lunes, 25 de febrero de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 18.(Los esclavos) III

En todos los sectores de la economía ateniense, la mano de obra servil fue fundamental para la iniciativa privada:

1-En el campo, existían los propietarios de extensas parcelas dispersas por la región, rentistas que confiaban la explotación de la tierra a esclavos-capataces de confianza; otros eran propietarios de una única parcela y tenían equipos de trabajadores de esclavos a las órdenes de capataces, esclavos también ellos; finalmente estaban los αὐτουργοί, o propietarios modestos que trabajaban su propia tierra, y solían tener algún que otro esclavo que se ocupaba de las tareas más duras.

Para los segundos nos sirve de ejemplo Iscómaco, el interlocutor de Sócrates en el Económico de Jenofonte, cuando explica de qué modo instruir a un perfecto capataz:

Económico, XII:

-“Tengo capataces en la finca”.

-“Yo mismo intento instruirlos”.

-“Intento formarlo ante todo en la lealtad hacia mí y los míos”.

-“También les enseño a ser diligentes”.

-“Cuando veo que son diligentes, les alabo y procuro concederles honores, pero cuando veo que se descuidan trato de decirles y de hacerles cosas que les duelan”.

-Una vez he conseguido que un capataz sea diligente, “le queda por conocer lo que tiene que hacer, cuándo y cómo”.

-“Debe aprender a mandar a los trabajadores”.

-“En cuanto a los esclavos, también es para ellos muy adecuada la educación que parece propia de animales para enseñarles a obedecer. Halagando, en efecto, los apetitos del estómago podrías conseguir muchas cosas de ellos. En cambio, a los de naturaleza ambiciosa les estimulan las alabanzas”.

-“No hago de la misma calidad los vestidos y calzados que tengo que proporcionar a los trabajadores, sino que unos son mejores y otros peores, para poder recompensar al mejor servidor con los mejores y dar los malos a los peores”.

-Otra cualidad que les inculca es “la de abstenerse de los bienes de su amo y no robar”.

-“Si advierto que algunos, a pesar del buen trato que les doy, todavía intentan cometer injusticias, les doy el cese en su empleo. En cambio, si descubro que a otros les impulsa a ser justos no sólo el progresar gracias a su justicia, sino también el deseo de recibir mis elogios, a ésos los trato como a personas libres”.


2-En el trabajo artesanal, (Sócrates dice en el Económico de Jenofonte que “los llamados oficios manuales están desacreditados y, lógicamente, tienen muy mala fama en nuestras ciudades, ya que dañan el cuerpo de los trabajadores y oficiales…).
Los humildes artesanos especializados como alfareros, zapateros, curtidores, pintores, escultores, carpinteros, herreros… dispondrían de unos pocos esclavos que trabajarían junto con ellos en el mismo taller o en las obras de las construcciones públicas.
Otros, dedicados a la construcción naval, o los propietarios de fábricas más grandes, sobre todo de armas, dirigían sus negocios supervisando el trabajo de un grupo más numeroso de esclavos. Recordemos a Céfalo, el padre de Lisias, que llegó a tener 120 esclavos en su fábrica de escudos o el padre de Demóstenes el orador, que tuvo una fábrica de cuchillos en la que trabajaban 30 esclavos.


3-En el comercio marítimo: los esclavos realizaron las tareas más onerosas como la carga y descarga de mercancías o el trabajo de remar en los barcos. Pero hubo también algunos que, por sus propias aptitudes, su olfato en los negocios, y la confianza depositada en ellos por sus dueños, desempeñaron funciones de contables y banqueros (cambistas e intermediarios), y no solo hicieron ganar dinero a sus dueños, sino que lo ganaron por cuenta propia, una vez convertidos en hombres libres.

Ése es el caso de dos personajes que nos presenta Demóstenes en su discurso Excepción en favor de Formión.: un tal Pasión, manumitido tiempo atrás por su amo, comerciante y banquero respetable, deja en arrendamiento, al morir, su banco y su fábrica de escudos a Formión, liberto de aquél, así como le entrega con dote a su mujer y lo hace tutor de su hijo menor, en gratitud por el dinero que le había hecho ganar, y con la certeza de que iba a administrar justamente su fortuna, cosa que hizo bien, tal como se demostró con el tiempo.


4-En la explotación de las minas: las minas eran propiedad estatal y la ciudad las concedía a particulares a cambio de una renta. El negocio que se movía con relación a la explotación de las minas procuró grandes fortunas a los concesionarios para la extracción de minerales, a los propietarios de talleres de transformación y a los propietarios de esclavos, que sacaban pingües beneficios con la puesta en alquiler de su mano de obra servil.

Los esclavos de las minas, fueron, sin duda, los que vivieron en peores condiciones, seguidos de los que trabajaban en los molinos para triturar el grano.


5-En el servicio doméstico: algunos ciudadanos muy ricos podían llegar a tener más de mil esclavos, de los que sacaba importantes rentas alquilando gran parte de ellos a otros ciudadanos o metecos.
Un ciudadano acomodado tenía entre cincuenta y cien esclavos, que ocupaba, en su mayoría, en el negocio familiar.
Un ateniense de renta media tenía unos diez esclavos, otros tenían incluso menos, y finalmente hubo ciudadanos pobres que nunca dispusieron de suficiente dinero para comprarse alguno.


Bibliografía:

*Claude Mossé, “El Hombre y la Economía”, en El hombre griego. Trad. de J. Antonio Ochoa Anadón. Madrid: Alianza Editorial, 2000.

**Jenofonte, Económico. Trad. de Juan Zaragoza. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1993

***Demóstenes, “Escepción a favor de Formión” en Discursos Privados I. Trad. de Jose Luis Colubi Falcó. Madrid: Gredos, 1983.

Imagen: Detalle entablamento del templo Erecteion. Acrópolis, Atenas. British Museum.