miércoles, 7 de noviembre de 2007

¡El poder de los BLOGS!



Si te interesa saber cómo fueron las 2 as Jornadas sobre la Blogosfera, que tuvieron lugar los pasados 2,3 y 4 de Noviembre en Cáceres, pincha aquí o aquí.

domingo, 28 de octubre de 2007

XII Congreso de Estudios Clásicos en Valencia

Quiero aprovechar este espacio para felicitar a compañeros , amigos , alumnos de algunos centros, y en general a todos los que participaron en la escenificación de La Boda Romana el viernes por la tarde en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía, como remate final del XII Congreso de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

Estuvo genial la escenificación, pero más impresionante resulta, si cabe, imaginar el trabajo que hay detrás de todo ello(búsqueda de fuentes escritas, reproducción de objetos de la vida cotidiana, confección de los trajes, preparación de la banda sonora , horas y horas de ensayo...) , que sólo se explica por el entusiamo e ilusión con que se está trabajando en los centros de enseñanza en las asignaturas relacionadas con el mundo clásico: Latín, Griego, Cultura Clásica, Fundamentos Léxicos y Referentes Clásicos.

¡Mis sinceras felicitaciones para todos y hasta pronto!

jueves, 25 de octubre de 2007

Consideraciones sobre la logografía judicial ateniense II . Las convenciones del discurso judicial

Los logógrafos redactaban sus discursos siguiendo la técnica retórica de los maestros de escuela hasta tal punto que, junto a los rasgos peculiares que caracterizan a cada uno, comprobamos la existencia de muchas similitudes entre ellos en el uso de las fórmulas retóricas y los lugares comunes. (El concepto de originalidad en la creación artística que hoy prima entre nosotros, era desconocido para los clásicos.)

Abundan en los discursos conservados tópicos formales, por ejemplo en las transiciones de unas partes del discurso a otras, o cuando se alude a las personas que intervienen en el litigio o al propio debate; y también encontramos tópicos de pensamiento, es decir, temas a los que recurría el logógrafo en casi todos sus discursos, por ejemplo cuando se hace referencia a las consecuencias de un veredicto indulgente, o al carácter ejemplar del litigio en cuestión, o cuando el sinegoro menciona los motivos de su intervención…

La utilización casi mecánica de los lugares comunes y de las fórmulas retóricas facilitaba la tarea de redacción, pues ayudaba al logógrafo en la búsqueda de las ideas, en su disposición formal en el discurso y en la previsión del tiempo a ocupar en el turno de palabra ante el tribunal.

Según el sofista y retórico Alcidamante, el discurso judicial alcanzaba la perfección cuando no se parecía en nada a un discurso escrito, cuando el logógrafo conseguía dar al discurso el tono de la improvisación oral, pero sin prescindir de la precisión del término, como apuntaba Aristóteles.

Todo ello confirma la existencia de un estilo judicial específico que se diferenciaba de los otros tipos de discurso (político y epidíctico).

En muchos discursos percibimos lo que de convencional tenía también la actitud del que pronuncia el discurso, del litigante o cliente: deploraba su inexperiencia oratoria y se lamentaba de recurrir al lenguaje cotidiano, simulaba la improvisación, aunque reconocía haber preparado su discurso, y todo ello expresado en términos retóricos.

Atribuir a cada cliente el carácter y actitud moral que le conviene era tarea esencial del logógrafo, en eso consistía la etopeya, y a Lisias se le atribuyó ya desde la Antigüedad el primer lugar en el ranking.

Sin embargo, se constata la parte de convención que interviene también en este dominio. Todo litigante se enorgullecía de poseer las cualidades comunes del buen ciudadano ateniense: generoso con sus amigos, liberal con la ciudad, confiado con la equidad del tribunal, en contra del chantaje…


Muy presente tenía el logógrafo en el momento de la redacción de un discurso al auditorio: los miembros del tribunal, muchas veces ciudadanos pobres atraídos por el sueldo heliástico, como vemos en Las Avispas de Aristófanes, eran proclives al arrebato y se dejaban llevar más que por la razón, por la impresión del momento.

El logógrafo conocía su público, su versatilidad y sabía que tenía que adularlo.

Por otra parte, para manipularlo recurría a procedimientos como la generalización, de manera que el cliente aparece como miembro de un grupo del que inexorablemente toma sus rasgos, más que un individuo aislado, o el contraste, cuando interesaba resaltar el efecto contrario.

Si pensamos en la deontología de la profesión, la regla del éxito parece haber sido la ley fundamental del género judicial (no olvidemos los postulados sofistas sobre los argumentos fuerte y débil), y la audacia con que el logógrafo se adaptaba al público e interpretaba la ley es testimonio de su astucia y pragmatismo profesionales, en los que primaba el éxito sobre la verdad.

En la combinación de todos estos elementos residía la pericia del logógrafo: la logografía era un oficio y tenía sus reglas y convenciones.


Bibliografía:
-Aspects de la Logographie judiciaire attique, M. Lavency.
Université de Louvain, 1964

jueves, 18 de octubre de 2007

Algunas consideraciones sobre la logografia judicial ateniense. I

La tradición imputa a Antifonte (480-411) la invención de la logografia, basándose en un texto de Ps.-Plutarco, Vida de los Diez Oradores, Antifonte, 4, en el que se dice que compuso discursos que algunos ciudadanos le pedían para los procesos judiciales.
Parece que fue el primero en redactar discursos para que otros los pronunciaran ante un tribunal, sirviéndose de sus habilidades retóricas y, por tanto, con carácter literario.

De época de Pericles no nos ha llegado ningún texto de estas características y, por otra parte, el término de logógrafo referido a un tipo específico de asistencia judicial lo vemos empleado no antes del sIV aC, por tanto es posible que esta práctica empezara a tomar cuerpo, de manera gradual, a finales del sV (aunque ,desde luego, la técnica de redactar discursos ya existía), y adquiriera pleno auge en el IV.
Al menos , a este período corresponden las vidas y obras del canon de diez oradores que los aticistas del siglo I de nuestra era establecieron y legaron a la posteridad (Antifonte, Andócides, Lisias, Iseo, Isócrates, Demóstenes, Esquines, Hipérides, Licurgo y Dinarco).

Desde Antifonte, la logografía aparece inserta en el contexto de otras disciplinas de amplio alcance en la sociedad: la sofística, la retórica y la política, y unida a ellas desplegará sus habilidades a lo largo del s IV: los conocimientos de retórica y oratoria, parte de las enseñanzas de los sofistas, eran necesarios para asegurar el éxito político y, al mismo tiempo, los políticos, a través de los discursos logográficos, podían dar los primeros pasos de su carrera o ,una vez consagrados, servirse del espacio que ofrecían los tribunales para acrecentar su influencia pública o su riqueza.
Los tribunales y la Asamblea son los dos espacios públicos en los que se ejerce el poder político, y para ello la formación retórica y oratoria, el dominio del arte de la persuasión, era indispensable.

De todos modos, esta práctica judicial ateniense en la cual el discurso pronunciado por un hombre ante los tribunales, es redactado por otro, cuando sería tan fácil que éste último asumiera el doble rol de autor y orador, pronunciando él mismo las frases que bien conoce, hunde sus raíces en la propia configuración del sistema democrático ateniense y la relación vinculante entre la polis y el ciudadano.

La tradición unánimemente atestigua que el ciudadano ateniense tenía el honor y, al mismo tiempo, la responsabilidad de la comparecencia personal: desde el estrado, asumía personalmente la defensa de sus derechos ante los jueces de los tribunales democráticos.
Pero no era ésta la única obligación del implicado en un juicio, pues también:

-inicia la acción judicial citando al adversario y depositando la demanda
-ha de indagar en los lugares del delito para encontrar pruebas convincentes y presentarlas en la fase preliminar o ἀνάκρισις
-provoca y organiza la tortura de los esclavos implicados en el asunto
-si corresponde, emprende un careo con su adversario
-tras el pronunciamiento del veredicto, en casos de juicios τιμητοί ,en los que la ley no prevé la pena, deben proponerla.

Frente a los litigantes, el magistrado que preside el juicio es meramente un moderador: asegura el buen orden, la legalidad de las operaciones judiciales; su tarea es administrativa.

A su lado, el jurado popular, sin deliberación preliminar y sin otro conocimiento del asunto que el que le presentan los litigantes, emite una sentencia de acuerdo con el derecho o la justicia.

Tanto el demandante,ὁ διώκων,como el demandado,ὁ φεύγων,son los sujetos activos de la acción judicial y ello explica la necesidad de la comparecencia personal.

Al igual que la función de juez, la comparecencia personal era un acto de ciudadanía.
Es un privilegio del ciudadano: se le retira a aquel que demuestra ser indigno de la cualidad cívica y se le otorga al πρόξενος y al que goza de ἰσοτέλεια.

El ciudadano, que goza en la asamblea política de ἰσηγορία, el derecho de hablar libremente en público, debe tener el mismo derecho en las reuniones judiciales.Ya vimos que la mayoría de los metecos están al margen de este espacio público.

Por otra parte, el litigante no estaba solo ante el tribunal: junto a él se hallaban los testigos, su familia e incluso algunos vecinos.

El acompañamiento de los parientes del litigante se manifestaba de dos formas diferentes:

-podía ser un desfile de parientes y sobre todo de niños con la intención de que los jueces sintieran compasión; puesta en escena que suscitó el sarcasmo de la comedia, como leemos en Las Avispas 560-575,de Aristófanes,

-o se trataba de la intervención de un amigo o pariente que , mostrando su apoyo moral, como acto de solidaridad, tomaba la palabra y hablaba en su favor, siempre dentro de los limites de tiempo asignados a cada parte.

A esta práctica se le llamó συνηγορία, que en pleno siglo IV adquirió más protagonismo y pasó de ser un acto de generosidad por parte de un amigo, a un recurso mediante el cual el litigante intentaba eludir las responsabilidades de la comparecencia personal.

También redactaron estos discursos los logógrafos, de manera que ambos tipos de asistencia judical , primeramente diferenciados, con el tiempo se confundieron.

El oficio de logógrafo.

No poseemos mucha información sobre el oficio de logógrafo. Los autores antiguos parece que apenas repararon en esta actividad: el escritor ático no sintió la necesidad de evocar una ocupación muy conocida, pero poco apreciada, aunque necesaria para el funcionamiento del sistema judicial ateniense, y los representantes de la segunda sofística, interesados más por el aspecto literario de sus estudios, apenas mostraron interés por una práctica judicial que había perdido el vigor que la alentaba en el siglo IV.

De época romana son dos anécdotas que ofrecen la imagen más completa de este oficio:

Plutarco en De Garrulitate, 4 nos muestra a Lisias con un cliente: Lisias había hecho llegar a un cliente el discurso que le había encargado. Una vez éste lo leyó varias veces, se dirigió a Lisias y le expresó su decepción, diciéndole que en un primer momento el discurso le había gustado, pero a la segunda lectura, y a la tercera, le había parecido deslucido y sin empaque. Ante esto, Lisias se echó a reír y le espetó si pretendía pronunciarlo más de una vez delante de los jueces.

La otra anécdota la encontramos en Cicerón, De Oratote, I,231: Lisias presentó un discurso a Sócrates para que lo aprendiera de memoria y lo pronunciara ante los jueces para su defensa. Sócrates lo leyó, y le pareció bien escrito, pero le dijo que era como si le ofreciera unos zapatos de Sición, él no los calzaría nunca aunque fueran muy cómodos y elegantes pues, según él, no eran apropiados para un hombre.

En ambos casos se alude a un texto que un experto propone a un cliente para que lo pronuncie ante un tribunal. En esto consiste el oficio de logógrafo, de manera específica, durante el siglo IV a C.

Sus contemporáneos vieron en el logógrafo a un escritor público, un técnico del discurso que escribe para provecho de otro, un especialista que compone y redacta un discurso para que otro se sirva de él ante los tribunales , a cambio de dinero.

No obstante, esta precisión del término en el siglo IV contrasta con la ambigüedad con que lo vemos usado antes y después de ese siglo.

El término de logógrafo aparece por primera vez en Tucídides, y desde entonces, al confrontar los distintos testimonios que lo atestiguan, se observa que ha experimentado cambios de sentido a lo largo del tiempo, y produce ambigüedad por ser utilizado para designar funciones diferentes en diversos momentos:

Así, se utiliza con el sentido de prosista, por oposición al poeta; de historiador, como sinónimo de συγγραφεύς o λογοποιός ; de redactor de discursos; de redactor de discursos judiciales; incluso se asimila al sofista, con connotaciones despectivas; de escritor ; de declamador; incluso se aplicará el término, aunque ya muy tardíamente, a los redactores de tratados literarios.

Con todo lo anterior, parece que el significado fundamental de logógrafo es el de prosista, y según ello los primeros historiadores griegos merecen ser llamados así.

En el s IV el término designó de manera específica al redactor de discursos judiciales, y es este significado preciso, que caracteriza una época literaria, el que ha sido retenido por los lexicógrafos, para quienes el logógrafo es definido como ὁ δίκας γράφων (el que redacta discursos judiciales).


Imágen:

* Eclesiasterion, junto al Museo Arqueológico. Valle de los Templos, Agrigento, Sicilia.

jueves, 4 de octubre de 2007

Viajando por la Grecia Clásica

Para situaros espacialmente en el mundo griego, y recurrir a él cuando lo requieran las explicaciones de clase, podéis utilizar este mapa sacado de Internet, que indica las ciudades, regiones, ríos, islas...
Queda fuera del mapa la Magna Grecia, que comprendía el sur de Italia y la isla de Sicilia, zona que se incorporó a la influencia de la civilización griega con las colonizaciones de los siglos VIII y VII aC.
Asímismo, tampoco aparecen las colonias de esa misma época de Naúcratis y Cirene en la costa norte de África, ni los enclaves en el extremo occidental como Marsella y Ampurias.


domingo, 30 de septiembre de 2007

Los metecos, ciudadanos de segunda.




Todos sabemos que, de las reformas institucionales y sociales que llevó a cabo Clístenes, como compensación a la ayuda que recibió del pueblo, para enfrentarse a las otras grandes familias que aspiraban también a tomar las riendas de la ciudad, tras el derrocamiento de la tiranía en Atenas, el resultado de ello fue que, en unos pocos años , progresivamente, Atenas se convirtió, de forma inédita, en una sociedad democrática, con ciudadanos que gozaban de derechos políticos y sociales, con una absoluta igualdad ante la ley, libertad de expresión y libertad para votar en todas las decisiones públicas.


Pero para ser ciudadano se requerían dos condiciones: ser varón hijo de padre ateniense ( a partir de la ley de Pericles de 451, también de madre ateniense) y tener veinte años.

Así, quedaban excluidos de este grupo social , por una cuestión de edad, los niños, pero por naturaleza las mujeres, los metecos y los esclavos.

La palabra meteco proviene del étimo griego μέτοικος (μετά, οἶκος ): el que vive entre, juntamente con.

El término aparece en algunos autores con el significado de “extranjero que viene a establecerse en algún lugar”. A veces, en otros, se utiliza como sinónimo de ξένος , simplemente extranjero, o en oposición a ἐγγενής , en el sentido de que no es del mismo linaje, no es pariente, no es indígena, no es de la patria, o incluso en oposición a ξένος, en cuanto que no es un forastero huésped en una casa con quien se establecen lazos de hospitalidad recíproca.

En Atenas, muy en particular , el término se usa para referirse a un extranjero residente en la ciudad que paga un impuesto especial.

Atenas acogió a muchos metecos; la mayoría eran griegos que, en el s V , llegaron a representar aproximadamente la mitad del número de ciudadanos , unos 20.000.


Los metecos estaban sujetos a casi todas las obligaciones financieras de los ciudadanos (εἰσφοραί); tenían que hacer frente a la mayoría de las λειτουργίαι (servicios o encargos públicos desempeñados a costa propia) con la excepción de la trierarquía, que suponía el mando de un barco de guerra, cargo que se reservaba para los ciudadanos.

Lo que los singularizaba del resto de la población , desde el punto de vista tributario, era el pago obligatorio de un impuesto especial, τό μετοίκιον, (12 dracmas anuales los hombres y 6 las mujeres).

Un meteco podía amasar una importante fortuna e invertirla en bienes muebles y esclavos que trabajaran en su negocio, pero no en casas o tierras, a no ser que se le concediera el derecho de adquisición ( ἔγκτησις ), con lo cual, gozaba del privilegio de la ἰσοτέλεια , exactamente la misma tributación que cualquier otro ciudadano, situación de la que gozaron sólo unos pocos.

El porqué de esta situación se puede hallar en el carácter agrario de la sociedad griega y en la evolución del sistema de gobierno hacia la democracia: la tierra , al igual que otros derechos, primeramente en manos de las familias aristocráticas irá , no sin intensos conflictos, parcelándose y distribuyéndose entre un mayor número de campesinos que la trabajan; el hombre libre vive del producto de su tierra que ha conseguido como un derecho, a cambio de su participación en el derrocamiento las tiranías, y el vínculo hombre-tierra será tal que en muchas ciudades , sólo los propietarios podían ser ciudadanos , y en todas, sólo los ciudadanos podían poseer tierras.
El extranjero, por venir de fuera, no ha participado en este proceso político y social, por tanto no tiene derecho a poseer tierra.

Aunque no tenían acceso a la efebía, período de dos años (de los 18 a los 20 años de edad) de formación militar costeado por el estado, servían en el ejército como hoplitas –soldado de infantería pesada-, o peltastas- soldado de infantería ligera-y, sobre todo, en la flota, como remeros.

Los matrimonios mixtos- entre un extranjero/a y un o una ateniense- eran permitidos por ley, pero a partir del a ley de Pericles del 451, los hijos de estas uniones no eran reconocidos como ciudadanos.


Todos los asuntos de los metecos en que tuviera que intervenir la justicia eran tratados por el arconte polemarco.

Ante un tribunal, eran representados por un ciudadano, su προστάτης , de modo que no defendían ellos mismos sus causas en un juicio, práctica que era considerada como una obligación y un derecho para cualquier ciudadano ateniense.

De ser asesinado un meteco, la pena establecida era el exilio, y no la muerte, como correspondía para el asesinato de un ciudadano.

Tenían libertad para celebrar los cultos de sus países de origen y para agruparse en asociaciones religiosas, θίασος . De la misma manera, en la celebración de algunas fiestas oficiales de la ciudad, ocupaban un lugar aparte para ellos.

Administrativamente, los metecos estaban censados y repartidos entre los distintos demos, pero no poseían ningún derecho político, por tanto estaban excluidos del gobierno y administración de la ciudad: no tenían el derecho y ,al mismo tiempo la obligación, de acudir a las sesiones de la asamblea, de ser miembro del consejo, de formar parte de los tribunales de justicia, de ejercer las funciones de carácter religioso cuando correspondiera…con lo cual, exentos de toda responsabilidad política, en el sentido etimológico del término, se dedicaban a trabajar contribuyendo en gran manera al poderío económico de la ciudad: muchos prosperaron en el artesanado y la industria ( en los telares, tratamiento de pieles, la cerámica, la metalurgia…-aquí incluiríamos a la familia de Lisias); otros en el comercio , exportando vino , aceite, mármol , plata acuñada, e importando productos de los que la ciudad era deficitaria como cereales, madera o esclavos; otros ejercieron de banqueros, médicos, o cualquier otra profesión que hoy llamaríamos liberal. Recordemos a Lisias, de Siracusa, dedicado a redactar discursos judiciales para sus clientes.

No menos fue su participación en el prestigio intelectual y artístico de Atenas: muchos extranjeros ya célebres en su patria acudieron a Atenas, atraídos por su esplendor, y se instalaron en ella por largo tiempo o definitivamente:
el historiador Heródoto de Halicarnaso; pintores como Polignoto de Tasos, Zeuxis de Heraclea, Parrasio de Éfeso; el médico Hipócrates de Cos; filósofos como Anaxágoras de Clazómenas, Aristóteles de Estagira; el arquitecto Hipódamo de Mileto; sofistas como Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontinos, Hipias de Elis, Pródico de Ceos; poetas como Ión de Quíos; oradores como Iseo de Calcis, Dinarco de Corinto y Lisias de Siracusa.

Atenas, en el s V, modelo para las otras ciudades, como diría Pericles, fue una ciudad abierta, hospitalaria, pero políticamente se reservaba para los suyos. Y , a pesar de esta limitación, , se convirtió en la segunda patria para muchos hombres de todas partes de Grecia, que veían en ella el lugar ideal para desarrollar sus capacidades intelectuales o económicas.

Imágenes: *desde la fuente de Aretusa, Ortigia-Siracusa, Sicilia
**detalle exterior del duomode Ortigia-Siracusa, Sicilia