal sentido, con connotaciones negativas, charlatán, impostor (Aristófanes, Jenofonte, Platón, Demóstenes).

Dice Wilhelm Nestle en su libro Historia del Espíritu Griego que la sofística fue un movimiento espiritual que a partir de mediados del s V se extendió por todo el mundo griego como continuación y complemento de la filosofía jónica, en la medida en que a diferencia de ésta, “la consideración de la naturaleza pasa a segundo término, y el hombre como individuo y como ser social, en todas sus formas de actuación…se coloca en el centro de la reflexión”.

Lástima que muy poco ha llegado hasta nosotros de sus representantes, quienes no sólo ejercieron gran influencia en su época mediante su actividad de ejecución oral, sino que también sabemos que difundieron sus doctrinas por escrito.

Personajes tan famosos como polémicos, se granjearon muchos admiradores y seguidores, pero también no pocos enemigos, principalmente todos los conservadores que veían en ellos una amenazadora modernidad frente a los esquemas de pensamiento , creencias religiosas, normas de comportamiento y organización social arraigados en la tradición en la que se sustentaba la ciudad.

Siguiendo algunos de los diálogos de Platón podemos sacar algunas conclusiones sobre la imagen de algunos sofistas tan famosos como Protágoras, Hipias, Pródico y Gorgias.

1-Realmente eran hombres con una amplia formación en diversos saberes , auténticos profesionales en distintas disciplinas, de entre las que destaca la oratoria, con vocación práctica: todos coinciden en que su tarea esencial es la educación y la formación de los hombres; su actividad primordial es la educación de los jóvenes:

Protágoras ,de Abdera, (apr.,485-415) dice en el diálogo homónimo de Platón ,317b: “reconozco que soy un sofista y que educo a los hombres”. Y en 319a,:“mi enseñanza es la buena administración de los bienes familiares, de modo que pueda él dirigir óptimamente su casa, y acerca de los asuntos políticos, para que pueda ser él el más capaz de la ciudad, tanto en el obrar como en el decir.

¿Entonces ,dije yo, te sigo en tu exposición? Me parece, pues, que hablas de la ciencia política y te ofreces a hacer a los hombres buenos ciudadanos?

Ese mismo es, Sócrates, el programa que yo profeso.”

En el diálogo Hipias Mayor , Sócrates hablando con Hipias de Elis nos revela algunas de las materias por las que este sofista tenía gran renombre: astronomía, geometría, cálculo, filología, poesía, música, historia, arqueología, y mitología, además del dominio de la mnemotecnia.

En el dialogo Cármides ,163d, y en el Protágoras ,341ª, hace referencia Sócrates a la sabiduría de Pródico de Ceos, en especial a su erudición en sinonimia y otros problemas del lenguaje.

En el diálogo Gorgias, a la pregunta de Sócrates sobre su especialidad el sofista Gorgias de Leontinos (apr.,483-375) le contesta que su profesión es enseñar la retórica cuyo objeto son los discursos.

2-Pero no se limitó su actividad a la educación de la juventud, sino que se dirigieron también a los adultos con charlas de temática de lo más variada, conferencias públicas exhaustivamente preparadas, o discursos improvisados a petición de cualquier oyente. Y además , su fama y su elocuencia hicieron que en muchas ocasiones fueran requeridos sus servicios por parte de los gobiernos de las ciudades a modo de embajadores para mediar en asuntos políticos:

En Hipias Mayor ,282b, y siguientes Sócrates le dice al sofista: en realidad, vuestro arte ha progresado en lo que se refiere a ser capaces de realizar la actividad pública junto con la privada. En efecto, Gorgias, el sofista de Leontinos, llegó aquí desde su patria en misión pública, elegido embajador en la idea de que era el más idóneo de los leontinos para negociar los asuntos públicos; ante el pueblo dio la impresión de que hablaba muy bien, y en privado, en sesiones de exhibición y dando lecciones a los jóvenes, consiguió llevarse mucho dinero de esta ciudad. Y si quieres otro caso, ahí está el amigo Pródico,…”.

En Hipias Menor ,363c, se alude al hecho de que el sofista era requerido cuando se celebraban las Olimpíadas para pronunciar algún discurso en el santuario de Olimpia .

Leemos en otra parte que Pericles encomendó a Protágoras la elaboración de una constitución para la colonia de Turios en el sur de Italia.

3-Tanto pos su profesión privada de educadores, como por sus actividades de carácter público, todos los sofistas cobraban honorarios , y por los testimonios, parece que ganaron mucho dinero.

4-Su educación iba dirigida a una élite social. Sus discípulos eran siempre hijos de casas ricas, familias pudientes con destacada intervención en los asuntos públicos que querían que sus jóvenes hijos adquirieran la formación necesaria para ocupar un puesto importante en el gobierno de la ciudad.

En Protágoras ,316c, Sócrates presenta al sofista a su amigo Hipócrates que quiere recibir lecciones de aquél: “ Este Hipócrates es uno de los naturales de aquí, hijo de Apolodoro, de una casa grande y próspera …Desea, me parece, llegar a ser ilustre en la ciudad, y cree que lo lograría mejor si tratara contigo”.

Y allí , junto a Protágoras, en casa del rico Calias estaban como alumnos entre otros los hijos de Pericles, Páralo y Jantipo.

5- Su particular estilo de vida: viajando de acá para allá, pasando largas temporadas fuera de su ciudad, alojándose en casa de ricos amigos, y acompañados en muchas ocasiones por sus discípulos que viajaban junto a ellos hasta completar su formación:

En Protágoras, en la brillante puesta escena de los sofistas invitados en casa del rico Calias que nos hace Platón, los tres , Protágoras, Hipias y Pródico están rodeados de discípulos atenienses, de extranjeros y de conciudadanos suyos.

(Las citas de los diálogos están sacadas de la edición de los Diálogos de Platón de la Bilbioteca Clásica Gredos.)


viernes, 26 de enero de 2007

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 11-12. La actitud religiosa del hombre griego I

En el diálogo platónico Eutifrón, Sócrates se encuentra en el pórtico del arconte rey con un ciudadano que lleva por nombre el del diálogo .

El arconte rey se encargaba de los asuntos religiosos y de culto, por tanto de los delitos de sangre, y Eutifrón había acudido allí a denunciar a su padre de haber causado la muerte ,aunque involuntariamente, de un jornalero, considerando que su proceder era un acto completamente pío y de acuerdo con la ley.

Sócrates, asombrado por la sabiduría respecto a lo sagrado de su amigo que actúa de tal manera, quiere hacerse discípulo suyo y le pide que le explique qué es la piedad.

Siguiendo una serie de razonamientos encadenados, mediante preguntas y respuestas, Eutifrón infiere que la piedad y lo pío es: “lo que agrada a todos los dioses”, “la parte de lo justo referente al cuidado (therapeía) de los dioses”,”una especie de servicio a los dioses”, “una ciencia de sacrificar y de orar”,”la ciencia de las peticiones y ofrendas a los dioses”, “una especie de arte comercial de los unos para con los otros”, las ofrendas serían “muestras de veneración, de homenaje, deseos de complacerles”, y otra vez “lo querido para los dioses”. Llegados a este punto Sócrates advierte a Eutifrón que su razonamiento ha dado la vuelta y están nuevamente en el principio de la conversación, y éste, a pesar de las insistencias de Sócrates para que le explique qué es la piedad, pretextando que tiene prisa se va.

Lo que la religión griega no es:

Mario Vegetti en su capítulo en El hombre griego, de Jean-Pierre Vernant y otros,Alianza Editorial, dice de la religión griega que es “un sistema de ausencias” y aclara lo que no fue:

-no se basa en ninguna revelación concedida por los dioses a los hombres, de ahí que no exista un profeta fundador, ni ningún libro sagrado que constituya el principio de un sistema teológico.

-no tiene una casta sacerdotal permanente y profesional que interprete y monopolice lo sagrado, y menos una iglesia, entendida como un cuerpo jerárquico separado dentro del estado.

-no tiene dogmas de fe cuya observancia fuera impuesta y vigilada.

-en el conjunto de creencias y relatos en torno a lo sagrado, no tienen especial protagonismo los que se refieren a la creación del mundo y de los hombres.

-no existe el concepto de pecado original, del cual los hombres tengan que ser purificados y salvados.

-no hay una preocupación por el tema de la supervivencia del alma y de su salvación ultraterrena (salvo de forma minoritaria en las sectas mistéricas).

-incluso no hay una palabra cuyo campo semántico equivalga propiamente al término religión, entendida etimológicamente como una unión con la divinidad. Lo más próximo es eusébeia y ya hemos visto cómo Eutifrón la explica como el cuidado de los dioses, entendido este cuidado como la práctica de peticiones y ofrendas a las divinidades.

-tampoco existe una palabra que se corresponda con el término fe, entendida como la aceptación de algo por la autoridad de quien emana. Lo más próximo es nomízein toús theoús, y hay que entender la expresión en la lengua común como respetar, honrar a la divinidad en las prácticas de culto, cuidar a la divinidad dedicándole las oportunas atenciones rituales, más que creer en su existencia tal y como se planteará en el lenguaje filosófico posterior.

Y dice Mario Vegetti: “El núcleo de la relación entre hombres y divinidad..…parece consistir en la observancia de los cultos y de los ritos prescritos por la tradición.” , y ello sin caer en un comportamiento obsesivo pero sintiendo “un profundo y radical temor a la divinidad y a su capacidad de castigar las culpas de los hombres golpeándoles a lo largo de su existencia e incluso de su descendencia.”

lunes, 22 de enero de 2007

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 11. LOS ACUSADORES


“Pero ésto, jueces, es lo que en primer lugar me sorprende de Meleto…”

En La Apología de Platón el propio Sócrates al comienzo de su intervención explica a los jueces que va a defenderse frente a dos tipos de acusaciones y dos tipos de acusadores. El criterio es temporal.

Los primeros acusadores son un grupo indeterminado de atenienses, muchos por cierto, que caen en el anonimato a excepción de un comediógrafo (sabemos que se refiere a Aristófanes),que lo han estado criticando durante muchos años hablando mal de él a todo el mundo ( también a los propios jueces presentes cuando eran jóvenes), y son los que han creado y extendido con sus calumnias una falsa imagen de Sócrates diciendo que “Sócrates comete delito y se mete en lo que no debe al investigar las cosas subterráneas y celestes, al hacer más fuerte el argumento más débil y al enseñar estas mismas cosas a otros”, y que además cobra dinero por ello.
Éstos son los que más teme.

¿De dónde surgen estas calumnias?

Sócrates lo explica: posee cierta sabiduría, y no lo dice él, sino el dios de Delfos , a quien consultó su amigo Querefonte en cierta ocasión. El dios dijo que no había nadie más sabio y Sócrates, aún creyendo que no sabía nada, pero seguro de que el dios decía la verdad, se dirigió a la gente de la calle , a los que creen que saben mucho ( políticos, poetas, artesanos) , hablaba con ellos y les hacía preguntas descubriendo que realmente no sabían nada.
Y como los jóvenes que libremente le acompañaban y le escuchaban hacían lo mismo e interrogaban a los mayores, éstos se irritaban y decían que Sócrates corrompía a los jóvenes y hablaban mal de él como lo hacían de todos los que filosofan.


Dando crédito a todas estas calumnias que vienen de tiempo atrás, se presentaron como acusadores reales los llamados por él segundos acusadores: Meleto, Ánito y Licón declarando bajo juramento que “ Sócrates delinque corrompiendo a los jóvenes y no creyendo en los dioses en los que la ciudad cree, sino en otras divinidades nuevas”.

Meleto era un joven poco conocido y fue quien a todos los efectos presentó la acusación contra Sócrates. Ánito era un ateniense bien acomodado de cierta notoriedad política, y Licón era un orador de poco lustre.

Respeto a Meleto, en el diálogo Eutifrón, Sócrates haciendo uso de su conocida ironía nos lo caracteriza :

“No lo conozco bien yo mismo, Eutifrón, pues parece que es joven y poco conocido…….de pelos largos, poca barba y nariz aguileña…..¿qué acusación? Me parece que de altas aspiraciones . En efecto, no es poca cosa que un joven comprenda un asunto de tanta importancia. Según dice, él sabe de qué modo se corrompe a los jóvenes y quiénes lo corrompen. Es probable que sea algún sabio que, habiendo observado mi ignorancia, viene a acusarme ante la ciudad, como ante una madre, de corromper a los de su edad. Me parece que es el único de los políticos que empieza como es debido : pues es sensato preocuparse en primer lugar de que los jóvenes sean lo mejor posible………….Después de esto, es evidente que se ocupará de los de mi edad y será el causante de los mayores bienes para la ciudad……..”

Para las citas de la Apología y Eutifrón he utilizado la traducción de la Biblioteca Clásica Gredos

sábado, 20 de enero de 2007

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 10

“…cuando sus adversarios en el juicio le acusaron de que no reconocía los dioses que reconoce la ciudad, sino que estaba introduciendo otras divinidades nuevas, y que corrompía a los jóvenes…”

Ante un tribunal de la Heliea se podían celebrar juicios privados ,cuando afectaban a un individuo en particular, o juicios públicos ,si afectaban a la ciudad en su conjunto. Los primeros solían llamarse díkai y sólo podía promoverlos la persona afectada; los segundos solían llamarse grafaí , y cualquier ciudadano tenía derecho a promoverlos en nombre del estado.

En una acción privada la indemnización era otorgada al denunciante, si ganaba el pleito pero, de perderlo, tenía que pagar una compensación económica a la parte contraria; en cambio, en una acción pública el demandante no percibía nada, pero si perdía el caso, no obteniendo el voto de una quinta parte del jurado, incurría en multa de 1000 dracmas.

Una vez hablaron ante los jueces los acusadores y el acusado, tuvo lugar una primera votación en la que Sócrates fue considerado culpable por 281 votos condenatorios y 220 de absolución. El propio Sócrates se sorprendió del resultado pensando que iba a ser condenado por una diferencia de votos mayor, tal como dice en La Apología escrita por Platón.

Por otra parte, con vistas al establecimiento de la pena, existían juicios timetoí en los que los jueces determinaban la pena, y juicios atímetoi, en los que la pena estaba determinada por la ley.

El caso de Sócrates fue un juicio timetós , y los jueces tenían que decidirse , bien por la tímesis (pena que proponía el acusador) o por la antitímesis (la que proponía el acusado).

Como los acusadores propusieron para Sócrates la pena de muerte, si él hubiera propuesto a su vez una multa importante o el destierro, muy probablemente se hubiera salvado. Pero a sus setenta años y siendo fiel a su manera de pensar , le parecía vergonzoso implorar con el llanto, como hacían otros, su salvación y, además, proponer para sí mismo una multa era reconocerse culpable y darles la razón.

Así que propuso lo que consideró que merecía: habiendo sido útil para la ciudad durante mucho tiempo y encontrándose en la miseria, lo justo era ,según él, que recibiese el honor de ser alimentado a expensas del estado, tal como establecía la ley para los benefactores de la ciudad. A continuación, también propuso pagar una mina de plata, y haciendo caso a los amigos que se encontraban allí con él, 30 .

El tribunal aceptó su propuesta y tuvo que decidir entre ella y la pena de muerte.

Obviamente, muchos del jurado consideraron de absoluta arrogancia, soberbia y desafío la propuesta de Sócrates, así que en la segunda votación, respecto a la primera, 80 jueces cambiaron de opinión y votaron a favor de su muerte.

(No ha llegado ninguna clepsidra antigua hasta nosotros. Sólo se conoce su funcionamiento por las descripciones de Vitrubio.)


jueves, 18 de enero de 2007

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 9. CRITÓN

…”preferiré morir antes que seguir viviendo innoblemente, mendigando sacar provecho de una vida mucho peor que la muerte”.

En el diálogo de Platón que lleva por título el nombre de uno de los más fieles amigos de Sócrates , Critón, leemos que éste va a visitarlo a la prisión, como todos los días, la víspera del día en que Sócrates toma la cicuta y muere, con la esperanza de insistirle una vez más y persuadirle a que escape de la cárcel y salve su vida.

¿Qué argumentos utiliza para convencer a Sócrates?

Apelando a su vieja amistad: Primero pretende convencerle recurriendo a argumentos que sólo se explicarían por la antigua e intensa amistad que los une, intentando provocar un sentimiento de lástima en Sócrates, diciéndole cosas como que ,si muere Sócrates , él se verá privado de su mejor amigo y , además, la mayoría pensará de él que tiene en más el dinero que a los amigos, en la idea de que pudiendo ayudarle no hizo nada.

Que no sea por dinero: A continuación le dice que puede disponer de su fortuna , e incluso la de otros amigos, para sobornar a quien haga falta y sacarlo de la cárcel. Le recuerda que hay muchos lugares donde podría ir y le recibirían con cariño, en particular él tiene amigos en Tesalia que le acogerían bien.

Y si no, que lo haga por sus hijos: Los traiciona , pues los abandona dejándolos huérfanos, pudiendo evitarlo, cuando la obligación de todo padre es hacerse cargo de los hijos.

Pero no hay manera.
Sócrates, fiel a la manera de pensar y a los razonamientos que ha defendido durante toda su vida, no sólo de viva voz sino con el ejemplo de su propio comportamiento, explica a su amigo que las circunstancias en que se encuentra no van a cambiar sus principios, de manera que: no le importa la opinión de la mayoría, sino de quien razona sobre lo justo e injusto; no es lo más importante el vivir, sino el vivir justamente y honradamente y, aunque uno sufra una injusticia, no hay que responder con otra injusticia.

Piensa que una huída de la cárcel sería un acto de injusticia tremendo porque perjudicaría a la ciudad y a sus leyes, a sus amigos, a sus hijos y a sí mismo.

Al escapar, destruiría la ciudad por no acatar las sentencias que ella emite con sus leyes, demostrando que no tienen ninguna validez.

Las leyes de la ciudad son la base legal sobre la que se organiza la convivencia en la ciudad, han establecido las normas sobre el matrimonio, la crianza y educación de los hijos , los derechos y deberes del ciudadano; permiten que libremente uno decida vivir en la ciudad o irse a otro lugar, en la idea de que, al quedarse, uno acepta y está de acuerdo con lo que ellas ordenan.

Sócrates voluntariamente aceptó vivir en Atenas, y tanto le gustó y tan de su agrado fueron esas leyes durante toda su vida, que nunca salió de Atenas ,como hicieron otros, salvo en las dos expediciones militares en que participó y para una fiesta religiosa en el Istmo. Por otro lado, tuvo hijos que educó según esas mismas leyes. Y pudo, durante el proceso, proponer para sí mismo el destierro, dentro de los cauces legales .

Causaría daño a sus amigos porque, por su amistad , podrían verse en la situación de ser desterrados, de ser privados de los derechos de ciudadanía o de perder sus bienes.

Perjudicaría a sus hijos llevándoselos a otro lugar viviendo allí como extranjeros.

Y se haría daño a sí mismo porque allí donde fuera lo verían como un destructor de las leyes de su ciudad; su actitud confirmaría que se sentenció correctamente, y caería en el descrédito y resultaría vergonzoso hablar sobre la virtud, la justicia y la legalidad cuando él ha invalidado las leyes de su ciudad desobedeciéndolas.

Y para rematar, en el Hades no sería bien recibido, habiendo actuado en contra de las leyes de aquí.

A todo esto el bueno de Critón ya no supo qué decir.

domingo, 14 de enero de 2007

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 7 bis. LOS AMIGOS DE SÓCRATES

En el Lisis el propio Sócrates le dice a Menéxeno que por encima de todo lo que más aprecia en este mundo está el tener amigos y, por los testimonios de Platón y Jenofonte, sabemos que los tuvo, y muchos. Unos los conocemos, otros muchos no; se pierden éstos entre la muchedumbre de la ciudad: sus amigos de juventud, allegados y familiares, compañeros en las campañas militares, colegas en los servicios políticos, vecinos de demo y copartícipes en los ritos religiosos.

De los que conocemos, unos son de Atenas, otros fueron extranjeros, atraídos a la ciudad por su fama; unos, ricos y destacados en el panorama político-social de Atenas, otros, pertenecientes a las clases populares; unos, de su misma edad, que le conocen y le han seguido desde siempre y hasta el último día, otros, jóvenes, nueva generación que se siente atraída por su extraña personalidad y por la genialidad de su pensamiento.

Y a todos los que le conocieron y escucharon hechizó, y no quedaron indiferentes ante la profundidad y originalidad de su discurso, más bien se sintieron transformados, otros, diferentes a como eran antes. Testimonio de ello nos da Apolodoro en El Banquete, quien explica cómo su vida era un sinsentido hasta que decidió seguir a Sócrates, o Alcibíades, quien en el mismo diálogo, en su discurso de alabanza hacia la figura del maestro, expone hasta qué punto había sido subyugado por aquél que, cuando le escucha, se siente totalmente transportado, e incluso siente vergüenza ante su presencia, de pensar en lo que hace cuando no está con él. Y según Alcibíades, a muchísimos les pasaba lo mismo.

De entre los más antiguos amigos se encuentra Euclides y fue, según el Fedón, uno de los que acompañaron a Sócrates en su último día.

Ni qué decir de Critón, amigo de toda la vida, del mismo demo y de la misma edad, que se ocupó prácticamente durante toda su vida de que nada le faltase a Sócrates ni a su familia, y en el diálogo de Platón que lleva su nombre nos enteramos de que lo visita en la cárcel todos los días, se ha hecho amigo del guardián mediante alguna gratificación para que le facilite las entradas y salidas, y está dispuesto a pagar un rescate con tal de salvar la vida de su amigo. En el Fedón vemos que encarga a sus criados llevar a Jantipa y a su hijo pequeño a casa, está con Sócrates cuando se lava por última vez y asiste a la despedida de Sócrates de sus hijos y familiares. Está pendiente de Sócrates ante los rápidos efectos del veneno, se encarga de su última voluntad, y fue quien le cerró la boca y los ojos.

Antiguos amigos son también Antístenes, y los hermanos Querécrates y Querefonte; en La Apología, Sócrates dice del último que fue a Delfos y osó preguntar al oráculo si había alguien más sabio que su amigo. En el Cármides lo vemos precipitarse sobre Sócrates al verle tras su regreso de la campaña de Potidea.

De la alta aristocracia ateniense fueron Cármides y su primo Crítias, así como Calias, en cuya casa se produce la reunión de sofistas que se narra en el Protágoras, y su hermano Hermógenes.

Más jóvenes fueron Aristipo de Cirene, Aristodemo, gracias al cual conocemos, según Platón, los discursos pronunciados en El Banquete en casa de Agatón; Simón, Epígenes, Fedón de Elis, Terpsión de Mégara y Menéxeno, los cuatro últimos estuvieron en la cárcel el último día.

Símias y Cebes, de Tebas, acompañaron también a Sócrates en su último día, como vemos en el Fedón, e incluso ofrecieron una importante cantidad de dinero para ayudar a Sócrates a escapar de la prisión.

Glaucón y Adimanto, hermanos de Platón, y por supuesto el propio Platón quien, cuando oyó a Sócrates, quemó sus poemas y se dedicó a seguirle.

Si fue una absoluta fascinación lo que causó la personalidad de Sócrates sobre sus amigos y sobre los jóvenes, que gustaban de escucharlo, todo lo contrario sintieron quienes, apenas conociéndolo e impermeables a los cambios que vivía la sociedad ateniense, lo veían como un individuo extraño, un elemento amenazador que cautivaba a la juventud y socavaba los mismos pilares ideológicos y religiosos en los que se sustentaba la ciudad. Éstos, tan lejos como estaban del pensamiento de Sócrates, no pudieron entenderlo.

jueves, 11 de enero de 2007

SÓCRATES EN LA CÁRCEL


Nos sumamos, aunque tarde, al reto(tertius) de Sergi.

Intentaremos averiguar todas las cuestiones!

miércoles, 20 de diciembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 7

“ Es evidente que podré recurrir a la muerte que sea considerada más fácil por parte de los que se encargan de esto, y más llevadera para mis amigos, aún causando una enorme nostalgia del que se muere”.

El sistema judicial ateniense establecía diversas penas en función del delito cometido y de la condición del acusado (ciudadano, meteco, esclavo).
Así existían penas pecuniarias como las multas, daños y perjuicios, confiscación parcial o total de los bienes.
Penas aflictivas: destierro temporal o definitivo; privación de los derechos del ciudadano (atimía); prisión (casi exclusivamente para los no ciudadanos, salvo los condenados a muerte en espera de la aplicación de la sentencia); suplicios para los esclavos como flagelación en la rueda,( Aristófanes, la Paz,452 y ss: “si algún ambicioso quiere ser general, o si algún esclavo dispuesto a pasarse al enemigo se niega a ayudarnos, que sean atados a la rueda y azotados”), marca al rojo vivo, la picota ( columna de piedra donde se exponían públicamente las cabezas de los ajusticiados, o los reos); la muerte.
Penas infamantes, de carácter arcaico y religioso: prohibición a las mujeres adúlteras de llevar adornos y de entrar en los templos, imprecaciones contra los sacrílegos, inscripción ignominiosa en una estela, privación de sepultura (recordemos la tragedia Antígona).

Una vez concluido, el presidente del tribunal ordenaba levantar acta del juicio para ser enviada a los encargados de la ejecución de la sentencia: bien a los Once (jefes de los carceleros y los verdugos); a los Practores (que recibían las multas) o a los Poletas (encargados de vender en subasta pública los bienes confiscados, y de entregar al acusador la compensación correspondiente y al tesoro público el diezmo legal.

En casos en que no podían hacer frente a las penas pecuniarias, los condenados podían optar al exilio voluntario.(Por ejemplo, en el año 324 Demóstenes fue declarado culpable de aceptar un soborno del noble macedonio Harpalo, gobernador de Alejandro Magno, que se había refugiado en Atenas, y se marchó al exilio, volviendo nuevamente a Atenas un año después , tras la muerte de Alejandro).

Para los acusados a pena de muerte existían diversos procedimientos: la cicuta ( el procedimiento menos cruel; una especie de suicidio tolerado); un suplicio atroz consistente en atar al condenado desnudo, mediante cinco garfios, cuatro para las extremidades, y uno para el cuello, a un poste de madera levantado en el suelo, de manera que el reo queda suspendido sobre el garfio que rodea el cuello, provocando el peso del propio cuerpo un sufrimiento terrible. Estaba prohibido acercarse y procurar cualquier alivio al reo, de modo que en pocos días moría. (en 1915 fue descubierta en Falero una fosa común, anterior a la época clásica, con diecisiete cadáveres con un collar de hierro al cuello y garfios alrededor de las manos y de los pies); la exposición sobre un tablón vertical. (Aristófanes en Las Tesmoforias 930-1014, nos muestra a Mnesíloco que va a ser atado a un poste mediante argollas vestido con un traje de color azafrán, para mayor escarnio)

Se utilizaba el término apotimpanismós para designar la ejecución capital, pero no está claro si se refiere a la práctica antes descrita de atar al condenado con cinco garfios a un poste, o a una muerte a garrotazos o a la decapitación.

En todo caso los testimonios literarios y arqueológicos constatan la práctica de estas ejecuciones, que se realizaban fuera de la ciudad, cerca de las largas murallas del norte entre Atenas y el Pireo.

En los casos de sacrilegio y crímenes políticos, se arrojaba al condenado al Báratro, precipicio situado al oeste de la Acrópolis.
Igualmente se aplicó la lapidación a los impíos y traidores.(Heródoto cuenta en Historias ,IX,5 cómo en el año 479 el buleuta Lícidas fue lapidado por los propios miembros del consejo tras escucharle proponer aceptar la oferta del persa Mardonio).

(Sacado de La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles, Robert Flacelière)

Más sobre la pena de muerte en la antigüedad podéis leer aquí. (en italiano, pero muy interesante)

lunes, 11 de diciembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 6



“ Ahora, si sigue avanzando mi edad, ....cómo yo podría vivir a gusto?"

Los síntomas de la vejez a los que Sócrates alude en el texto se refieren a deficiencias físicas ( ver peor, problemas auditivos) y mentales ( torpeza mental, pérdida de memoria), pero todos ellos están relacionados directamente con las actividades a las que él había dedicado gran parte de su vida, a la conversación ,al aprendizaje a partir del diálogo con los demás y a la reflexión . Podríamos entender que para Sócrates, si no puede “filosofar”, ¿qué sentido tiene la vida?
No olvidemos que Sócrates tiene setenta años en el momento en que ocurren todos los sucesos relacionados con su juicio, por tanto es un hombre anciano, convencido de que los achaques de la vejez le van a pasar factura , si no lo están haciendo ya, por tanto se podría entender que a su edad, en su época, perdido ya el vigor de la juventud, afronte con naturalidad la proximidad de la muerte.
Aún así, en el s V aC la esperanza de vida era inferior a la actual , y Sócrates tuvo que ser un hombre de buena salud para llegar a los setenta años.

En el final del Fedón , después de tomar el veneno, acostado ya porque sus piernas no le sostenían “ dijo éstas que fueron sus últimas palabras: -oh, Critón debemos un gallo a Asclepio. Pagad la deuda, y no la paséis por alto. –Descuida que así se hará, le respondió Critón. Mira si tienes que decir algo más. A esta pregunta de Critón ya no contestó, sino que , al cabo de un rato, tuvo un estremecimiento, y el hombre le descubrió : tenía la mirada inmóvil. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.”. (Trad. de Luís Gil)

Este encargo a uno de sus discípulos de sacrificar un gallo en honor a
Asclepio, se ha interpretado de diversas maneras: podría pensarse que lo hizo como gratitud por la buena salud que gozó durante toda su vida, y él que cumplía fielmente con todos los preceptos externos de la religión de su ciudad, se acordó incluso a punto de morir de este dios venerado por su magisterio en medicina.
Pero, por otra parte, según Antonio Tovar dice en su libro, un gallo se ofrendaba a Asclepio en agradecimiento por la salud recuperada, y si a punto de morir Sócrates encarga sacrificar este animal para Asclepio en su nombre, es porque considera que se ha curado de una enfermedad, que es la vida. La vida es vista, pues, como un sufrimiento, de ahí que con absoluta serenidad encare la muerte que se le impone. Más que un detalle piadoso de última hora , es una afirmación de tono pesimista que concibe la vida como una larga enfermedad.

Una vez más, leo y traslado aquí a Antonio Tovar en su Vida de Sócrates cuando explica este aspecto del pesimismo vital de Sócrates.

viernes, 1 de diciembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 5 (bis)

"y lo que es mejor, el saber que he llevado una vida completamente piadosa y justa."
El término dikaios alude a la ética de Sócrates.

La reflexión sobre el actuar humano, la búsqueda de una doctrina racional de la conducta humana es un giro que experimenta el pensamiento griego en el siglo V gracias a la figura de Sócrates.
El interés de Sócrates se desplaza de las preocupaciones naturalistas propias de la escuela jonia, a la reflexión sobre la actividad humana en el contexto de la polis. De ahí que se le considere el fundador de las escuelas morales helénicas, el creador de la ética.

También en este campo, el del comportamiento humano, aplicó Sócrates la razón, y considera que la base de toda conducta ética es el saber.
La virtud, para Sócrates, consiste en conocimiento
: la voluntad está determinada por la iluminación de la razón, que como tal obra inspirada por el conocimiento. Sócrates no admite que la voluntad pueda querer el mal sabiendo que lo es ( nadie yerra voluntariamente), por tanto parte de la premisa de que la voluntad humana tiene un sentido, es racional y su meta es el conocimiento del bien.
Allí donde la voluntad se concibe de este modo y es consciente de su fin, se basa por naturaleza en el saber, y la consecución de este saber, representa la perfección humana.

La verdadera virtud es una e indivisible , que se revela de distintos modos en cada uno de los comportamientos buenos: el valor ,en el buen soldado, la piedad religiosa, en el que no descuida los deberes para con los dioses…y no es posible tener una parte de ella y otra no.

El conocimiento del bien se convierte en Sócrates en el fin supremo, y la filosofía nos enseña a lograr ese bien, que finalmente nos proporciona felicidad.

Lo que diferencia principalmente a la ética socrática de las escuelas posteriores, que deslumbradas por el descubrimiento de la ética, se empeñaron en seguir el camino iniciado por Sócrates es la fuerza de su personalidad, el individualismo moral y religioso que con su propia vida ejemplificó, y ello unido a un inquebrantable arraigo a su ciudad .
La ética socrática no tiene como objetivo la felicidad del justo, sino la justicia en sí misma; su desprecio por lo innecesario no es llevado hasta el extremo con que lo vivirán cínicos y estoicos; no pretende crear un sistema de pautas de conducta, porque su ética se basa en una particular vivencia del sentimiento religioso en la que los dioses de la tradición asumen rasgos morales y se instalan en el interior de la conciencia; la ética socrática parte de la experiencia diaria alimentada de la continua relación con los habitantes de la polis.
(Sacado de TOVAR,Antonio: Vida de Sócrates.Alianza Universidad)

lunes, 27 de noviembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 5


"y lo que es mejor, el saber que he llevado una vida completamente piadosa y justa."

El término hosíos alude a la piedad socrática y dikaíos a la ética de Sócrates.
Sócrates tiene la convicción, la absoluta certeza de que su vida ha estado guiada por estos dos criterios: su profundo sentimiento religioso y su absoluta entrega al buen obrar de acuerdo con la justicia.

La religiosidad de Sócrates pasa por el convencimiento de que hay unas pautas legales conforme a las cuales hay que honrar a los dioses, leyes de la ciudad basadas en el respeto a un conjunto de creencias de amplia tradición popular en la cual perviven los dioses olímpicos, los dioses de la ciudad y los de origen agrario, la poesía homérica, Hesíodo, los héroes, los santuarios, los ritos, las divinidades menores… Y toda esta tradición es aceptada por Sócrates sin la más mínima crítica, lejos de las influencias de los sofistas y los racionalistas jonios. ( se habla del legalismo en Sócrates haciendo referencia a esta actitud de aceptación y respeto de la religión heredada ).

Pero junto a esas obligaciones legalistas y rituales de carácter externo, hay también en Sócrates un sentimiento interior, sincero, nuevo, que interpreta la relación del individuo con los dioses de manera diferente: utilizando la razón, en vez de destruir el mito heredado y las normas tradicionales, cambia su propia relación con la divinidad; el dios está próximo, cercano y se comunica a través de los oráculos, de las señales, de su daímon.

Se dice también de Sócrates que moralizó la religión porque aplicó a la conducta de los dioses unas normas racionales: para Sócrates los dioses valoran la intencionalidad de las acciones humanas; como lo saben todo y están en todas partes, también están en la conciencia individual y saben lo que pensamos; ya no acepta la idea de que justo es lo que agrada a los dioses e injusto lo que les desagrada; los dioses ya no son arbitrarios, sino benévolos y quieren el bien para los hombres.
Consecuentemente, esta nueva concepción de los dioses que choca con el pensamiento tradicional provoca un cambio sustancial en la relación entre el hombre y lo divino: ya no es el temor la clave de esa relación entre divinidad y hombre, sino un nuevo vínculo , que en Sócrates es vivido como la consciencia de un dios próximo que da mensajes al daímon para que se los transmita, dios providente que advierte al hombre, misterioso y único.

(Sacado de TOVAR,Antonio: Vida de Sócrates.Alianza Universidad)

sábado, 25 de noviembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 4 bis

“¿No ves cómo los tribunales atenienses muchas veces condenaron a personas que no habían cometido ningún delito, contrariados por su discurso, y en cambio otras veces absolvieron a culpables, bien porque se compadecieron de su arenga, o bien porque aquellos hablaron con agrado?”

En Atenas, el tribunal de la Heliea era la institución en la que la Asamblea del demos delegaba la aplicación de la justicia.
Aunque no era el único tribunal de justicia existente, pues estaban también el tribunal del Areópago, el tribunal de los 51 Efetas y el del Pritaneo, (especializados sobre todo en delitos de sangre), y además, la Bulé y la propia Asamblea también podían ejercer de tribunales en algunos asuntos de carácter público, La Heliea es el organismo con competencias judiciales por excelencia en la democracia ateniense.


La Heliea estaba formada por 6.000 miembros o heliastas , ciudadanos de más de treinta años designados por sorteo de entre una lista de candidatos procedente de cada una de las diez tribus en que se estructuraba la población (600 por tribu).
La distribución de los heliastas entre los distintos tribunales (normalmente constaban de 501 miembros) se llevaba a cabo con grandes precauciones, mediante un complejo sistema de sorteo que se realizaba al amanecer del día en que iban a producirse las audiencias, con la intención de evitar cualquier fraude o soborno.
Tenemos conocimiento de la escrupulosidad con que se realizaba el sorteo de los miembros de los tribunales gracias al texto conservado de La constitución de Atenas de Aristóteles, y al hallazgo en las excavaciones del Ágora de Atenas de cleroteria o máquinas de sortear.


Junto al presidente del tribunal, un secretario leía el acta de acusación y la respuesta escrita de la defensa. A continuación, el presidente concedía la palabra al demandante y al demandado. Todo ciudadano implicado en un juicio en cualquiera de las dos partes tenía que hablar personalmente o, de no ser capaz, encargaba a un profesional (logógrafo) el discurso que luego aprendía de memoria. Para limitar el tiempo de intervención de las partes se usaba la clepsidra o reloj de agua, puesto que las sesiones finalizaban en el mismo día.
Los miembros del tribunal (sin ninguna formación específica) se limitaban a escuchar, y cuando acababan las intervenciones se procedía inmediatamente a la votación sin previa deliberación.
Si el acusado era declarado culpable, o bien ya la ley proveía una pena estipulada, o se procedía a una votación para imponer una. En caso de ser absuelto, en función del resultado de la votación, el acusador tenía que pagar una multa.

En el año 423 fue representada la comedia de Aristófanes Las Avispas y en ella el poeta coloca en el centro de su crítica los defectos del sistema judicial ateniense : a su protagonista Filocleón “le domina la manía de los tribunales…su pasión es juzgar”; no duerme pensando obsesivamente en la clepsidra y las urnas; alardea de las ventajas sociales que le reporta participar en los tribunales; ensalza a los políticos que han establecido un salario por acudir a juzgar, y da muestras de la arbitrariedad con que juzga un caso (en su propia casa, dado que ha sido encerrado en ella por su hijo).

Probablemente se podía haber hecho justicia con tribunales que tuvieran un número de miembros más reducido, con lo que se hubiera simplificado todo el sistema; pero el propio espíritu democrático de la ciudad hacía que todas sus instituciones funcionaran con la máxima participación del pueblo ateniense, y así, en este caso, sentían que la justicia estaba en manos de todos.


(Sacado de FLACELIÈRE, Robert: La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles. Ediciones Temas de Hoy)

viernes, 17 de noviembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 4

“Pero, ¡por Zeus!, dos veces que intenté examinar mi defensa se me opuso el genio divino”.

¿Qué quiere decir daimónion en Sócrates?

El término griego dáimon o daimónion tenía desde los primeros tiempos dos campos de significación: uno relacionado con el destino, con lo imprevisible y por tanto temible, y el otro ,utilizando el término en plural, (daímones) referido a seres superiores, no equivalentes a los dioses, sino más bien fuerzas indeterminadas que pervivían en las creencias populares desde épocas muy remotas.
Los filósofos racionalistas anteriores y contemporáneos a Sócrates privaron al término de todos los elementos sobrenaturales, de tal modo que lo identificaron con el carácter, con el modo de ser de cada uno, con el genio de cada cual, de manera que cada persona tenía su dáimon personal y podía ser bueno o malo.
En Platón los dáimones son las almas de los muertos mejores, almas sabias, que merecen este privilegio en el otro mundo y comparten el honor de la ciencia suprema de los antepasados.
La escuela pitagórica estableció una jerarquía distinguiendo entre dioses, dáimones, héroes y hombres.
En los primeros siglos del cristianismo, cuando las religiones místicas gozaron de muchos adeptos, los dáimones ocupan un lugar intermedio entre los dioses y los hombres sirviendo de vínculo entre ambos.
En Sócrates vemos que por un lado, siguiendo la tradición, acepta la existencia de los dáimones como seres independientes con poderes sobrenaturales, y por otro lado, habla de su dáimon propio , personal, pero sin identificarlo con su carácter.
Habla de una voz interior que, como un intermediario, le ponía directamente en comunicación con la divinidad, como una fuerza inspiradora procedente de los dioses tal como ya ocurría en los oráculos y otras formas de culto. Al no identificarlo con el carácter individual, piensa que no todo el mundo posee este dáimon; es más, cree que él goza de una situación excepcional, que él es el único en poseer esta compañía sobrenatural.
Según el propio Sócrates dice, esa fuerza interior presenta una naturaleza negativa: siempre le disuade, no le incita a actuar, más bien lo contrario. Si no se le manifiesta, entonces Sócrates sabe que ha acertado en su proceder y consecuentemente está tranquilo. Ese dáimon es el que le ha dicho que no evite de ningún modo la sentencia del tribunal. (Hemos traducido que dos veces el dáimon se le opuso a examinar su defensa).

Este dáimon socrático no fue entendido por sus contemporáneos, (incluso resultaba difícil a sus discípulos), de ahí que fuera acusado de introducir nuevos dioses cuando en realidad no era más que una fuerza interna sentida muy personal que lo vinculaba directamente con los dioses de la ciudad.

(Sacado de Vida de Sócrates. Antonio Tovar. Alianza Editorial)

miércoles, 15 de noviembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 2.


“No obstante, Hermógenes ,el hijo de Hipónico, era amigo suyo y …. “

¿Quién fue Hermógenes?

Jenofonte utiliza el término hetaíros para presentar a la persona que utiliza como fuente de información sobre los últimos días de Sócrates ya que , como en otro lado dije, él estuvo fuera de Atenas durante mucho tiempo y ni asistió al juicio ni acompañó al maestro en sus últimos días.
¿Qué quiere decir el término hetaíros ? Encontramos en el diccionario diversas significaciones:
1- compañero, en el sentido de acompañar, de ir al lado de : de armas, de juerga, de mesa, de esclavitud.
2-discípulo de un maestro, en plural aplicado a los discípulos de Sócrates
3-miembro o seguidor de un partido poltico
4-amigo
5-amante, escasamente

¿Qué relación mantuvo Hermógenes con Sócrates?

Como dice el texto , Hermógenes fue hijo de Hipónico, y por tanto hermano del rico Calias y de Hiparete (que se casó con Alcibíades), pero por los datos de los textos en que aparece (donde se perfila más bien pobre,) no se beneficia de la riqueza paterna, por lo que se supone que fue un hijo ilegítimo.
Según los textos, fue uno de los más asiduos acompañantes de Sócrates : aparece en un diálogo socrático de Esquines; Platón lo cita en el Fedón como uno de los que asistieron a Sócrates en sus últimos momentos, y lo hace intervenir con bastante protagonismo en el Crátilo; Jenofonte lo cita en sus Memorables como un fiel seguidor, y lo hace partícipe también de su Banquete.
Si el Banquete se sitúa más o menos en el 422, y la muerte de Sócrates fue en el 499, son algo más de 20 años de relación con el maestro, por tanto podemos afirmar que fue un fiel discípulo y amigo que lo acompañó hasta los últimos días de su vida, del que no nos consta que haya escrito nada.

Por consiguiente, lo más seguro es que aquí el término implique tanto la idea de amigo como la de discípulo, en el sentido que Hermógenes sería ambas cosas para Sócrates.

Pero ¿Qué relación tuvo con Jenofonte para que lo utilice como fuente?

En absoluto está probada una amistad entre ambos teniendo en cuenta criterios como la diferencia de edad y la estancia de Jenofonte fuera de Atenas desde el 401.
Por otro lado, el propio Jenofonte dice en sus Memorables “ voy a contar lo que oí a Hermógenes acerca de Sócrates ”, por tanto matiza que su fuente de información fue de carácter oral, y existen muchas dudas de que ambos se vieran después de 399.

Cabe pensar que Jenofonte utilizó el nombre de Hermógenes para disimular sus auténticas fuentes, que en todo caso serían escritos de otros discípulos a quienes no quiso citar en sus obras él sabría por qué.

domingo, 12 de noviembre de 2006

About Xenophon. (Curious life)


(Este texto contiene detalles sobre la vida de Jenofonte. Se trata de practicar el inglés desde nuestro terreno. De antemano, disculpad los errores!.)

It is said that Xenophon wasn’t a disciple of Socrates ,at least in the same way as the others, considering his lifestyle and his permanent stay outside Athens.
But , if we think about his philosophic works (Memories, Apology and Banquet, in which the main character is the philosopher , and everything focuses on Socrates’ life and philosophy) we can say that the time they met was enough so that the influence in Xenophon was so strong to write these three works starring the teacher, despite the distance and the time gone.

Xenophon was born in the demo of Erquia in the east part of Aticca about 430 aC , so he was 40 years younger than Socrates.(Plato was born in 427 aC) He belonged to a rich family, so he had a good education (including riding, his great passion) .

In 401, he joined up, as mercenary, (so he likes military life) a Persian troop within others Greeks to support Cyrus the younger , who wanted to remove from power his older brother Artaxerxes II. Athenian government didn’t agree this venture.
When the two brothers with their armies met in Cunaxa , the Greek won but Cyrus died making his victory completely useless.
Xenophon was one of the generals who led the army to return from the interior of the Persian territory, and in 399 aC  he and most of the soldiers joined the Spartan army.

In  399 aC part in the battle of Coronea at the service of the Spartan king Agesilaus against Athens and other cities.
For this reason was declared exiled from Athens but , on the other hand, the Spartan government rewarded him with a property near Olympia where he lived until 370 aC.

Then lived in Corinth and the Athenian government revoked his banishment and allowed him to come back to the city but we don’t know if he did it. Eventually, he died after 355 aC.

In all these years of exile he wrote in attic dialect history works, philosophic works and works focusing on other issues like riding, hunting, domestic life and politics.

Necessarily, the distance would influence his language , and being considered traitor to the city , his relationship with others Socrates’ disciples and others citizens would influence his life during many years.



viernes, 10 de noviembre de 2006

ΑΠΟΛΟΓΙΑ ΣΩΚΡΑΤΟΥΣ 1.

Me parece que vale la pena recordar a Sócrates y cómo decidió sobre su defensa y sobre el final de su vida cuando fue citado a juicio”.

Jenofonte empieza su Apología de Sócrates expresando deliberadamente al principio un aspecto concreto que va a tratar acerca de Sócrates: su actitud ante el tribunal que lo estaba juzgando y ante la posibilidad de morir en breve tiempo.

¿Por qué Jenofonte estima conveniente recordar a Sócrates?
La relación de Sócrates y Jenofonte no fue muy directa ni duradera. Parece que como mucho siguió al maestro unos pocos años y cuando era muy joven. No fue discípulo a la manera de otros (Antístenes, Esquines, Platón ) que dedicaron toda su vida a la filosofía, siguiendo el ejemplo de Sócrates.
Tampoco pudo mantener una estrecha relación con los discípulos, sobre todo si tenemos en cuenta que en el 401 salió de Atenas alistado como mercenario para participar en la expedición dirigida por Ciro el Joven, que aspiraba a derrocar a su hermano, y desde entonces hasta su muerte vivió en el extranjero, lejos de Atenas, con sólo algún posible regreso esporádico.
Pese a todo esto, seguro que alguna huella le dejaron las enseñanzas del maestro tras unos años de convivencia en Atenas, aunque no tan profunda como para influirle en su estilo de vida.

Ciertamente, otros han escrito también acerca de esto”.

Unos años después de la ejecución de Sócrates (399) muchas voces se hicieron oír favorables al maestro y críticas con la ciudad que había condenado a uno de sus más fieles ciudadanos y, para contrarrestar una posible glorificación del ajusticiado, el sofista Polícrates por el año 393 redactó un escrito acusatorio contra Sócrates. Y surgió la polémica: seguidamente Lisias escribió un discurso replicando a Polícrates , y luego Jenofonte escribió el primer capítulo de sus Recuerdos de Sócrates y su Apología de Sócrates . Poco después , en 387, Platón publicó su Apología de Sócrates.
Estas obras, junto con otras perdidas, constituyen lo que se ha venido a llamar “literatura socrática”, escritos diversos (diálogos, apologías) en los que el tono era sin excepción de alabanza y admiración por la figura del maestro.

Sin embargo, que ya en aquel momento creía que era preferible para él la muerte a la vida, eso no aclararon”.

El hecho de que Platón al final de su Apología muestre al filósofo diciendo que le parece evidente que es mejor estar muerto y apartado de la situación en que se encuentra, hace que los estudiosos coincidan en datar la Apología de Jenofonte en una fecha anterior a la de Platón.

(Sacado principalmente de Vida de Sócrates, Antonio Tovar.)

lunes, 6 de noviembre de 2006

Traduciendo a Sócrates. I-El problema de Sócrates.







Una de las paradojas que nos asaltan cuando estudiamos la figura de Sócrates es la enorme influencia que ha ejercido sobre la filosofía occidental sin haber dejado ningún escrito propio por el que podamos conocer su doctrina.
Todo nuestro conocimiento sobre el pensador procede de otros escritores contemporáneos o no, fieles admiradores (sus discípulos) o detractores acérrimos, que no han podido resistirse al hecho de escribir acerca de un hombre, polémico ya en su época, sin evitar la parcialidad que supone la absoluta admiración o el rechazo más enérgico.

La fuente histórica más antigua e inmediata para el conocimiento de Sócrates es la comedia ática, en particular Aristófanes y su comedia Las Nubes (representada en 423 a C.). En ella se nos presenta una imagen exagerada, distorsionada y deformada del pensador, tanto es su aspecto físico, como en los rasgos de personalidad y, sobre todo, en lo relativo a su actividad filosófica, de manera que , intencionadamente Aristófanes aprovecha su oficio para cargar públicamente contra la persona que consideraba que representaba perfectamente a toda una serie de individuos dedicados al ejercicio intelectual , que con la influencia de sus nuevas teorías estaban causando un grave peligro para su ciudad.
Según la opinión generalizada, si no hay que tomarlo al pié de la letra , sí hay que tener en cuenta que la habilidad de un buen poeta cómico para caricaturizar está en no ir más allá del límite a partir del cual el personaje resulte irreconocible, por tanto algo de verdad se esconde, por sutil que sea, tras los ataques del poeta cómico.

De entre los discípulos de Sócrates , Platón es sin duda el que más información nos ofrece acerca de su maestro, pero el problema para los críticos radica muchas veces en discernir qué es platónico y que es realmente socrático, filosóficamente hablando.
Si la intención de la comedia es satirizar y ridiculizar, los diálogos de los discípulos tienen como objetivo exponer la doctrina del maestro (apuntes al hilo de una conversación) que ellos interpretaban, y continuaban desarrollando a su modo. No pretenden retratar sino filosofar, exponer ideas discutibles ,planteadas anteriormente por Sócrates.
En el caso de Platón, si bien todos los estudiosos coinciden en considerarlo fuente primordial para conocer a Sócrates, en particular sus primeros diálogos, (Apología, Critón, Laques, Lisis, Cármides, Eutifrón), vemos que va alzando el vuelo en sus ansias especulativas hasta alejarse demasiado de los temas propiamente socráticos.
En cuanto a Jenofonte, parece ser que su relación con Sócrates fue bastante breve, de modo que incluso algunos no lo consideran discípulo propiamente. Y para la redacción de sus obras socráticas (Las Memorables , El Banquete y la Apología) parece ser que leyó primero obras de otros discípulos.
De entre los otros seguidores socráticos, Esquines , Aristipo y Antístenes, lamentablemente poco nos ayudan a conocer la figura de Sócrates debido a los escasos textos conservados, muchos fragmentados y dudosos. Y en peor situación se encuentran los llamados “socráticos menores”, Fedón, Simias, Cebes, Critón, Glaucón, Simón y Euclides, que incluso fueron desechados por los propios antiguos como fuente de conocimiento sobre Sócrates.

Aristóteles, perteneciente a una generación posterior, fue discípulo de la Academia y recibiría la imagen de Sócrates trazada por Platón, con lo cual no resulta muy útil al respecto.
Posteriormente, los miembros de las escuelas filosóficas del s IV (el peripatetismo, epicúreos, estoicos) no pasaron por alto la figura de Sócrates , pero coincidieron en presentar una imagen deformada del personaje.

Las fuentes directas de información sobre Sócrates se agotaron en el s. IV, y de ahí en adelante sólo encontramos deformaciones y falsas leyendas.
(Sacado de Vida de Sócrates, Antonio Tovar. Alianza Universidad)

Dicho todo esto, mi pregunta es ¿ qué averiguaremos sobre la figura de Sócrates a partir de la traducción del texto fijado para 2º de Bachillerato (Apología de Sócrates, Jenofonte) ?
¿ encontrarán los alumnos en su traducción aquello de Sócrates que ya saben a partir de lo estudiado en Filosofía?

Estamos a punto de descubrirlo. ¡Vamos a a empezar la traducción!


Para más información sobre Sócrates podéis pinchar aquí o aquí.