lunes, 14 de enero de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes. 14.(Higiene y cosmética de la mujer)

“ἔδοξε δέ μοι, ὦ ἄνδρες, τὸ πρόσωπον ἐψιμυθιῶσθαι, τοῦ ἀδελφοῦ τεθνεῶτος οὔπω τριάκονθ᾽ ἡμέρας.”

“Pero me pareció, señores, que se había maquillado la cara, aún cuando su hermano llevaba muerto no hacía ni treinta días.”


Tal como hoy en día, las mujeres de la Antigüedad eran coquetas y les gustaba cuidar su aspecto exterior para resultar más atractivas.

En Atenas existieron desde la época clásica baños públicos con salas reservadas para las mujeres, pero con toda probabilidad las atenienses de clase acomodada no los frecuentarían, pues se bañaban en su propia casa, de la que solo salían en ocasiones especiales.

En el espacio de la casa destinado a las mujeres, el gineceo, se hallaba un cuarto destinado al baño y aseo personal de éstas,λουτρόν.


Podían utilizarse bañeras, πύελος , de barro cocido, de piedra o de pequeños ladrillos cubiertos con un revestimiento. Con una longitud que no permitía tumbarse completamente, el fondo podía adquirir en la parte posterior forma de asiento, y carecían de desagüe, por lo que se tenían que llenar y vaciar manualmente.

También se usaron tinas o jofainas circulares u ovales, de metal, barro cocido o madera, para el lavado parcial o el baño de los niños pequeños.

Para los pies podían usarse palanganas poco profundas, de metal, sostenidas por tres patas.

Pero el utensilio de lavado más extendido en época clásica fue la gran pila circular profunda,λουτήριον, sostenida por una base bastante alta, muy ancha en la parte inferior y rematada por un capitel que solía ser jónico. Solían ser de piedra o de barro cocido; su llenado y vaciado era manual, y se usaban tanto en las palestras, para la higiene de los hombres, como en las casas privadas.

Los griegos no conocían el jabón, y en su defecto utilizaban un carbonato de sosa impuro, una solución de potasa obtenida a partir de cenizas de madera o una arcilla especial.


Como accesorios del aseo femenino podemos señalar en primer lugar la navaja, que utilizaban las mujeres para depilarse. Indispensable en el tocador era el espejo, con el que observaban con detalle los últimos retoques, y presente en todas las representaciones de escenas de tocador.

Para arreglarse el pelo tenían peines, que podían ser de madera, hueso, marfil, concha o bronce, a veces con delicados adornos incisos; y, para sujetarlo, usaban cintas, ínfulas, velos y pequeñas cofias. En ocasiones, podían usar trenzas postizas y pelucas, e incluso se teñían el pelo para obtener un color deseado, especialmente el rubio.


Tal como hacemos hoy, las mujeres griegas se maquillaban; el uso de cosméticos estaba muy extendido, y solo cuando se guardaba luto por un familiar o cuando asistían a los misterios estaba mal visto.
Carbonato básico de plomo de color blanco (albayalde) era usado para aclarar la piel, pues una tez blanca era signo de belleza. Para realzar el color de las mejillas y para los labios usaban tinta roja procedente de la orcaneta, un tipo de planta herbácea.

Incluso las más atrevidas marcaban la línea de sus ojos y de sus cejas con trazos negros o marrones.

También utilizaban cremas de belleza y todo tipo de perfumes preparados a partir de una base de aceite de oliva y esencias naturales.


Como contenedores específicos de cremas y perfumes, así como para las joyas (coronas, collares, pulseras, pendientes, brazaletes, aros, cadenitas…) usaban vasos de cerámica de tamaño más o menos pequeño y formas diversas:


-el lecito tenía un cuello estrecho para controlar la salida del líquido
-el alabastro tenía un cuello muy prieto para que saliera el perfume gota a gota
-la píxide , la lecánide, y la plemócoe eran cofres de tocador para guardar las joyas
-el aríbalo tenía una correa para llevar o para colgar (especialmente usado por los hombres para guardar el aceite de oliva con que se frotaban después de los ejercicios en el gimnasio o la palestra).

Finalmente, podemos mencionar como accesorios o complementos propios de la mujer el abanico, simple pantalla con forma circular o de palmeta, y la sombrilla, muy parecida a las actuales, que siempre era llevada por un esclavo colocado detrás de la mujer a la que resguardaba.


Bibliografía:

-Robert Flacelière, “El aseo y el vestido”, en La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles. Trad. de Cristina Crespo. Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1989

-François Lisarrage, “Una mirada ateniense”, en Historia de las mujeres. I- La Antigüedad. Trad. de Marco Aurelio Galmarini. Madrid: Taurus, 1993


Imágenes: ( procedentes del Museo Arqueológico de Madrid)

*Lebes nupcial de Paestum ( 430 aC). Escena de mujeres en el baño junto a la pila circular.

**Espejo de bronce (s IV-III aC) y píxide de Apulia (340-300 aC) con tapadera de lebes , regalo de boda.

***Colllar y pendientes de oro griegos (s III-I aC). Lecánide ( s V aC ) para guardar objetos de tocador

****Vasos para tocador: alabastro, lecito, píxide, plemócoe


jueves, 10 de enero de 2008

Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes. 13 (La Agricultura II)

Los capítulos XV-XIX están dedicados íntegramente a la agricultura.

¿Qué debe conocer quien vaya a dedicarse a esta actividad? “debe conocer ante todo la naturaleza del terreno.”

-Respecto a la manera de trabajar la tierra para producir trigo debe saber que :

-hay que prepararla para la siembra con el barbecho: arándola y removiéndola en primavera y verano para arrancar las malas hierbas y esparcirlas en la superficie de modo que se sequen con el calor proporcionando abono a la tierra.

-el otoño es el momento de la siembra, una vez la divinidad ha enviado las lluvias, pues no hay que sembrar en tierra seca. Se aconseja una siembra temprana, otra intermedia y la tardía, de manera que habrá durante un largo período de tiempo cosechas sucesivas y ello es preferible a tener unas veces demasiado y otras veces casi nada.

-durante el invierno hay que escardar la tierra para eliminar los hierbajos que roban el alimento al trigo.

-en primavera se produce la recogida de la cosecha: hay que segar cortando el trigo por la mitad para reducir trabajo a los trilladores y los aventadores. Las bestias de carga son las que pisotean el trigo que arrojan a sus cascos los trilladores; y finalmente se ha de aventar el trigo para limpiarlo de la paja y amontonarlo.

-Respecto a la plantación de árboles frutales, hay que saber a qué profundidad cavar los hoyos, cuándo y cómo colocar los plantones sobre una capa de tierra preparada. Y lo mismo para la plantación de la viña, la higuera y el olivo.

Para que la agricultura produzca ganancias el amo debe cuidarse de que sus trabajadores sean eficaces: que estén en el trabajo a su hora, que estén trabajando todo el tiempo y que trabajen bien.

Por otra parte, otra manera de ganar dinero con la agricultura es comprando terrenos yermos y convertirlos en productivos para después venderlos, tal como hacía el padre de Iscómaco.

¿Qué materias primas producía el campo griego?

De cereales, solo trigo y cebada, y en cantidades insuficientes, de modo que había que importar de Sicilia, Egipto, Tracia y las orillas del Ponto Euxino.

Aceitunas, que se prensaban en molinos para la extracción de aceite.

Uva: en una cuba portátil la pisaban con los pies para la producción de vino.

Entre los árboles frutales, el más extendido era la higuera.

Miel : la más apreciada y cara era la procedente de las colmenas del monte Himeto.

Hortalizas y legumbres diversas, y flores para los adornos festivos.



Fuentes:

-Jenofonte, Económico. Trad. de Juan Zaragoza. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1993

Bibliografía:

-Claude Mossé, “El Hombre y la Economía”, en El hombre griego. Trad. de J. Antonio Ochoa Anadón. Madrid: Alianza Editorial, 2000.

-Philippe Borgeaud, “El Hombre Rústico”, en El hombre griego. Trad. de J. Antonio Ochoa Anadón. Madrid: Alianza Editorial, 2000.

-Robert Flacelière, “Las mujeres, el matrimonio y la familia”, en La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles. Trad. de Cristina Crespo. Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1989


Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes. 13 (La Agricultura I)

"κἀγὼ τούτων οὐδέν ἐνθυμούμενος οὐδ᾽ ὑπονοῶν ἐκὰθευδον ἄσμενος, ἥκων ἐξ ἀγροῦ".

"Yo, sin pensar ni sospechar nada de esto, dormía feliz, habiendo regresado del campo".


La agricultura fue la primera actividad económica de la sociedad griega. El vínculo entre el hombre griego y la tierra es no sólo económico (medio de subsistencia o de enriquecimiento), sino también político (la posesión de la tierra es el rasgo común de todos los ciudadanos de una ciudad) y religioso (el hombre entabla relación con los dioses mediante los frutos de la tierra que estos favorecen y aquél les ofrenda).

La escasez de tierra fue precisamente el motivo principal que impulsó el movimiento de colonización de mediados del siglo VIII, creando nuevas ciudades habitadas por colonos entre los que se repartió la nueva tierra.

Varios escritores de la Antigüedad se inspiraron en la agricultura para componer obras que hablaban del campo como ideal de vida a pesar de sus adversidades, que se podían sortear con el trabajo constante y la benevolencia de los dioses.

A finales del s VIII, Hesíodo en Trabajos y días ensalza la virtud del trabajo y el esfuerzo que requiere la vida del campo; aconseja sobre la administración de la hacienda familiar, sobre la mujer que uno ha de proveerse y sobre la descendencia; expone el calendario agrícola con los momentos de la labranza, la siembra y la siega, así como los trabajos que requiere cada estación del año.


Cuatro siglos después, el Económico de Jenofonte nos sumerge en el mundo de la administración de la hacienda de un ciudadano ateniense del siglo IV, Iscómaco, a quien ya vimos instruyendo a su mujer en las tareas domésticas.

En el capítuloV leemos un auténtico alegato de las bondades de la agricultura frente al desprestigio de los oficios manuales:

“Esta ocupación es al mismo tiempo un motivo de placer, un medio para acrecentar la hacienda y una forma de entrenar al cuerpo para poder hacer cuanto corresponde a un hombre libre”.

“Estuvo muy acertado el que dijo que la agricultura era la madre y la nodriza de las demás artes pues, si la agricultura florece, prosperan también las demás artes, pero cuando la tierra se ve obligada a mantenerse yerma, se marchitan casi sin excepción las demás artes , tanto en la tierra como en el mar”.

Nos hacemos la siguientes preguntas, cuyas respuestas nos da el propio texto:

1-¿Por qué la agricultura es motivo de placer?:

-“produce para quienes la trabajan los productos con los que viven los hombres y les concede además cuanto les permite vivir regaladamente”

-“les facilita cuanto engalana los altares, las estatuas y a ellos mismos acompañado de agradabilísimos aromas y vistas”

-alimenta el ganado “de modo que los hombres tienen víctimas para hacerse propicios a los dioses y reses para su uso”


2-¿Qué hace un hombre libre mejor gracias a la agricultura y el campo?

-como acostumbra a los hombres a soportar los rigores del frío y los calores del verano, ejercitar el vigor de sus brazos, madrugar y hacer largas caminatas, el hombre está más preparado físicamente para defender la ciudad o la región, como jinete o en la infantería.

-expansionarse con la caza

-“correr, disparar y saltar”

-“hospeda con mayor prodigalidad a los extranjeros”

-“invernar con fuego abundante y baños calientes”

-“veranear con las fuentes, las brisas y la sombra”

-“ofrece a los dioses primicias más adecuadas o da ocasión para fiestas más completas”

-manda a los hombres contra el enemigo pues “también con hombres se lleva a cabo la labranza de la tierra”


Además, la tierra enseña la justicia pues “cuanto más se la cuida con más bienes corresponde”.

Y todo ello con la consciencia de que “los dioses tienen en sus manos soberanas tanto las labores agrícolas como las de la guerra”, y si antes de emprender una guerra tratan de propiciarse a los dioses mediante sacrificios, de igual modo es necesario para las faenas agrícolas procurarse la benevolencia de los dioses.

3-¿Cómo acrecienta la hacienda?


-En el capítulo III,15 dice Sócrates a su interlocutor Critobulo: “Yo creo que si la mujer es buena colaboradora en la hacienda, contribuye tanto como el marido a su prosperidad. El dinero entra en general a casa gracias al trabajo del hombre, pero se gasta la mayoría de las veces mediante la administración de la mujer. Si esta administración es buena, la hacienda aumenta, si es mala, la hacienda se arruina”.

En los capítulos VII-IX leemos todas las instrucciones que Iscómaco da a su mujer para que se ocupe perfectamente de la administración de la casa.

-En los capítulos XII-XV Iscómaco explica a Sócrates lo que hace él en particular para acrecentar su hacienda:

-en ocasiones dirige personalmente las faenas:

-instruye a los capataces para que actúen igual que él en su ausencia: los forma en la lealtad hacia él y los suyos, les enseña a ser diligentes, cómo deben hacer las faenas, a mandar a los trabajadores y a abstenerse de los bienes de su amo y no robar.


Fuentes:

- Hesíodo, Obras y fragmentos : Teogonía. Trabajos y Días. Escudo. Fragmentos. Certamen. Trad. de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez . Madrid : Gredos, 1990

-Jenofonte, Económico. Trad. de Juan Zaragoza. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1993


Imagen:

Ánfora con esclavos recolectando aceitunas, sacada de P. Kenneth Corsar y otros, Discovering the Greeks. Bath: Hodder & Stoughton, 2003


lunes, 7 de enero de 2008

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes.11(El hombre griego y la tierra. II)

Otro cambio significativo para la relación hombre griego-tierra tuvo lugar en la segunda mitad del sV como consecuencia de la Guerra del Peloponeso.
En el libro II de su Historia del Peloponeso, Tucídides nos cuenta que, en vísperas de la invasión del Ática por parte de los Peloponesios, Pericles exhortó a todos los habitantes de la región a que abandonaran sus casas y sus tierras, cogieran todas sus pertenencias y se refugiaran en la ciudad. “Los atenienses al oírle le obedecieron e hicieron entrar del campo a sus hijos y mujeres y los enseres domésticos en general que utilizaban en el campo, e incluso el maderamen de sus propias casas, que se llevaron; y transportaron a Eubea y las islas cercanas sus ovejas y animales de tiro. Llevaron con dolor la evacuación porque la mayoría de los atenienses había por lo general vivido siempre en el campo”.

Y más adelante dice “A causa, pues, de esta larga costumbre de vivir con autonomía fuera de Atenas, aún después de establecida la unidad, la mayoría de los atenienses de los tiempos antiguos y de los posteriores hasta hoy han nacido y vivido en el campo por esta tradición; por ello llevaron a término esta evacuación…con dificultad; …y se entristecían y soportaban mal el abandonar sus casas y sus templos, que habían sido los suyos tradicionales desde la época de la antigua constitución…”

Si bien este traslado a la ciudad del campesinado fue impulsado por las necesidades de la guerra, a partir de finales del siglo V la tendencia que se consolida como resultado de los cambios socioeconómicos que experimenta la ciudad, es la de vivir en ella y trasladarse al campo para controlar la hacienda, sea grande o pequeña, durante períodos más o menos breves de tiempo, aunque siguieron existiendo, por supuesto, habitantes permanentes del campo.

Así pasa en el Económico de Jenofonte con el interlocutor de Sócrates, Iscómaco, que va a diario a su finca; también parece ser el caso de Eufileto, que se desplaza por períodos de tiempo de varios días, y también hace lo mismo su amigo Sóstrato.

La tierra, pues, formó parte desde siempre de la vida del hombre griego, y el vínculo entre ambos fue tal que, siguiendo a Claude Mossé, “sólo los propietarios podían ser ciudadanos, y en todos sitios, sólo los ciudadanos podían poseer tierras”.

La mayoría de ciudadanos del Ática vivía de su tierra o en su tierra:
-por un lado estaba el pequeño propietario que cultivaba su terreno con sus propias manos,αὐτουργός ,aún teniendo algún esclavo que ayudaría en las tareas más duras;
-también estaba el propietario más acomodado, como Iscómaco, que se encargaba sólo de supervisar personalmente las tareas de sus capataces (esclavos cualificados) que, a su vez, dirigían a los demás esclavos;
-y en tercer lugar, existía el propietario rentista, que se limitaba a recibir las rentas de sus propiedades en especie o en metálico, que eran producidas por sus capataces y esclavos.

En algunas ocasiones, ciudadanos libres, desempeñaron estas tareas de capataces por la condición de pobreza en que se encontraron.

Para el humilde campesino, la agricultura era su medio de subsistencia; en cambio para los grandes propietarios, cuyas propiedades podían estar dispersas en un mismo demos o en demos distintos, era una fuente de riqueza.


Fuentes:

-Aristóteles, La constitución de Atenas.Trad. de Antonio Tovar.Madrid:Centro de Estudios Políticos y constitucionales, 2000

-Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso. Trad. de Francisco Rodríguez Adrados.Madrid: Editorial Hernando, 1984

-Jenofonte, Económico. Trad. de Juan Zaragoza. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1993

Bibliografía:

-Claude Mossé, “El Hombre y la Economía”, en El hombre griego. Trad. de J. Antonio Ochoa Anadón. Madrid: Alianza Editorial, 2000.

-Philippe Borgeaud, “El Hombre Rústico”, en El hombre griego. Trad. de J. Antonio Ochoa Anadón. Madrid: Alianza Editorial, 2000.

-Robert Flacelière, “El ámbito: la ciudad y el campo”, en La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles. Trad. de Cristina Crespo. Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1989

Imágen:
Cuenco con cazador sentado con un perro 300-280 aC. British Museum.

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes.11(El hombre griego y la tierra. I)


"Προϊόντος δὲ τοῦ χρόνου, ὦ ἄνδρες, ἧκον μὲν ἀπροσδοκήτως ἐξ ἀγροῦ..."

“Pasado un tiempo, señores, volví inesperadamente del campo…”


Por lo que podemos deducir del discurso, nuestro amigo Eufileto parece que era un ciudadano ateniense que formaba parte de la clase acomodada, pues vive en una casa de dos plantas, tiene más de una sirvienta en su casa (una es la que se encarga de los recados) y es propietario de una parcela de tierra .

Si Eufileto regresa un día inesperadamente del campo, quiere decir que no se desplazaba a su parcela y volvía a casa en un mismo día: la propiedad debía estar lo suficiente alejada de la ciudad como para quedarse cierto tiempo, por tanto tendría allí una casa de campo. (En el punto 20 leeremos que durante las fiestas de las Tesmoforias estuvo también ausente, por lo que en esa ocasión, como mínimo, permaneció tres días fuera de casa).

Antes de las reformas de Solón, la región del Ática estaba, tal como dice Aristóteles en La Constitución de los Atenienses, “repartida entre pocos”. El gobierno oligárquico, que había desplazado a la monarquía, favorecía que los nobles poseyeran grandes extensiones cultivadas por labradores pobres, ἑκτήμοροι, quienes guardaban para sí 1/6 de la cosecha a cambio de su trabajo. Eran pobres trabajadores que en muchas ocasiones se veían abocados a la esclavitud, ellos y sus familias, cuando no podían pagar sus contribuciones.

Y estando así las cosas, como la mayoría estaba sometida a la minoría, el pueblo se sublevó contra la nobleza, y en el año 594 se eligió de común acuerdo un mediador, Solón, un legislador que, desde una posición neutral, medió en la pacificación de los dos grupos de población y estableció unas leyes con las que regirse con cierta paz desde ese momento.


En esos tiempos, la agricultura y la cría de ganado eran los dos pilares de la producción económica, y el encasillamiento en un determinado escalón social dependía de la capacidad productora de cada propietario: así, estaban los que producían un total de 500 medidas entre sólidos y líquidos; los de 300 medidas; los de 200; y por último los más pobres. Naturalmente, según su riqueza les correspondieron más o menos derechos políticos.

Las cosas cambiaron para bien de los más desfavorecidos durante la tiranía de Pisístrato (561-528), pues este tirano, aparte de enriquecerse él personalmente, cobrando la décima parte de todo lo que se producía, repartió parcelas expropiadas a los nobles entre los labradores pobres, de manera que ocupados en sus tareas y con las necesidades cubiertas mínimamente, no le molestarían en su actuación política.

Aristóteles cuenta en La Constitución de los Atenienses que Pisístrato, en una de sus salidas por el campo, vio que un labrador estaba cavando en un pedregal, y al ser preguntado qué producía, dijo “males y dolores, de los que el diezmo cobrará Pisístrato”, y al tirano le hizo tanta gracia la espontaneidad del labriego que le condonó sus tributos.


La gestión político-económica de la tiranía tuvo consecuencias irreversibles para la clase aristocrática y, tras el levantamiento contra los descendientes de Pisístrato, las reformas político-administrativas de Clístenes a finales del siglo VI y las posteriores reformas políticas de la primera mitad del sV consolidaron el camino hacia una democracia, en la que la distribución de los recursos económicos, en particular de la tierra, junto con el desarrollo de otras actividades (la industria minera, el comercio, la construcción naval, la industria de armas, la pesca, ...) favorecieron la ampliación del cerco de ciudadanos con riqueza.

La diferencia respecto a tiempos anteriores era que, aunque la sociedad presentase desigualdades económicas, todos los ciudadanos gozaban de los mismos derechos políticos.


Fuentes:

-Aristóteles, La constitución de Atenas.Trad. de Antonio Tovar.Madrid:Centro de Estudios Políticos y constitucionales, 2000

Imagen:

-Detalle de fragmento de cerámica procedente de Discovering the Greeks, de P.Kenneth Corsar y otros. Hodder & Stoughton



lunes, 3 de diciembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes.10 (Un poco de biología humana)

Al leer que Eufileto y su mujer tuvieron un hijo nos podemos preguntar qué conocimientos se tenían en el s IV aC sobre la procreación.

Sigo a Aristóteles en sus obras de biología Investigación sobre los animales, Libro VII y Reproducción de los animales, Libro I:


La concepción

Aristóteles señala que el hombre y la mujer, con relación a la reproducción, son diferentes porque desempeñan funciones distintas debido a que tienen órganos sexuales distintos: la mujer tiene útero y el hombre testículos y órgano genital.

En la concepción, el hombre y la mujer participan de manera diferente: el hombre es el principio motor y generador, y la mujer el principio material.

El hombre es el ser capaz de engendrar en otro, y la mujer es la que engendra en sí misma y de quien nace el ser engendrado que existía en el principio generador.

El esperma del hombre es por su naturaleza el principio de donde surgen los seres que se forman naturalmente. El esperma es el residuo del alimento transformado en sangre en su última fase de elaboración mediante un proceso de cocción.

El cuerpo de la mujer es por naturaleza más débil y más frío que el del hombre. Como consecuencia de ello, el proceso de cocción que transforma el alimento en sangre es menos fuerte, y de ahí su incapacidad de producir esperma.
En su defecto, produce otro tipo de residuo, una gran cantidad de líquido sanguinolento que es el flujo menstrual.

Este residuo en la mujer explica que siempre esté pálida, que no tenga las venas gruesas, y en general, su inferioridad física, aunque, por otra parte, causa que las mujeres enfermen menos que los hombres, y son pocas las que tienen varices, hemorroides y hemorragias nasales.

Con todo, el flujo menstrual era considerado indispensable para la concepción; era la materia que aportaba la mujer, pues el embarazo se producía después del final de la regla, y las mujeres que tenían todo tipo de irregularidades, por lo general, eran estériles.

Aristóteles afirma que, en la concepción, el hombre proporciona la forma y el principio de movimiento, es el ser que engendra, el motor, el agente, la fuerza, principio activo; en cambio, la mujer aporta el cuerpo y la materia, es el ser del que sale el ser engendrado, el ser paciente, el ser que recibe la forma del agente, principio pasivo.

Una vez el esperma ha sido recibido en el útero, y se queda allí, se forma a su alrededor una membrana; después, otra membrana adherida al útero lo recubre todo, y entre las dos se forma un líquido acuoso y sanguíneo. El feto efectúa su crecimiento a través del cordón umbilical que lo une al útero de la madre.

El período ideal fértil para la mujer comprendía entre los 21 y los 40 años. Podían concebir antes, pero engendraban criaturas pequeñas e imperfectas, y los partos eran más laboriosos. Algunas mujeres, excepcionalmente, tenían la menstruación hasta los cincuenta años. El cuerpo envejecía antes en las mujeres que habían tenido muchos partos.

Por otro lado, se pensaba que hasta los 21 años el esperma del hombre era infecundo; y a partir de ese momento, eran capaces de engendrar hasta los sesenta años; excepcionalmente, hasta los setenta. El cuerpo envejecía antes en los hombres libidinosos.

El embarazo

Para Aristóteles, un síntoma claro de embarazo era cuando, inmediatamente después del coito, el esperma permanecía siete días en el interior de la mujer.

Se distinguía a una mujer embarazada sobre todo en los flancos, pues muchas mujeres enseguida se ensanchaban. Aún con alguna excepción, normalmente se distinguía una mujer portadora de un embrión de sexo masculino por el movimiento de éste hacia la derecha del cuerpo de la madre a los 40 días; el embrión femenino se movía hacia la izquierda en torno a los 90 días.
Dentro del vientre materno, el feto hembra tardaba más en conseguir el desarrollo de todas sus partes que el feto varón.

Los abortos ocurridos durante los siete primeros días eran considerados “derrames”; los que se producían desde entonces hasta los 40 días, “pérdida de un hijo”.

Las dolencias del embarazo eran la pesadez en todo el cuerpo, deslumbramientos, dolores de cabeza, náuseas y vómitos; en general, las embarazadas de un feto hembra experimentaban más molestias: peor color, más pálidas, tumores en las piernas e hinchazones en la carne.

Las mujeres embarazadas experimentaban todo tipo de apetitos, y sufrían cambios de humor, especialmente las embarazadas de niñas.

El período de gestación era de siete, ocho y nueves meses, y la inmensa mayoría de diez (se trata de meses lunares: de 28 días).

Los hijos que nacían en el período comprendido entre los siete primeros meses no sobrevivían; en el octavo, la mayoría perecían y, si sobrevivían, se explicaba por un mal cálculo de la madre. Este mes era especialmente peligroso, pues no solamente los hijos nacidos en este mes no sobrevivían, sino que también en muchos casos perecía la madre. También resultaba especialmente crítico el cuarto mes.

El parto

Se consideraba un parto normal cuando el feto, tras haber invertido la posición de la cabeza, sacaba ésta por delante. En todos los otros casos el nacimiento era anormal.

Según en qué parte del cuerpo sentía la madre los primeros dolores, se preveía un parto más o menos complicado.

La mayor parte de las veces las mujeres daban a luz un solo hijo, pero a veces tenían gemelos. El número máximo constatado de niños nacidos de un solo parto era de cinco, y como caso insólito Aristóteles habla de una mujer que en cuatro partos dio a luz a veinte hijos, y la mayoría de ellos llegaron a mayores.

Los gemelos no tenían menos posibilidades de sobrevivir, a no ser que fueran de sexo diferente.

Habla también Aristóteles de la superfetación. Aunque rara, a veces sucedía: durante la gestación , al mantener la mujer relaciones sexuales, podía concebir un segundo feto; si este era concebido mucho después del primero, ello causaba tremendos dolores y provocaba el aborto del primer feto; pero si era concebido poco después del primero, había muchas posibilidades de que los dos fetos sobrevivieran. Como antecedente mítico se cita el caso de Heracles e Ificles.

Después del parto y de la expulsión de los humores, sobrevenía la leche en abundancia a las mujeres, hasta el punto que en algunas fluía por varios lugares del seno, e incluso por las axilas.

No se recomendaba beber vino, sobre todo no rebajado, ni alimentos que causaran flatulencia o pereza intestinal.

La mayoría de los recién nacidos sufrían convulsiones, algunas tan fuertes que les causaban la muerte; especialmente críticos eran los siete primeros días, período en que la mortalidad infantil era muy elevada.


Fuentes:

Aristóteles, Investigación sobre los Animales. Trad. de Julio Pallí Bonet. Madrid: Gredos, 1992
Reproducción de los animales. Trad. de Esther Sánchez. Madrid: Gredos, 1994

Imagen: de la red



domingo, 2 de diciembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes.9 bis (El nacimiento)


“ἐπειδὴ δὲ τὸ παιδίον ἐγένετο ἡμῖν,…”
“Pero cuando nos nació el niño…”

Eran varias las divinidades relacionadas con el nacimiento: Ilítia, diosa de los alumbramientos, cuya sombra protectora ayudaba a la madre en su dolor; Hera, diosa del matrimonio legítimo y , por tanto, aliada de las mujeres casadas, cuya misión es tener hijos; Ártemis, que por haber ayudado a su madre a traer al mundo a su hermano gemelo Apolo, fue la protectora de los recién nacidos; e Ifigenia, a quien en un templo en Braurón (cerca de Atenas), como sacerdotisa de Ártemis, se le consagraban los ropajes de las mujeres muertas en los alumbramientos.

El nacimiento de un hijo tenía lugar en la propia casa, y la parturienta, acompañada por las otras mujeres de la familia, era atendida por una comadrona, no por un médico.

Ésta, era una mujer entrada en edad y, por tanto, ya no apta para concebir, pero que lo hizo tiempo atrás, de manera que, tanto su propia experiencia como el saber adquirido con la práctica de los años, le proporcionaban una autoridad respetada en cuestiones femeninas.
Se pensaba que, a diferencia de la diosa Ártemis, una mujer no era capaz de ser experta en algo que no había vivido personalmente, por tanto no podía ejercer de comadrona una mujer estéril; pero por otra parte, por el hecho de ser aqu
ella una diosa sin hijos, en su honor, las comadronas no podían ser mujeres en edad de concebir.

Su saber les permitía averiguar con prontitud si una mujer estaba embarazada o no, y por medio de drogas podían provocar las contracciones o mitigarlas; también practicaban abortos, si era conveniente.
Su habilidad se ponía a prueba en el momento del corte
del cordón umbilical y al atar el cordón al niño, evitando que muriera por hemorragia.
Además, eran unas habilidosas casamenteras, pues hacían gala de tener “ojo clínico” para recomendar las parejas que tendrían los mejores hijos.

A ellas acud
ían también las mujeres cuando tenían algún problema o enfermedad de carácter “íntimo”.


Pasado todo el peligro, y con una criatura más en el mundo, la mujer era evitada por el marido, pues se pensaba que, por el contacto con la sangre, permanecía en estado impuro, y por ello se sometía a un ritual de purificación, acompañado de un sacrificio y ofrendas textiles dedicadas a Ártemis, probablemente el mismo día en que el padre reconocía y aceptaba a la criatura como hijo legítimo (al quinto o séptimo día, pues a partir de ese día aumentaban las posibilidades de que el recién nac
ido sobreviviera).

El ritual del reconocimiento por parte del padre recibe el nombre de fiesta de las Anfidromías, y consistía en una carrera del padre alrededor del hogar con el bebé en brazos; luego lo depositaba en el suelo, todo ello en presencia de los miembros de la familia.
Con este ritual, el niño era incorporado al hogar familiar y al grupo social de la polis.

De decidir el padre abandonar a la criatura, exposición, por el motivo que fuera (por ser ilegítimo, por exceso de hijos, por falta de recursos para criarlo, por ser hembra…) lo debía hacer en los días anteriores a las Anfidromías, cuando el niño, a ojos de todo el mundo, todavía no tenía existencia real.

Igualmente legítima era la práctica del aborto, que se producía en la mayor parte de los casos entre el séptimo y los cuarenta primeros días, siempre con el consentimiento del marido.

Para evitar el embarazo se utilizaban métodos anticonceptivos como los que cita Aristóteles en el libro VII,20 de su Historia de los animales: “Esta es la razón por la cual, en ciertos casos , se practica, en la parte de la matriz en donde cae el esperma, una unción con aceite de cedro o con albayalde o con incienso diluido antes en aceite”.

Fuentes:
-Platón, Teeteto, 149ª. The Perseus Digital Library.
-Aristóteles, Investigación sobre los Animales. Libro VII. Trad. de Julio Pallí Bonet. Madrid: Gredos, 1992

Bibliografía:
-
Louise Bruit Zaidman, “Las hijas de Pandora”, en Historia de las mujeres. I- La Antigüedad. Trad. de Marco Aurelio Galmarini. Madrid: Taurus, 1993

Imágenes:
*Fuente de Diana, en Ortigia. Sicilia
**Detalle Mosaico de la Villa del Casale , en Piazza Armerina. Sicilia