lunes, 7 de enero de 2008

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes.11(El hombre griego y la tierra. I)


"Προϊόντος δὲ τοῦ χρόνου, ὦ ἄνδρες, ἧκον μὲν ἀπροσδοκήτως ἐξ ἀγροῦ..."

“Pasado un tiempo, señores, volví inesperadamente del campo…”


Por lo que podemos deducir del discurso, nuestro amigo Eufileto parece que era un ciudadano ateniense que formaba parte de la clase acomodada, pues vive en una casa de dos plantas, tiene más de una sirvienta en su casa (una es la que se encarga de los recados) y es propietario de una parcela de tierra .

Si Eufileto regresa un día inesperadamente del campo, quiere decir que no se desplazaba a su parcela y volvía a casa en un mismo día: la propiedad debía estar lo suficiente alejada de la ciudad como para quedarse cierto tiempo, por tanto tendría allí una casa de campo. (En el punto 20 leeremos que durante las fiestas de las Tesmoforias estuvo también ausente, por lo que en esa ocasión, como mínimo, permaneció tres días fuera de casa).

Antes de las reformas de Solón, la región del Ática estaba, tal como dice Aristóteles en La Constitución de los Atenienses, “repartida entre pocos”. El gobierno oligárquico, que había desplazado a la monarquía, favorecía que los nobles poseyeran grandes extensiones cultivadas por labradores pobres, ἑκτήμοροι, quienes guardaban para sí 1/6 de la cosecha a cambio de su trabajo. Eran pobres trabajadores que en muchas ocasiones se veían abocados a la esclavitud, ellos y sus familias, cuando no podían pagar sus contribuciones.

Y estando así las cosas, como la mayoría estaba sometida a la minoría, el pueblo se sublevó contra la nobleza, y en el año 594 se eligió de común acuerdo un mediador, Solón, un legislador que, desde una posición neutral, medió en la pacificación de los dos grupos de población y estableció unas leyes con las que regirse con cierta paz desde ese momento.


En esos tiempos, la agricultura y la cría de ganado eran los dos pilares de la producción económica, y el encasillamiento en un determinado escalón social dependía de la capacidad productora de cada propietario: así, estaban los que producían un total de 500 medidas entre sólidos y líquidos; los de 300 medidas; los de 200; y por último los más pobres. Naturalmente, según su riqueza les correspondieron más o menos derechos políticos.

Las cosas cambiaron para bien de los más desfavorecidos durante la tiranía de Pisístrato (561-528), pues este tirano, aparte de enriquecerse él personalmente, cobrando la décima parte de todo lo que se producía, repartió parcelas expropiadas a los nobles entre los labradores pobres, de manera que ocupados en sus tareas y con las necesidades cubiertas mínimamente, no le molestarían en su actuación política.

Aristóteles cuenta en La Constitución de los Atenienses que Pisístrato, en una de sus salidas por el campo, vio que un labrador estaba cavando en un pedregal, y al ser preguntado qué producía, dijo “males y dolores, de los que el diezmo cobrará Pisístrato”, y al tirano le hizo tanta gracia la espontaneidad del labriego que le condonó sus tributos.


La gestión político-económica de la tiranía tuvo consecuencias irreversibles para la clase aristocrática y, tras el levantamiento contra los descendientes de Pisístrato, las reformas político-administrativas de Clístenes a finales del siglo VI y las posteriores reformas políticas de la primera mitad del sV consolidaron el camino hacia una democracia, en la que la distribución de los recursos económicos, en particular de la tierra, junto con el desarrollo de otras actividades (la industria minera, el comercio, la construcción naval, la industria de armas, la pesca, ...) favorecieron la ampliación del cerco de ciudadanos con riqueza.

La diferencia respecto a tiempos anteriores era que, aunque la sociedad presentase desigualdades económicas, todos los ciudadanos gozaban de los mismos derechos políticos.


Fuentes:

-Aristóteles, La constitución de Atenas.Trad. de Antonio Tovar.Madrid:Centro de Estudios Políticos y constitucionales, 2000

Imagen:

-Detalle de fragmento de cerámica procedente de Discovering the Greeks, de P.Kenneth Corsar y otros. Hodder & Stoughton