domingo, 18 de noviembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes 1-5


Francisco Cortés Gabaudán, en su libro Fórmulas retóricas de la oratoria judicial, ática hace un estudio de los discursos forenses de los oradores áticos atendiendo al uso de lo que él llama fórmulas retóricas.

Los criterios que utiliza para definir una fórmula retórica son:

-la repetición, criterio básico aunque puede darse de manera total o parcial;

-la función, habla de las siguientes funciones: de presentación de pruebas, de súplica a los jueces, de transición entre las diversas partes del discurso, de llamada de atención a los jueces, de recapitulación;

-y el emplazamiento en el texto, ya que dentro del discurso hay espacios en los que con regularidad aparecen.

Según todo ello una fórmula retórica es una expresión que responde a un esquema formal usado repetidamente, que desempeña una función en determinados emplazamientos del discurso.

Frco. Cortés aplica el método de las fórmulas retóricas para estudiar el corpus de los oradores áticos, la evolución de cada uno de ellos marcando sus distintas etapas y sus mutuas influencias.

Tanto el preámbulo o exordio de un discurso como el epílogo son las partes del discurso en las que aparece con más frecuencia la función de súplica a los jueces.

Las súplicas pueden contener una petición de atención, de ayuda, de escucha, de compasión, de memoria, de perdón, de votar a favor del que está hablando…

Pueden estar expresadas formalmente:

- mediante fórmulas retóricas con el siguiente esquema: verbo de súplica en 1ª pers (δέομαι, ἀντιβολῶ, ἱκετεύω, αἰτοῦμαι, παρακαλῶ, ἀξιῶ...) + persona suplicada, los jueces (ὑμῶν, ὑμᾶς ), aunque este complemento no es imprescindible, pues se sobreentiende; a continuación aparece muy frecuentemente ὦ ἄνδρες δικασταί + petición (or. de infinitivo, or. condicional o de participio);

- con construcciones paratácticas,

- o mediante peticiones directas: imperativo, subjuntivo prohibitivo, giros con optativo potencial, adjetivos en –τέος

En el exordio o preámbulo del discurso que nos ocupa (1-3), Lisias no ha utilizado fórmulas retóricas, en los términos en que habla F.Cortés Gabaudán, para expresar la función de súplica, pero todo él tiene un carácter formular porque utiliza bastantes giros lingüísticos para, de alguna manera, lanzar , aunque sea indirectamente, peticiones a su favor:

1- Περὶ πολλοῦ ἂν ποιησαίμην, ὦ ἂνδρες, τὸ τοιούτους ὑμᾶς ἐμοὶ δικαστὰς περὶ τούτου τοῦ πράγματος γενέσθαι : no es una petición directa , pero el giro con optativo potencial tiene el mismo efecto.

“εἰ τὴν αὐτὴν γνώμην περὶ τὼν ἄλλων ἔχοιτε, ἥνπερ περὶ ὑμῶν αὐτῶν…”: no es una petición directa, pero se sirve nuevamente del optativo potencial y de una expresión comparativa para expresar una consecuencia, que es la que a él le interesa.

3- “…ἅπαντας ὑμὰς νομίζω τὴν αὐτὴν διὰνοιαν ἔχειν…”: es una variación del caso anterior expresada ahora mediante un verbo principal y completiva. No formula una petición, ahora lo da por hecho .

“…καὶ οὐδένα οὕτως ὀλιγώρως διακεῖσθαι , ὅστις οἴεται δεῖν συγγνώμης τυγχάνειν… τοὺς τὼν τοιοῦτων ἔργων αἰτίους”.: utiliza una expresión para pedir perdón; pero , refiriéndose a su adversario, no lo pide, sino todo lo contrario.

“αἰτίους” es la última palabra del exordio, no es casual.

En la proposición o prótasis de un discurso suelen aparecer fórmulas retóricas o expresiones transicionales en función de introducción a la narración; con ellas se introduce lo que se va a relatar seguidamente.

En nuestro discurso encontramos:

4- “…με δεῖν ἐπιδεῖξαι…”: no es propiamente una fórmula por aparecer el verbo en forma no personal, pero es una expresión que utiliza el verbo ἐπιδείξω, muy frecuente como núcleo de las fórmulas transicionales.

“…ὡς ἐμοίχευεν Ἐρατοσθένης τὴν γυναῖκα τὴν ἐμὴν…”: por primera vez ahora se pronuncia en el discurso el término que ha provocado tantas desgracias.

“… τε διέφθειρε… ᾔσχυνε καὶ… ὕβρισεν…”: hay una gradación en las consecuencias del delito cometido por Eratóstenes.

5- “ἐγὼ …ὑμῖν ἅπαντα ἐπιδείξω…”: es una fórmula transicional que marca el paso a la narración; es un núcleo verbal en 1ª pers. muy frecuente en este lugar del discurso.

“ἐγὼ τοίνυν ἐξ ἀρχῆς…”: es una de las pocas expresiones transicionales que tienen como función exclusiva la introducción a la narración.

La intención de explicar “desde el principio” todas las circunstancias, tiene sentido al comienzo de la narración, no a mitad del discurso.

Bibliografía:

Francisco Cortés Gabaudán, Fórmulas retóricas de la oratoria judicial ática, Ediciones Universidad de Salamanca 1986

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes, 4-5


Tras el preámbulo, ahora en la proposición, Eufileto expone de manera sintética los hechos que explicará detalladamente en la narración, y los argumentos que utilizará para defenderse de la acusación.

En primer lugar, se defiende de una acusación con otra: que Eratóstenes cometió adulterio con mi mujer, la corrompió, y que deshonró a mis hijos, y a mí mismo me ultrajó entrando en mi propia casa” (parece que sólo tuvo un hijo, que es el que se menciona más adelante, pero utiliza el plural para amplificar).

Utiliza los posesivos para enfatizar, insistir en que aquello que le pertenece, lo de su propiedad, ha sido víctima de un atropello.

Luego, admitiendo implícitamente su delito, sin mencionarlo, (tampoco lo ha hecho en el exordio) recuerda a los miembros del jurado que no lo hizo por ningún motivo por los que pudiera cometerse un asesinato, como por una antigua enemistad, por dinero o para sacar algún tipo de beneficio, sino que lo hizo amparándose en la ley. Tendrá que demostrar que se trata de un caso de asesinato legítimo, por tanto justo, caso para el que tenía competencia el Delfinion.

La existencia de una enemistad entre los litigantes se admitía o denegaba según interesara: en este discurso se niega porque podría interpretarse como motivo del delito, en otros casos el acusador lo admitía para demostrar que no actuaba como mero psicofanta.

Además, no deja de aprovechar la ocasión para insistir en que lo explicará todo detalladamente sin faltar a la verdad, λέγων τἀληθῆ” , mostrándose como un hombre de bien, íntegro, que cree que la verdad está por encima de todo y es su única salvación.

“Si resulta que logro relataros todo lo sucedido”, manifiesta un tono de humildad y modestia por dudar de sus habilidades oratorias.

Ya sabemos que este tipo de expresiones formaban parte de las convenciones del género: el litigante alude a su falta de preparación para defenderse en público ante un tribunal, a pesar de que todos saben que el discurso ha sido redactado por un logógrafo.


Bibliografía:
-C. Carey, Selected Speeches, Lysias, Cambridge University
Press 1989



jueves, 15 de noviembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes, 1-3(bis)

¿Por qué en Atenas el adulterio era considerado un delito tan grave, hasta el punto de que quien lo cometiera no quedaba sometido al castigo decidido por un jurado de la ciudad, como en todos los otros casos de actuación ilícita, sino que podía actuar sobre él la justicia particular del ciudadano ofendido, causándole incluso la muerte al amparo de las leyes?

La explicación se halla en la importancia del núcleo familiar que, desde la aparición de la polis, va a ser determinante para la organización y consolidación de ésta.

En el contexto de la polis griega, la finalidad de la familia es transmitir la propiedad y los roles sociales de sus miembros, de manera que el orden político y social perviva cuando mueran los ciudadanos.

La mujer, dentro de la familia, tiene asignado exclusivamente el rol de la reproducción: su tarea es producir hijos varones que heredarán y conservarán la propiedad familiar, ciudadanos para la polis que ocuparán cargos en las instituciones que la rigen.

De ahí la preocupación de los hombres, y de la ciudad, por la actividad sexual de sus mujeres: está en juego la legitimidad de quien hereda un patrimonio familiar, el οἶκος , y de quien forma parte de los organismos institucionales que deciden sobre todas las cuestiones de la ciudad, y por tanto, sobre su futuro.

Consecuentemente, el delito de adulterio no era una cuestión de carácter privado que debiera resolverse de puertas adentro en el entorno familiar; todo lo contrario, afectaba a los mismos pilares sobre los que se asentaba la propia democracia. De ahí que un μοίχος , de no ser sorprendido en flagrante, se exponía a una acción pública, una γραφή μοιχεία, que podía ser incoada contra él no sólo por el tutor de la mujer implicada (el marido, padre o varón representante legal bajo cuya protección vive), sino por cualquier otro ciudadano que , como miembro de la comunidad, tenía derecho a denunciar cualquier acto que, más allá de las leyes, repercutiera negativamente en la ciudad.

Por otra parte, si las leyes consentían matar a un hombre sorprendido en flagrante delito, con respecto a la mujer no se pronunciaban de igual modo: era castigada con sanciones como el repudio (de estar casada), y la prohibición de participar en las ceremonias religiosas.

¿Por qué esta diferencia en la sanción?
En términos políticos, a la ciudad sólo le interesa la actuación del varón, de ahí que se regule el delito de adulterio cometido por hombres; en cambio, las cuestiones de las mujeres quedan relegadas al espacio familiar, y el castigo por adulterio que debe afrontar una mujer se circunscribe al ámbito privado.

Además, a todos los efectos, la mujer en la sociedad griega es siempre tratada como una menor, por lo que incluso en una circunstancia como ésta, aunque haya consentido y participado activamente en la infidelidad, es vista como la parte pasiva, la seducida, la corrompida.

Ello lo corroboran los verbos μοιχάω y μοιχεύω , que se usan en voz activa y media para referirse al acto en que un hombre seduce , corrompe y obtiene los favores de una mujer casada, ( complemento de persona que aparece en acusativo); en cambio, se usan en voz pasiva cuando se refieren a una mujer que se ha dejado seducir por un hombre.

Bibliografia:
Eva Cantarella, La calamidad ambigua,Ediciones Clásicas, Madrid

Imagen:
Lecito de mármol, 350 aC. British Museum

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes, 1-3


Aristóteles dice en el capítulo 14 del libro III de la Retórica que “el preámbulo es una muestra del discurso, para que se sepa de antemano de qué trata ..., pues lo indefinido provoca desconcierto”."Su función es “indicar cuál es el fin al que se encamina el discurso”.

En el presente discurso, a nuestro amigo Eufileto, que se va a defender de una acusación de asesinato, le interesa desde el principio disipar la inculpación: utilizará el preámbulo para poner en alerta a los miembros del jurado en el sentido de hacerles oír que la inculpación no procede.

1-Comienza el discurso con una frase altamente efectiva para romper el hielo, en cuanto que insta “Περὶ πολλοῦ ἂν ποιησαίμην, ὦ ἂνδρες…” a los miembros del tribunal que juzguen pensando en ellos mismos, como si ellos estuvieran en el lugar del acusado, con lo cual consigue implicar emocionalmente más a los jueces, atraer su atención y ganarse su benevolencia.

Tiene ante sí cincuenta y un efetas, que constituyen uno de los tribunales de sangre, el Delfinion. Este tribunal intervenía en las causas de homicidio en las que el arconte rey consideraba que había atenuantes o que el homicidio era legítimo.

Eufileto sabe que los oyentes le prestarán más atención si presenta su caso como un asunto de máxima importancia y que les concierne a todos.
Para ello habla con rotundidad y se muestra seguro de que si hacen el esfuerzo de ponerse en su lugar, todos sin excepción llegarán a la conclusión de que habrían actuado igual:

“εὖ γὰρ οἶδ᾽ὅτι …”
“οὐκ ἂν εἴη ὅστις…”
“ἀλλὰ πάντες…”

2- “Estos hechos no solo se resolverían así entre vosotros, sino en toda la Hélade…”. Más categórico no se puede ser: Eufileto generaliza y exagera afirmando que en todas las ciudades de la Hélade, sea cual sea su régimen político, democrático u oligárquico, se actúa de igual modo con relación al caso que les ocupa. El asesinato de un μοίχος.

Parece que no fue así.

En Atenas estaba vigente una ley, que se remontaba al código de Dracón , del s VII, según la cual cualquier individuo que hubiera matado a un hombre sería castigado severamente por un tribunal de la ciudad, a excepción de quien hubiera matado al μοίχος, pues se trataría de un homicidio legítimo .

¿Pero qué es un μοίχος ? Para la sociedad ateniense es un hombre que ha sido sorprendido manteniendo relaciones sexuales ilícitas.

¿Cuáles son estas relaciones ilícitas? Las que se practican con la esposa, madre, hija, hermana e incluso concubina de otro ciudadano, y encima en la casa de éste.

Por tanto, es un término con una significación más amplia que la palabra adúltero, aunque ésta se usa habitualmente en las traducciones. La misma relación existe entre μοιχεία y adulterio.

Según el derecho ático, un ciudadano que sorprendiera en su casa a un μοίχος manteniendo relaciones sexuales con su esposa, por ejemplo, pues es el caso de Eufileto, podía en ese momento tomarse la justicia por su mano y ,en un arrebato de cólera, matarlo quedando impune, pues la ley lo consideraría un acto legítimo.

En el momento del descubrimiento, el adúltero podía, para salvar el pellejo, ofrecer un dinero, ποινή, al marido agraviado, y éste podía aceptarlo y no pasar a más o ,por el contrario, desecharlo y hacer uso de la violencia allí mismo.

En cambio, si este mismo adúltero fuera descubierto, pero no en flagrante, el marido ofendido tendría derecho a denunciarlo, pero ya no podría matarlo impunemente; la pena sería sancionada por un tribunal y quedaría reducida a una sanción económica o de tipo infamante.
La diferencia está, pues, en el hecho de sorprender al μοίχος en flagrante, con lo cual se deduce que no ha habido premeditación por parte del marido, y en ese caso queda eximido de toda culpa.


No en todas las ciudades de Grecia regían los mismos códigos legales, y para el delito de adulterio tampoco hubo normas comunes, pero sí coinciden todas en ser muy severas por considerar el delito gravísimo: en Locros, en la Magna Grecia, se disponía que el adúltero fuera cegado; en Lépreo, al sur de Élide, era expuesto al escarnio público durante tres días y perdía el derecho de ciudadanía.
En Gortina, ciudad de Creta, en cambio, parece que las leyes relativas a este delito fueron más leves y se limitaban a imponer una pena pecuniaria.

Las expresiones empleadas insisten en el carácter general de la cuestión:

“οὔκ ἄν εἴη μόνον παρ᾽ ὑμῖν οὕτως ἐγνωσμένα , ἀλλ᾽ ἐν ἁπάσῃ τῇ Ἑλλάδι.”
“…
μόνου τοῦ ἀδικήματος καὶ ἐν δημοκρατίᾳ καὶ ὀλιγαρχίᾳ ἡ αὐτὴ τιμωρία… ἀποδέδοται
ὥστε τὸν χείριστον τῶν αὐτῶν τυγχάνειν τῷ βελτίστῳ.”


3-En consecuencia, el castigo ζημία ha de ser proporcional al delito, y quien comete tal delito “ταύτην τὴν ὕβριν… δεινοτάτην” no merece ningún perdón ni un castigo leve, a no ser que el que juzga sea “ὀλίγωρoς” , una persona negligente, sin interés, despreocupado, dejado, o sea, un campante.

Y sigue utilizando afirmaciones generales:
“ἅπαντας ὑμὰς νομίζω τὴν αὐτὴν διὰνοιαν ἔχειν…”
“καὶ οὐδένα οὕτως ὀλιγώρως διακεῖσθαι…”


Fuentes: Aristóteles, Retórica. Alianza Editorial
Bibliografía: Eva Cantarella, La calamidad ambigua, Ediciones Clásicas, Madrid

Imágen: detalle mosaico de La Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia.

lunes, 12 de noviembre de 2007

V Jornada de Cultura Clásica en Sagunt.

El pasado sábado 10 de Noviembre se celebró en Sagunt la V Jornada de Cultura Clásica, y los asistentes pudimos constatar cómo cada año estas Jornadas relacionadas con el mundo clásico van creciendo en vitalidad y energía.

Para una crónica fiel de lo que allí se vivió podéis leer en el blog de Luis o, si queréis ver fotos o un video de la conferencia del profesor Luigi Maglia, en el de Ana.

No hacen falta más palabras.

Bueno, sí quisiera decir que fue un auténtico placer escuchar ,durante dos horas, al profesor Luigi Miraglia ,quien nos contaba en latín , a una velocidad de vértigo, su experiencia docente, poniendo en práctica su método de latín vivo. Sí, sí, digo bien, en latín; y se le entendía en la mayor parte de la exposición. Irrepetible!!

Las Jornadas fueron un éxito por su variedad: los talleres didácticos, las TIC en el aula, las actividades de la fundación IVECO, la conferencia del profesor L.Maglia, y el video cariñoso de despedida que recogía detalles de todo el día.

Muchísimas gracias por todos los que habéis trabajado en la organización de un día tan intenso y
tan enriquecedor. Enhorabuena!!

¡Y dicen que las lenguas clásicas son lenguas muertas!

domingo, 11 de noviembre de 2007

Discurso de defensa por la muerte de Eratóstenes.1


Aristóteles, en su Retórica, I,1 ,nos dice que esta disciplina se refiere a cuestiones cuyo conocimiento atañe de alguna manera a todos , y que no pertenecen de manera exclusiva a una ciencia definida, sino que afectan a otras ciencias.

Según esto, todas las personas participan de ella, en cuanto que todos alguna vez ,o más, hemos tenido que poner a prueba y sostener una afirmación, o hemos tenido que acusar o defender algo. Ahora bien, unos podemos hacer esto de manera inconsciente y puntual, y otros de manera profesional después de un hábito y un aprendizaje.

En el segundo capítulo del primer libro define "la retórica como la facultad de considerar en cada caso lo que puede ser convincente", y por ello su objeto no se refiere a un género específico definido.


A diferencia de otros tratadistas, Aristóteles defiende que lo importante a la hora del estudio de los discursos son los argumentos, que constituyen el cuerpo de la persuasión: las demostraciones de las afirmaciones.

Por ello, la retórica es útil porque, mediante los argumentos, hace prevalecer lo verdadero y justo sobre sus contrarios, o nos capacita para poder refutar a quien la utilice con fines injustos. No se trata de persuadir simplemente, sino de utilizar los argumentos apropiados en cada momento con miras a lo conveniente y a lo convincente.

Aquí se halla la diferencia, según Aristóteles, entre la retórica y la sofística: la retórica es la facultad adquirida por aprendizaje para argumentar con miras a la verdad y la justicia; en cambio, la sofística sólo atiende a su propósito de convencer.


Según Aristóteles hay dos tipos de argumentos: los externos a la disciplina como los testigos, documentos…y los proporcionados por el discurso (bien relativos al que habla, bien relacionados con el oyente, y otros relativos al propio discurso). Los primeros vienen dados y hay que hacer uso de ellos; los segundos la pericia del orador ha de encontrarlos.

Los argumentos retóricos, los procurados por el discurso, son razonamientos que se configuran a partir de premisas, y los llama entimemas.


Aristóteles establece una tipología de los discursos y habla de tres géneros teniendo en cuenta quién habla, de qué habla y para quién habla:

1-el discurso deliberativo va dirigido a los miembros de la Asamblea; consiste bien en una exhortación o en una disuasión respecto a un asunto de interés político general, de manera que se pretende convencer para que se tome una decisión que tendrá repercusión en el futuro inmediato o lejano de la ciudad.

Básicamente, la finalidad de quien pronuncia un discurso deliberativo es aconsejar a sus oyentes lo conveniente y lo mejor, si exhorta, o lo perjudicial, en caso de que disuada.

Como ejemplo podemos citar las cuatro Filípicas de Demóstenes, ardientes discursos con los que el orador pretendía alertar a los ciudadanos de la peligrosidad de los avances militares de Filipo de Macedonia.

2-el discurso forense es pronunciado ante un tribunal de justicia para acusar o defender a alguien con relación a unos hechos ya acaecidos, de manera que tras el discurso los jueces emiten un veredicto; tiene como finalidad prioritaria lo justo e injusto.

Sirve de ejemplo el discurso de Lísias Contra Andócides, acusado por un delito de impiedad, por participar en la decapitación de los Hermes de las calles de Atenas y parodiar los Misterios de Eleusis la víspera de la Expedición a Sicilia.

3-el discurso de exhibición se pronuncia ante espectadores en ocasiones diversas al hilo de la vida social y cultural de la ciudad ( en fiestas religiosas, encuentros deportivos, discursos fúnebres…) Hay en él alabanza o reprobación sobre acontecimientos o personajes de la actualidad, aunque también puede dirigirse hacia el pasado o hacia el futuro. Su finalidad es demostrar lo honroso o su contrario.

El Panegírico de Isócrates, cuyo tema central es el panhelenismo como única salvación contra el enemigo persa, sirve de ejemplo para este tipo de discurso.

En el capítulo XIII del libro III de la Retórica, Aristóteles afirma que las partes imprescindibles de todo discurso son la proposición (exponer el asunto) y el argumento (demostrarlo), pero también admite que pueden darse, aunque no necesariamente, otras partes diferenciadas en un discurso: el preámbulo ,o comienzo, “una manera de abrirle el camino a lo que sigue”, la narración o exposición de los hechos tras la proposición, y el epílogo después del argumento, a modo de recapitulación.

En el discurso de Lisias que preparamos este año en 2º de Bachillerato “Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes” procede la siguiente distribución:

preámbulo (párrafos 1-5) con proposición (4-5)

narración (6-26)

argumentación (27-46)

epílogo (47-50)

miércoles, 7 de noviembre de 2007

¡El poder de los BLOGS!



Si te interesa saber cómo fueron las 2 as Jornadas sobre la Blogosfera, que tuvieron lugar los pasados 2,3 y 4 de Noviembre en Cáceres, pincha aquí o aquí.