domingo, 11 de noviembre de 2007

Discurso de defensa por la muerte de Eratóstenes.1


Aristóteles, en su Retórica, I,1 ,nos dice que esta disciplina se refiere a cuestiones cuyo conocimiento atañe de alguna manera a todos , y que no pertenecen de manera exclusiva a una ciencia definida, sino que afectan a otras ciencias.

Según esto, todas las personas participan de ella, en cuanto que todos alguna vez ,o más, hemos tenido que poner a prueba y sostener una afirmación, o hemos tenido que acusar o defender algo. Ahora bien, unos podemos hacer esto de manera inconsciente y puntual, y otros de manera profesional después de un hábito y un aprendizaje.

En el segundo capítulo del primer libro define "la retórica como la facultad de considerar en cada caso lo que puede ser convincente", y por ello su objeto no se refiere a un género específico definido.


A diferencia de otros tratadistas, Aristóteles defiende que lo importante a la hora del estudio de los discursos son los argumentos, que constituyen el cuerpo de la persuasión: las demostraciones de las afirmaciones.

Por ello, la retórica es útil porque, mediante los argumentos, hace prevalecer lo verdadero y justo sobre sus contrarios, o nos capacita para poder refutar a quien la utilice con fines injustos. No se trata de persuadir simplemente, sino de utilizar los argumentos apropiados en cada momento con miras a lo conveniente y a lo convincente.

Aquí se halla la diferencia, según Aristóteles, entre la retórica y la sofística: la retórica es la facultad adquirida por aprendizaje para argumentar con miras a la verdad y la justicia; en cambio, la sofística sólo atiende a su propósito de convencer.


Según Aristóteles hay dos tipos de argumentos: los externos a la disciplina como los testigos, documentos…y los proporcionados por el discurso (bien relativos al que habla, bien relacionados con el oyente, y otros relativos al propio discurso). Los primeros vienen dados y hay que hacer uso de ellos; los segundos la pericia del orador ha de encontrarlos.

Los argumentos retóricos, los procurados por el discurso, son razonamientos que se configuran a partir de premisas, y los llama entimemas.


Aristóteles establece una tipología de los discursos y habla de tres géneros teniendo en cuenta quién habla, de qué habla y para quién habla:

1-el discurso deliberativo va dirigido a los miembros de la Asamblea; consiste bien en una exhortación o en una disuasión respecto a un asunto de interés político general, de manera que se pretende convencer para que se tome una decisión que tendrá repercusión en el futuro inmediato o lejano de la ciudad.

Básicamente, la finalidad de quien pronuncia un discurso deliberativo es aconsejar a sus oyentes lo conveniente y lo mejor, si exhorta, o lo perjudicial, en caso de que disuada.

Como ejemplo podemos citar las cuatro Filípicas de Demóstenes, ardientes discursos con los que el orador pretendía alertar a los ciudadanos de la peligrosidad de los avances militares de Filipo de Macedonia.

2-el discurso forense es pronunciado ante un tribunal de justicia para acusar o defender a alguien con relación a unos hechos ya acaecidos, de manera que tras el discurso los jueces emiten un veredicto; tiene como finalidad prioritaria lo justo e injusto.

Sirve de ejemplo el discurso de Lísias Contra Andócides, acusado por un delito de impiedad, por participar en la decapitación de los Hermes de las calles de Atenas y parodiar los Misterios de Eleusis la víspera de la Expedición a Sicilia.

3-el discurso de exhibición se pronuncia ante espectadores en ocasiones diversas al hilo de la vida social y cultural de la ciudad ( en fiestas religiosas, encuentros deportivos, discursos fúnebres…) Hay en él alabanza o reprobación sobre acontecimientos o personajes de la actualidad, aunque también puede dirigirse hacia el pasado o hacia el futuro. Su finalidad es demostrar lo honroso o su contrario.

El Panegírico de Isócrates, cuyo tema central es el panhelenismo como única salvación contra el enemigo persa, sirve de ejemplo para este tipo de discurso.

En el capítulo XIII del libro III de la Retórica, Aristóteles afirma que las partes imprescindibles de todo discurso son la proposición (exponer el asunto) y el argumento (demostrarlo), pero también admite que pueden darse, aunque no necesariamente, otras partes diferenciadas en un discurso: el preámbulo ,o comienzo, “una manera de abrirle el camino a lo que sigue”, la narración o exposición de los hechos tras la proposición, y el epílogo después del argumento, a modo de recapitulación.

En el discurso de Lisias que preparamos este año en 2º de Bachillerato “Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes” procede la siguiente distribución:

preámbulo (párrafos 1-5) con proposición (4-5)

narración (6-26)

argumentación (27-46)

epílogo (47-50)