jueves, 22 de noviembre de 2007

Discurso de Defensa por el Asesinato de Eratóstenes. 7 ( Responsabilidades de la mujer casada)


“ἐν μὲν οὖν τῷ πρώτῳ χρόνῳ, ὦ Ἀθηναῖοι, πασῶν ἦν βελτίστη, καὶ γὰρ οἰκονόμος δεινὴ καὶ φειδωλὸς [ἀγαθὴ] καὶ ἀκριβὼς πάντα διοικοῦσα”.

“Así pues, al principio, atenienses, era la mejor de todas, pues era una hábil administradora de los bienes de la casa, ahorradora, y atendía todo con rigor.”

Leyendo los capítulos VII-X del Económico de Jenofonte podemos hacernos una idea y extraer conclusiones acerca de las responsabilidades de la mujer casada en el hogar en época clásica.

Dice Iscómaco, el interlocutor de Sócrates:

“…nunca paso el día dentro de mi casa, pues mi mujer se basta por sí sola para administrarla.”

Esta era la responsabilidad de una mujer cuando pasaba a su nueva vida de casada: administrar todo lo relativo a la casa permaneciendo dentro de ella.

Pero ¿en qué condiciones asume esta nueva responsabilidad? Y le pregunta Sócrates a Iscómaco: “¿la educaste tú personalmente hasta que llegó a ser como es debido o, cuando la recibiste de su padre y de su madre, ya sabía administrar lo que le incumbe?.”

Y a su vez Iscómaco le contesta: “¿Y qué podía saber cuando la recibí por esposa, si cuando vino a mi casa aún no había cumplido los quince años y antes vivió sometida a una gran vigilancia, para que viera, oyera y preguntara lo menos posible? ¿No te parece que pude estar contento si llegó a mi casa sin saber otra cosa que hacer un manto, si recibía la lana, o sin haber visto otra cosa que cómo se reparte el trabajo de la hilatura entre las criadas? Y en cuanto a la gula se refiere, Sócrates, vino perfectamente educada”.

Según esto, el marido está contento de que la mujer que recibió como esposa tuviera como cualidades la discreción, el conocimiento de las labores del telar y el control de su apetito.

Y nuevamente pregunta Sócrates “¿educaste tú mismo a tu mujer hasta que fue capaz de encargarse de los deberes que le corresponden?”

Y su amigo Iscómaco contesta: “¡Si, por Zeus!...pero no lo hice sin hacer antes sacrificios a los dioses y haberles suplicado que me concedieran a mí enseñar y a ella aprender lo que fuera mejor para ambos”.

Y al preguntar Sócrates “ ¿qué fue lo primero que le enseñaste?”, Iscómaco le respondió que antes que nada le explicó los motivos por los que se habían casado: para educar a los hijos cuando los tuvieran y administrar la hacienda que poseían en común, pues “ es propio de personas juiciosas, tanto del hombre como de la mujer, actuar de manera que el patrimonio esté en las mejores condiciones posibles y se acreciente lo más posible por medios honestos y legítimos”.


Iscómaco explica a Sócrates lo que le dijo a su mujer: “intenta cumplir lo mejor posible lo que los dioses te capacitaron para hacer y la ley ha sancionado”.

Como su mujer le preguntó: “¿y qué es?”. Iscómaco procede a explicarle todas las labores y responsabilidades que le corresponden, según él, por sanción divina y que la ley corrobora: “…ya que tanto las faenas de dentro como las de fuera necesitan atención y cuidado, la divinidad, en mi opinión, creó la naturaleza de la mujer apta desde un principio para las labores y cuidados interiores, y la del varón para los cuidados y trabajos de fuera”.

A continuación esquematizo,según Iscómaco, la diferenciación de tareas para el marido y la mujer con relación al hogar, en función de las aptitudes que la divinidad ha otorgado a cada uno de ellos:

En cuanto al hombre

En cuanto a la mujer

Aptitudes

Tareas

Aptitudes

Tareas

Cuerpo y mente para soportar fríos, calor, viajes, guerras.

Trabajos de fuera.

Cuerpo menos capaz para estas fatigas.

Las faenas de dentro.



Mayor cariño hacia los recién nacidos.

Crianza de los niños.



Carácter medroso: mayor grado de miedo

Vigilancia de los víveres.

Mayor parte de audacia

Para la necesidad de defenderse.



Memoria y atención con imparcialidad para ambos porque los dos tienen necesidad de dar y recibir.

Facultad de ejercer el debido autocontrol con imparcialidad para ambos.

Al hombre le resulta más impropio estar dentro que cuidarse de los trabajos de fuera.

Para la mujer es más honroso permanecer dentro de casa.


“ Y como ambos por naturaleza no tienen las mismas aptitudes, precisamente por ello se necesitan mutuamente, y la pareja es más provechosa porque uno puede lo que al otro le falta.”

“Además, la ley declara que son honorables las ocupaciones para las que la divinidad dio a cada uno de nosotros mayor capacidad natural.”


Estas son las instrucciones concretas que le da Iscómaco a su mujer para el buen gobierno de su hacienda:

“tendrás que estar dentro de casa”

“despachar afuera a los esclavos cuyo trabajo esté en el exterior”

“vigilar a los que tienen que trabajar dentro”

“recibir las mercancías que entren”

“repartir lo que haya que gastar”

“prever y cuidar que el presupuesto aprobado para un año no se gaste en un mes”

“cuando te traigan lana, preocuparte de que se hagan vestidos a los que los necesiten”

“procurar que el grano seco se conserve para que se pueda comer bien”

“si se pone enfermo uno de los esclavos, …procurar por todos los medios que se cure”

“cuando te hagas cargo de un esclava que no sepa hilar, la instruyas y dobles el valor que tiene para ti”

“o cuando te encargues de otra que no sepa administrar ni servir y la conviertas en una criada capaz, leal y eficiente, de un valor inapreciable”

“cuando puedas recompensar a los servidores buenos y provechosos para tu hacienda”

“castigar a los que resulten malos.”

Finalmente, Iscómaco recomienda a su mujer que , a través del cumplimiento de todas sus responsabilidades, demuestre ser mejor que él, de manera que, tal como vaya envejeciendo, “cuanto mejor consorte resultes para mí y mejor guardiana de la hacienda, tanto mayor aprecio tendrás en la casa.”

Fuentes:

Jenofonte, Económico. Trad. de Juan Zaragoza. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1993

Imágenes:

*Pyxis 850-800 aC; Oinochoe de cuello largo 800-760 aC,Atenas. British Museum
**Oinochoe con asa trenzada, estilo geométrico, 850-800 aC, Atenas. British Museum